Las antípodas conectoras

Por Jardiel Legaspi Gutiérrez

Para conectar un punto con otro hace falta un trazo, este puede ser recto, curvo o moverse libremente hasta que alcanza su objetivo, pero siempre uniendo las dos partes. Esta conexión no sólo hace que ambos lados se unan, sino también que se comuniquen, que compartan información, que la contrasten y que se alcance un intercambio, aunque este sea involuntario.

Imaginar el vínculo entre dos puntos, digamos, en una hoja de papel, suena bastante sencillo; ahora imaginemos esta unión entre dos partes del mundo, una justo del otro lado de la otra, dibujando una línea imaginaria y creando puentes invisibles entre espacios tan diversos como Chile y Rusia, Argentina y China, Hawái y Botsuana, España y Nueva Zelanda.

Antípodas conectadas

Antípodas conectadas

¿Para qué sirve conocer esto? Quizás un lado y otro nunca lleguen a tener ningún tipo de relación, incluso se podría tratar de dimensiones tan contrastantes que más que unión lo que provocarían serían embates del uno contra el otro. Lo interesante no se da en el vínculo como tal, sino en el reflejo que se obtiene al mirar al otro y encontrar (y entender) las similitudes y cuestionarse si de verdad hay tantas diferencias entre nosotros.

En ¡Vivan las antípodas!, el director ruso Victor Kossakovsky realiza un trabajo que, de entrada, suena laborioso y puede que hasta difícil de concretar de buena forma: grabar un documental en el que se muestren 4 antípodas del mundo. Casi como siguiendo la creencia de que si se cava lo suficiente se llegará a China (a veces sin importar en qué parte del mundo estemos).

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, una antípoda es: Dicho de una persona con respecto a otra: «Que habita en un lugar del globo terrestre diametralmente opuesto al lugar en el que habita la otra».

Las diferencias son muy obvias, especialmente cuando cambia de un ambiente rural a uno urbano. Las personas lucen diferente, se vive a un ritmo distinto y pareciera que nada tiene que ver el uno con el otro. Pero en esta comparación también es posible, y de hecho es un buen ejercicio de reflexión, distinguir lo que más allá de distancias terrestres une a cada espacio en cuanto a costumbres, hábitos, modos, formas de vida y demás.

Vivan Antípodas lago

Antípoda líquida

El documental es contemplativo y no tiene un «protagonista» o una figura que guíe, de alguna manera, todas las imágenes presentadas (quizás esto se puede encontrar en lado chileno, aunque en todo caso no serían los únicos).

Estas características logran que en varias ocasiones el trabajo se llegue a sentir lento, y hasta aburrido. Quizás el inicio de la cinta hará que a muchos que esperan un ritmo más rápido y sencillo de presentación les parezca tedioso, y esto se repite en varios momentos del documental. Sin embargo, una vez entendida la dinámica resultará más sencillo poder hilar cada uno de los segmentos que construyen la película. La recomendación es, de ser posible, ver el documental  más de una vez sin dejar pasar tanto tiempo entre una vista y otra.

Lo que destaca de entrada de este documental es el trabajo fotográfico que captura los paisajes —con luz natural cabe destacar— así como las personas, animales y hasta autos volteados encontrados en algún rincón del mundo.

Vivan Antipodas volteadas

Transición de una antípoda a otra

La edición también es un elemento a favor que va armando las diversas situaciones presentes y que construyen de forma continua enlaces entre un lugar y otro, ya sea través de movimientos de cámara, diálogos o imágenes complementarias entre un sitio y otro.

Es un trabajo que juega con planos volteados boca abajo, giros, planos largos y contraposiciones de imagen. Por momentos, sin embargo, el ritmo que se había conseguido es cortado de manera abrupta, y esto no se debe necesariamente por cambiar de un lugar a otro, por lo que es necesario comenzar a hilar la historia de nuevo.

Aunque quizás lo mejor sea que las historias se conjuntan a través no sólo de los diferentes lugares, sino de los personajes que nos encontramos. Sin que uno sea el protagonista, todos aportan para entender más sobre las características que los rodean y en momentos hasta pareciera que existe un diálogo entre ellos, aun cuando ninguno de ellos se conoce.

Las fronteras resultan ser elementos invisibles, construcciones sociales y mentales que dividen terrenos y personas que tienen más en común de lo que pensamos. Las antípodas nos recuerdan que en cada uno de los lados hay historias que se contraponen, que se contradicen, que se comparan y también que se asimilan y se complementan.

Mirar al otro lado resulta entonces no un ejercicio de exclusión y distanciamiento, sino de entendimiento y aprendizaje.

Vivan Antípodas Chile

Captura del documental en la Patagonia, Chile.

EXTRA: Para conocer cuál es tu antípoda (o la de cualquier lugar del mundo) puedes entrar a este mapa interactivo y pasar un buen rato.

Los lugares en los que se grabaron fueron Entre Ríos, Argentina y su antípoda en Shanghái, China; la isla de Kubu, Botsuana, su antípoda es Hawái, Estados Unidos; Patagonia, Chile, su antípoda es Baikal, Rusia y Castlepoint, Nueva Zelanda, su contraparte es Miraflores, España.

Tráiler:

 


¡Vivan las antípodas!
2011| 108 minutos| Varios idiomas | Alemania, Argentina, Holanda, Chile
Dirección: Victor Kossakovsky
Producción: Pilar Capano, Heino Deckert, Gema Juárez Allen
Casas productoras: Arte, Gemma Films, Lemming Films
Reparto: El mundo y sus antípodas
Fotografía: Victor Kossakovsky
Música: Alexander Popov
Edición: Victor Kossakovsky


 

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