Wong Kar-Wai: sumergirse en la nostalgia

Por Emmanuel Rojas Botello | @EmmanuelRojasBo

 

¿Qué hace Wong Kar-Wai?, me preguntaba hace poco. Pronto me di cuenta que para esa pregunta hay una respuesta clara que cualquiera puede encontrar en Wikipedia con cierto grado de certeza. La pregunta que aquí hago exige un poco más y es: ¿qué expresa su obra cinematográfica?

Lo que pongo frente al lector en la siguientes líneas son reflexiones personales que he hecho sobre algunas películas de este creador. He de advertir que no se trata de un recorrido completo de su obra, sino sólo sobre aquellas películas que me resultan imprescindibles para su análisis. Tampoco haré reflexiones sobre los detalles técnicos de lo visto, esto ya se ha hecho por otras personas, véase por ejemplo «In The Mood For Love: Frames Within Frames» (Puschak, 2015).

Una vez efectuada la mea culpa de mis arbitrariedades, entremos en materia: lo que en estas líneas presento tiene que ver con la construcción de personajes de Kar-Wai y su cruce con la nostalgia.

 

Wong Kar-Wai y la nostalgia

 

Un terremoto o la caída de un ladrillo son hechos perfectamente existentes en el sentido de que ocurren aquí y ahora, independientemente de mi voluntad. Pero el hecho de que su especificidad como objetos se construya en términos de «fenómenos naturales» o de «expresión de la ira de Dios», depende de la estructuración de un campo discursivo.
Laclau & Mouffe (1987, p. 182)

 

«Nostalgia», término interesante que la Real Academia de la Lengua Española define como: «Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida». Kar-Wai tiene mucho que decir en la conformación de ese recuerdo de pérdida pero —y esto es lo que me interesa—, ¿dónde se expresa la nostalgia?

La nostalgia como recuerdo de una pérdida pasa obligadamente por una trama discursiva al igual que el ladrillo o el terremoto del epígrafe. El objeto de tristeza por su ausencia puede variar según el objeto de deseo (perdón por el tono psicoanalítico) que ahora ausente nos postra en abandono y tristeza de la abstención, como el alcohólico en las primeras etapas de recuperación. En ese sentido, las relaciones interpersonales suceden en nosotros y con nosotros, pero el hecho de que sean eventos normales, dolorosos o hasta necesarios, pasa por la significación de lo que creemos vivido.

No creo que este sea el espacio para hacer una reflexión sociológica profunda; la intención de esto es cifrar ciertas coordenadas por las que se mueve mi argumento. La nostalgia, pues, no es lo que en el mundo habita sino los objetos que de ella revestimos; en este caso el autor hongkonés lo pone claro: el evento de nostalgia es la relación sentimental (sexual) entre dos o más sujetos (casi siempre más de dos); el detonante: la ruptura, la separación siempre dolorosa (como el parto, que también es una separación).

Este director centra sus historias en el amor, pero no en aquella escandalosa y colorida versión del mismo, sino su anverso.

Wong Kar-Wai en rodaje. Foto: IndieWire.

 

Ashes of time Redux (2008)

En esta película existe una botella de vino con la sorprendente capacidad de hacer olvidar todos los recuerdos a quien la bebe. La gente la bebe para no recordar más su pasado, para liberarse de la carga que esto significa. «La raíz de los problemas de los hombres es la memoria», cuenta el narrador de aquella historia.

Un hombre capaz de sacrificarse por un simple huevo no lo está haciendo por el objeto, lo hace por todo aquello que ha vertido en él. Por el honor, por la compasión, por la celebración de una suicida libertad (apoyo la teoría de que la libertad siempre es suicida).

La astrología sirve como brújula para el protagonista, como el anuncio de las tormentas venideras. «No debo olvidar que nací en un eclipse lunar, el destino no quiso que el amor estuviera a mi alcance», es el triste anuncio de una fatalidad resignada. El camino ya está torcido desde el inicio para nuestro protagonista: la soledad es su sello y nada se puede hacer contra tal augurio, por ello tal vez, y sólo tal vez, el olvido es una manera leal de escapar.

La nostalgia está presente sobre aquello que nos es prohibido, sobre aquella «pérdida» irresoluble e inolvidable. Los triángulos amorosos y la pérdida del ser amado son la fuente principal del argumento de la cinta. No se trata de vivir para ser feliz, se trata de olvidar para poder vivir : soportar todo aquello que la vida nos ha puesto a cuestas.

 

2046 (2004)

A partir de la definición que he proporcionado de nostalgia me pregunté: ¿se puede sentir nostalgia por el futuro?, pues la definición dada por la academia española parece centrar sus ojos siempre en un tiempo pasado que se rememora en el presente, no obstante alguien respondió mi cuestión de manera afirmativa: sí se puede sentir nostalgia del futuro, de lo que ya nunca volverá a ser.

A la inversa que Ashes of Time, el motivo de 2046 (2004) no es perder la memoria para soportar la vida: el objetivo es recuperarla, volver a aquellos lugares (en sentido figurado en una parte de la película, en sentido literal en otra) en los que el Sr. Wong pudo sentir y, finalmente, vivir. Es volver a esas mujeres que siempre formaron el centro de sus penas y desventuras pero también de sus felicidades y de la mayor intensidad que pudo regalarle la vida. Bien señala él que «todos los recuerdos son surcos de lágrimas», pero no por ello despreciables, de ninguna manera desdeñables.

Los juegos en el Hotel tienen una simple y sencilla regla: el que se enamora pierde y, en efecto, siempre hay un perdedor. Viajar a 2046 es viajar a momentos marcados por mujeres distintas y la nostalgia de lo que se ha querido (y lo que se ha sufrido) pero nunca está aquí: está en un pasado que se proyecta, a través de una historia, en el futuro.

Es por ello que Kar-Wai, juega con los tiempos. El presente es el momento de la melancolía, pero la melancolía remite siempre —y necesariamente— al ayer (porque recordamos lo que perdimos) o al mañana (porque sabremos que nunca más vendrá).

El amor, y el dolor que causa cuando no se queda, es ese secreto que debe ser guardado, esa herida que debe ser curada y ocultada de la vista. No es digno, no es bueno: es terrible, nos muestra cuán frágiles somos, cuán débiles estamos y qué miserables podemos llegar a ser. Es un secreto que debe ser guardado en el hueco de un árbol, sellado con barro si es preciso.

Fotograma de «2046».

 

Eros: The Hand (2004)

La historia narra la manera en que una mujer misteriosa se inserta en el mundo dolorido del Sr. Wong, pero no para hacerlo más feliz (o no intencionalmente) sino para hacerse compañía entre personas solitarias (desafortunadas almas nacidas en eclipse lunar, nos recuerda Ashes of Time). No es un pacto para hacer catarsis y sanar viejas heridas, es un gesto de simple solidaridad entre caídos. Desde luego, se enamoran porque esos gestos nunca pasan en vano frente a dos olvidados.

Pero una cosa es el amor que se siente ahora y otra las cargas de las viejas caras de las que nunca nos logramos deshacer; la mujer del guante negro leyó bien la situación. Ella no se deshace ni olvida su pasado: lo vuelve parte de su presente. No deja a la melancolía de lo perdido para recordarla en la soledad (como Wong) sino que va con ella todos los días, la carga en su mano para mantenerla presente, viva. Como sello de fatalidad pero como forma de vida, como el monje y su hábito que no solo recuerda sus votos, sino refuerza su identidad.

Ella sabe perfectamente lo que tiene y lo que debe hacer; él quiere encontrar en ella algo que quedó atrás, busca la cura de las viejas nostalgias. Encontrará en su nombre (porque es homónima de un amor anterior) la cara de alguien que ya se fue de su vida. Pero eso nunca podrá ser y no por el rechazo, sino porque él no ha superado su pasado y aún no se da cuenta (se dará cuenta hasta que viaje a 2046).

El Sr. Wong se queda frente a la puerta de su apartamento, pero ya no esperando, sino sabiendo exactamente lo que hay detrás de aquella: absolutamente nada para él, pues ahora es una habitación vacía.

Las personas tristes, como el Sr. Wong, en ocasiones son las que procuran mayor compañía (en los filmes de Kar-Wai es claro) buscando con ello solventar la falta, rellenar la ausencia, cosa que nunca sucederá. Rodearse de más personas no es superar, es evadir, y el Sr. Wong siempre fue un zorro evasor con viajes recurrentes, domicilios siempre provisionales y la vida nunca permanente.

Hay una tristeza resignada en la nostalgia, pero para Kar-Wai es una nostalgia exasperante que obliga a olvidar o a poner lugares específicos para recordar, es controlar la incertidumbre dentro de ciertos cotos (tarea evidentemente no lograda).

 

In the mood for love (2000)

En este filme estamos ante una situación masoquista —se dice en el ya mencionado video «In The Mood For Love. Frames Within Frames»— pues, ante el engaño de sus parejas, dos sujetos hacen alianza para hacer frente a la situación de manera muy poco convencional: acompañarse para recrear e imaginar las vías del affair en el que fueron involuntariamente involucrados.

Estoy en desacuerdo con esa afirmación. El masoquismo tiene que ver con sentir placer a través del dolor, pero lo que construyen nuestros personajes es una alianza para hacer frente al dolor. No buscan una recompensa placentera, buscan un refugio común para la situación victimizante en la que se encuentran.

Por otro lado, el dolor como parte integral de la vida está y estará ahí (dimensión atemporal como la nostalgia), es menester darle un lugar en nuestras vidas, tal vez en un nicho como el que Kar-Wai construye.

Como ya mencionaba líneas arriba, se reúnen dos personas en soledad para hacerse fuertes en una compartida dolencia, pero inevitablemente (y a causa de ello) se enamoran, lo que hace que el dolor por lo perdido no se disipe sino que se traslade de la ausencia de los esposos a la ausencia del cómplice.

No debemos olvidar que la regla es no enamorarse y el Sr. Wong la rompió. Por ello tendrá que pagar, y pagará un precio tan alto que le merecerá más películas al respecto.

A través de los Otros reconstruimos nuestros propios dolores, a través de Wong recordamos —y con ello recreamos— nuestras propias nostalgias. Abrimos lugares para darle un espacio digno a la ausencia y no porque sea algo para presumir sino porque es algo importante y formador de quienes somos, o la proyección que de nosotros hacemos.

Fotograma de «In the Mood for Love».

 

Palabras finales

En otro sitio afirmé que en todos nosotros hay rituales y en todo ritual algo se sacrifica. Estos filmes lo demuestran con cierto pesar y con mucha elegancia. En estas cintas las relaciones amorosas se revisten de ritual y la inminente separación será el sacrificio.

Hace tiempo discutía con colegas sobre el lenguaje de estas películas y su posibilidad de ser aprehendidas por cualquier espectador. Algunos argumentaban que el lenguaje cinematográfico implica el desarrollo de cierta sensibilidad y en ese sentido es un arte parcelario. El caso es que ni a mí me queda claro si he desarrollado esa sensibilidad. Dudo haber comprendido del todo la complejidad de las cintas, lo cual no es algo necesariamente negativo, es parte de aprender un lenguaje nuevo, extraño y apasionante. Lo que creo es que cualquier persona que busca tramas discursivas melancólicas, nostálgicas, tristes pero altamente pasionales y reflexivas, encontrará aquí algún motivo de interés, algunos lenguajes nuevos para aprehender.

Fue motivo de estas líneas dar pie para que alguien, en alguna parte, descubra en estas películas un lugar tan rico y emocionalmente complejo como yo lo descubrí.


Fuentes

Laclau, E. & Mouffe, C. (1987). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Buenos Aires: Siglo XXI.

Puschak, Evan. (2015). In The Mood For Love: Frames Within Frames. Canal de YouTube «The Nerdwriter».


Dung che sai duk | Ashes of Time Redux [reedición] (nombre internacional)
1994 [reedición: 2008]| 100 minutos [reedición: 93 minutos] | Chino cantonés | Hong Kong
Dirección: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai [basado en la novela de Louis Cha]
Producción: Wong Kar-Wai, Jeffrey Lau y Jacky Pang
Casa productora: Jet Tone Production, Block 2 Pictures, Scholar Films Company…
Reparto: Leslie Cheung, Tony Leung Chiu-Wai, Brigitte Lin…
Fotografía: Christopher Doyle y Pung-Leung Kwan
Música: Frankie Chan y Roel A. García
Edición: Kit-Wai Kai, Patrick Tam y William Chang Suk Ping

Faa yeung nin wa | In the Mood for Love [título internacional]
2000 | 98 minutos | Chino cantonés, shangainés, francés | Hong Kong
Dirección: Wong Kar-Wai
Guión:  Wong Kar-Wai
Producción: Wong Kar-Wai
Casa productora: Jet Tone Films, Block 2 Pictures, Paradis Films…
Reparto: Maggie Cheung, Tony Leung
Fotografía: Christopher Doyle, Pung-Leung Kwan y Mark Lee Ping-bin
Música: Mike Galasso y Shigeru Umebayashi
Edición: William Chang Suk Ping

2046
2004| 129 minutos | Inglés | Hong Kong, Estados Unidos
Dirección: Wong Kar-Wai
Guión: Wong Kar-Wai
Producción: Eric Heumann, Zhang Yimou y Wong Kar-Wai
Casa productora: Jet Tone Films, Shangai Film Group, Orly Films, Paradis Films…
Reparto: Tony Leung Chiu-Wai, Gong Li, Faye Wong…
Fotografía: Christopher Doyle y Pung-Leung Kwan
Música: Shigeru Umebayashi
Edición: William Chang Suk Ping

Eros [película antología de tres mediometrajes]
2004 | 104 minutos | Chino mandarín, inglés, italiano | Hong Kong, Estados Unidos, Italia
Dirección: Wong Kar-Wai, Steven Soderbergh y Michelangelo Antonioni
Guión:  Wong Kar-Wai, Steven Soderbergh y Michelangelo Antonioni
Producción: Stéphane Tchalgadjieff, Domenico Procacci, Jacky Pang Yee Wah…
Casa productora: Jet Tone Films, Block 2 Pictures, Roissy Films…
Reparto: Gong Li, Robert Downey Jr., Alan Arkin…
Fotografía: Christopher Doyle, Marco Pontecorvo y Steven Soderbergh
Edición: William Chang Suk Ping, Claudio Di Mauro y Steven Soderbergh


Emmanuel Rojas Botello. Morelia, Michoacán, México. 1988. Doctorando en Ciencia Política y Maestro en Comunicación por la Universidad de Guadalajara, México. Desde 2012 hace investigación en ciencias sociales, enfocado en el análisis del discurso. Consultor independiente de políticas públicas.


 

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