Yes, we fuck: todos los cuerpos son cuerpos

documental yes we fuck

Adrián Carrera Ahumada
@acarrahu

Existimos en tanto somos cuerpo. Carne con ojos. Huesos, pelos y entrañas. Somos sacos que comen, cagan, cogen, duermen. Producimos mierda, orines, sudor, saliva, fluidos, semen, cerumen, lagañas. Sin embargo, no hay un cuerpo. La carne puede adoptar múltiples formas y se puede comer, cagar, coger y dormir de una variedad de maneras. Hay cuerpos. Infinidad de ellos. ¿Por qué creer que todos hemos de aspirar a una forma?, ¿por qué pensar que solo esa forma tiene derecho a no sentir pudor al mostrarse, al ser, a tener sexo? ¿No es el sexo la forma más primaria —y, quizá por ello, pura— de relacionarse con el cuerpo —ya sea el propio o el de alguien(es) más—? El sexo como el cuerpo asumiéndose cuerpo.

En Yes, we fuck vemos a cuerpos fuera de la norma asumiendo su corporeidad. Este documental español realizado por Antonio Centeno y Raúl de la Morena presenta un cúmulo de personajes y testimonios: al colectivo Post-Op, que organiza talleres para que personas con diversidad funcional —como llaman a la personas con discapacidad— exploren su sexualidad  y es dirigido por dos personas que desafían la idea convencional del género; a Oriol y Linda, un hombre con parálisis cerebral y una dominatrix; a Miriam, quien usa silla de ruedas, y Pama, su pareja proveniente de la India; a Mertxe, una mujer madura y ciega, que conoce a Kani, quien nació mujer pero se identifica más con el género masculino; a un grupo de jóvenes con lo que denominan «diversidad intelectual»; y, finalmente, a Soledad, que está paralizada en gran parte de su cuerpo, y Teo, su asistente personal y sexual.

Quienes dirigen el colectivo Post-Op no solo cuestionan la idea del género (construcción social que asigna conductas y características «deseables» a las personas de acuerdo a su sexo) sino la de cómo coger («follar, dicen ellxs»); «hay que tener imaginación para follar», dice unx de lxs entrevistadxs. La escena de una de las sesiones de su taller es, desde mi perspectiva, uno de los puntos medulares de la película. Como cuando en sus primeras páginas una novela dice de qué va. Vemos a una docena de cuerpos teniendo relaciones sexuales, pero no es una orgía de las que pueden verse en el porno convencional, sino personas tocándose sin prisa, sin vergüenza, disfrutando y explorando sensaciones: una declaración de principios, de intenciones, por parte de Centeno y De la Morena.

Con frecuencia se habla de que las personas que no pueden ver desarrollan el resto de sus sentidos por encima de la media para compensar su carencia sensorial. Exploran y explotan el potencial del cuerpo humano para vivir en el mundo de otra forma. Se dice que perciben aromas o sonidos que quienes vemos solemos pasar por alto precisamente porque vemos: estamos demasiado centrados en un sentido. Algo similar pasa con los personajes presentados en Yes, we fuck (de hecho, está Mertxe, que es ciega) y la sexualidad humana. En ese sentido hay mucho que podríamos aprenderles quienes no pertenecemos a la diversidad funcional.

No abundaré en cada una de las historias para no arruinar la experiencia de ver el documental y porque el filme las aborda de una manera notable. En el guión, pero sobre todo en la fotografía, es notoria la sensibilidad —y la intención de sensibilizar—del documental. La escena introductoria al segmento del taller de coños chorreantes es una elegante muestra de ello.

El filme de Centeno y De la Morena es informativo, ilustrativo, detonante de preguntas e incluso, por momentos, divertido. También desmitifica una creencia absurda al mostrar algo evidente pero que al parecer muchas sociedades han pasado por alto: las personas con discapacidad son seres sexuales. Trae al debate temas como el ya mencionado del género, el del acceso a la vida sexual, el de la eyaculación femenina como tabú y el de la asistencia sexual —no debe confundirse con prostitución—.

Yes, we fuck contribuye a una labor indispensablee: visibilizar la diferencia. Luna Marán señalaba en entrevista con Cine qua non la importancia de diversificar los discursos, incluyendo a los que se emiten desde el cine. Esta película apunta directamente a ello no solo por su temática, sino también por cómo la aborda. Yes, we fuck es un proyecto que no se limita a la realización de un documental, sino que ha generado videoclips que abundan en las diversas problemáticas tratadas por el largometraje, además de un blog donde compilan textos de personas que lo vieron y luego tuvieron algo qué decir al respecto: son formas de ampliar el debate que propone el filme.

Aunque ya ha servido como pretexto para que se articulen colectivos, académicos y activistas en torno a la diversidad sexual y otras problemáticas planteadas por el documental, el proyecto Yes, we fuck aspira, en palabras de sus realizadores, a consolidarse “como una plataforma para promover la generación de contenido visual y debate en torno a la sexualidad, el cuerpo y las personas con diversidad funcional”.

Este documental nos recuerda que la sexualidad —y su derecho a ejercerla (o no)— es inherente a las personas, sin importar en qué espectro de la diversidad se encuentren sus cuerpos.

Para saber más del proyecto puedes visitar los siguientes enlaces:

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