Trabajar sin dejar de soñar

Jardiel Legaspi Gutiérrez

Tijuana, Baja California, frontera norte de México y espacio en donde las historias toman un sentido especial. Ser de aquí pero no querer continuar de este lado, intentarlo, triunfar (si tienes suerte) o fracasar, sólo para darte cuenta que eso no te detendrá. La frontera también es lugar de peligro, de mujeres abandonadas, de identidades difusas.

Sin embargo, esta zona también ofrece la oportunidad de conocer otro tipo de historias, sin obviar lo anterior, es entonces que la frontera se convierte en el escenario en el que podemos ver a quienes con base en engaños se quedaron, a quienes no buscan el otro lado, sino a los que quieren algo mejor en el lado sur de la barrera, y la lucha es constante.

José Luis Valle es el encargado de escribir y dirigir Workers, película que nos adentra en las vidas de personas a las que su trabajo las ha consumido al punto de volverse esclavos de lo que realizan cada día. Viven para trabajar y eso es lo que les da identidad. Pero aún en esas circunstancias buscan, cada uno a su manera, la forma de poder liberarse y convertirse en algo más, en algo que han soñado durante muchos años.

La cinta se centra en Rafael (Jesús Padilla[1]), trabajador de una empresa de focos en la que se dedica a mantener las instalaciones limpias y en funcionamiento. Además está Lidia (Susana Salazar), la ama de llaves de una mujer anciana a punto de morir. Su mayor responsabilidad es cuidar de “Princesa” un perro galgo que es la adoración de su dueña. Rafael, por su lado, no puede dejar pasar ni un solo detalle de suciedad en el lugar en que trabaja.

Ambos son trabajadores ejemplares, ninguno se queja, se han convertido en fieles sirvientes, a pesar de las condiciones en las que trabajan. Lidia tiene que cuidar que la carne para alimentar a “Princesa” esté fresca y no sobrepase cierta cantidad, para después servirla en su plato bañado en oro, al tiempo que le sirve agua embotellada. Mientras que ella puede comer lo que sobra de la carne de su «patrona» de cuatro patas.

Rafael ha pasado 30 años trabajando para la misma empresa y se prepara con gusto para su jubilación, incluidos sus nuevos zapatos para tan importante ocasión. Sin embargo, su condición de inmigrante ilegal no le permite conseguir eso que tanto desea y, bajo amenazas, su jefe decide otorgarle el «privilegio» no sólo de seguir en el país, sino también de continuar laborando en la empresa, quizás hasta que ya no pueda más.

Los dos se adentran entonces en un viaje que les permita cambiar las cosas, que les permita ser algo más que el «lava pisos» y la «ama de llaves», para ser otra vez Lidia y Rafael.

Fotograma figura de perro. Workers

Al cine mexicano también le ha tocado parte de esta experiencia. Esa búsqueda de identidad es algo que no ha faltado en los últimos, al menos, 10 años. Empresa no sencilla y hasta confusa. En las carteleras del país no es difícil encontrar películas extranjeras, de aquí y de allá, no importa de dónde vengan. El país se convierte entonces en una gran marquesina, en un exhibidor de lo que se hace «allá» y donde poco importa lo que se hace aquí.

Al igual que Lidia y Rafael, ha habido quienes sueñan y buscan algo más, eso que haga que se distinga el cine mexicano de otros, porque en México cine se hace (a pesar que se piense lo contrario), basta ver los números del Anuario Estadístico del Instituto Mexicano de Cinematografía[2] para corroborar esto último; pero, ¿cuántas de esas producciones tienen un estilo «mexicano»? Y todavía más abstracto ¿qué hace que una película sea considerada mexicana, más allá del lugar dónde se filmó, o de dónde provenga el capital, o la nacionalidad del director? Por cierto, José Luis Valle es originario de El Salvador, naturalizado mexicano.

La tarea no es fácil, ¿será necesaria? Si consideramos que el cine, en parte, es una muestra del contexto en el que se desarrolla, entonces sí se vuelve importante, ya que se torna parte la realidad más cercana a una comunidad y no en una mera ficción que nos muestra estándares de otras latitudes, que por cierto, hemos sabido aceptar fácilmente.

La película se desarrolla a un ritmo bastante lento (detalle que a más de uno le incomodará), con planos que dejan ver la cotidianeidad en la que están inmersos los personajes. No hay prisa por mostrar lo que sucede; podemos ser testigos de la rutina de limpieza de la casa de la anciana de la misma manera que pasamos la tarde esperando frente a un burdel mientras Rafael pasa el tiempo con una prostituta, quien le deja marcado un nuevo recuerdo en la espalda, en forma de tatuaje. Todo esto con algunos tintes de humor negro que permean durante toda la película.

Fotograma actores Workers

Fotograma Workers

Es este día a día, en el que (parece) que no sucede mucho, lo que hace que Workers encierre cierto encanto difícil de percibir a primera vista. Mientras que la cinta se desarrolla, no se puede dejar de lado lo que los protagonistas realizan para alcanzar eso que tanto anhelan, un foco roto a la vez.

La película también nos ofrece momentos donde Rafael y Lidia yacen en sus camas, con los ojos abiertos, sin inmutarse y mirando al techo, como imaginando futuros deseables. Aunque pareciera que son personas diferentes, nuestros protagonistas encierran similitudes entre ellos y cada uno, a su manera, deja que nos adentremos de manera íntima a sus pensamientos y deseos.

Mención especial merece la fotografía de la película y el diseño sonoro. La primera maneja una imagen muy limpia y bien cuidada. El segundo, por su parte, capta de buena manera el ambiente de las diferentes locaciones, aunque por momentos los diálogos carecen de la misma pulcritud.

Si algo se le puede aprender a Workers es que la búsqueda de lo que se quiere alcanzar no siempre (casi nunca) se logra de forma instantánea, se tiene que avanzar «lento pero seguro» hasta llegar a donde queremos estar.

Fotograma Rafael sentado. Workers

Fotograma Workers

¿Hacia dónde va el cine mexicano? La respuesta a esto parece ser que envuelve diversas respuestas. Lo positivo de la situación actual del cine mexicano es que cada vez más se producen películas de diferentes temas, tan variados como lo es el propio país, pero todavía falta avanzar, al igual que Lidia y Rafael, de manera constante y sin dudar en lo que se quiere alcanzar.

Tráiler:

[1] El actor falleció en abril de 2015 a causa del cáncer. Además de actuar, se dedicó a la gestión cultural y era profesor universitario.

[2] En 2014 se produjeron 130 películas mexicanas, la cifra más alta desde 1959, año que se realizaron 135.

 


Workers
2013| 120 minutos| Idioma original: Español | País: México, Alemania
Dirección: José Luis Valle | Guión: José Luis Valle
Productor: Elsa Reyes y José Luis Valle | Casa productora: Zensky Cine, Auténtika Films, Imcine | Reparto: Jesús Padilla, Susana Salazar, Bárbara Perrin Rivemar, Sergio Limón
Fotografía: César Gutiérrez Miranda | Supervisor de sonido: José Miguel Enríquez | Edición: Óscar Figueroa


 

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