«Viento Aparte»: aquí en México no hay héroes, hay familia

Fotograma Viento Aparte 1

Marco Islas
@1MarcoIslas

Un spoiler: «aquí no hay héroes». Es México y lo que hay es familia. Puedes quererlos, odiarlos, perdonarlos, aceptarlos o incluso proponerte olvidarlos (sin importar cuál es el final de la cuestión). Eso sí, lo que uno no puede evitar es crecer a partir de ellos.

Viento Aparte (2014) es el último largometraje de Alejandro Gerber Bicecci, el segundo tras Vaho (2009). La trama va de lo siguiente: dos hermanos, Omar (Sebastián Cobos) y Karina (Valentina Buzzurro), tienen que viajar desde una playa recóndita en Oaxaca hasta el Distrito Federal; sin embargo, a medio camino cambian su destino por una provincia de Chihuahua. Se han quedado solos en medio de las vacaciones familiares porque su madre (Margarita Chavarría) ha sufrido una embolia cerebral y su padre (Mario Balandra) la ha llevado de urgencia al hospital más cercano, donde sea que se encuentre. La estancia resulta no aceptar niños. Los dos adolescentes, aún menores de edad, enfrentan un viaje que se extiende a lo largo de más de medio país. Un viaje en el que la ruta transversal se manifiesta como una posible división de México: metáfora de una herida en la que subyacen violencia, desconfianza y desamparo. Los hermanos confrontarán las situaciones del camino con la premisa de una familia separada y un México sin héroes. Al final todo dependerá de la ruta que sigan: las personas que se encuentren en el camino y adonde sea que éstas lleven.

La segunda película de Alejandro Gerber es resultado ejemplar de las últimas generaciones mexicanas que han surgido a partir del nuevo cine mexicano, a lo que aquí nos referiremos como cine mexicano contemporáneo. Si hablamos de divisiones el director se internaría en la segunda. Gerber Bicecci, mexicano egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, ha recibido dos galardones: la Mención Especial del Jurado en el VII Festival Internacional de Morelia y el Premio del Jurado en el X Festival Internacional de Cine de Marrakech, Marruecos. Ambos han sido por Vaho.

Lo anterior denota en un panorama más global la potencialidad de los cines nacionales. Estos siempre han sido movimientos fascinantes para explorar las propuestas más reflexivas de los nuevos modelos de la industria. Los modelos de los cines nacionales proceden de una lógica de la modernidad en donde se plantean el orden y el caos de su país de origen. El asunto es que estos movimientos no dejan de ser generacionales (y no es que aparenten no serlo, por el contrario, suelen aceptar dicha idea). Los puntos de reflexión que abordan cambian de acuerdo a las épocas y, en mayor medida, a la sociedad en la que se gestan.

Cualquier cine nacional está relacionado con la imagen pública de cada país: se exportan, se llevan al extranjero y suelen denunciar o por lo menos exponer. Pero, más que publicidad nacional, los filmes de estos movimientos se expresan a partir de la realidad que se vive y no precisamente de la que se busca vivir; de aquí proviene, en los últimos años, la idea de pensar el talento nacional como nuevos diplomáticos. Tiene que ver con que aportan a la concepción internacional una percepción del país productor al legitimar dos cosas. Uno: “lo que dice y muestra” la obra sobre la sociedad del lugar. Dos: lo que presume la obra como calidad artística ante los demás. Es así como ocurren los cambios en las dinámicas del propio cine y los tratamientos hacia nuevos temas. Aunque esta visión nunca ha sido propia del gobierno, los artistas de la industria han utilizado su capacidad para “llevar a México” a otras partes. Claro, no hay que olvidar que siempre se habla a partir de cuando se produce el filme. Así pues, el cine nacional ejemplar asume su papel y presume su importancia, no con arrogancia ni banalidad sino con humildad y calidad. La buena película de este cine toma los aciertos de sus antecesoras y hace lo que cree más oportuno al reproducir o proponer un nuevo retrato de su país.

En este sentido Viento Aparte es un excelente filme del cine mexicano contemporáneo. Aborda a la sociedad mexicana con un trazo pertinente de las afueras en contraste con lo que no es centro; lo hace sin rodeos, sin tanta penuria ni tanta dicha. Érase una vez un México apartado de la urbe, uno que no se explica a partir del Distrito Federal sino de los estados periféricos. Un México que se recorre por carretera, es frío durante las noches y caluroso durante los días. Un México árido y extenso pero siempre diverso, uno donde cada nueva persona es tan relevante como la anterior. La bondad y la maldad no se rigen por estereotipos: un personaje resulta ser tan pasional como cualquier otro, todos con defectos, virtudes, pasado y presente, no tan explorados pero sí muy bien pintados: se sugiere que cada uno cuenta con sus propias anécdotas y suertes. La riqueza de las caracterizaciones son el suspenso, las sorpresas y solamente las explicaciones necesarias de por qué actúan así los personajes. Sin embargo, la reflexión se queda donde es pertinente. No se busca la película de cada uno de los personajes, sino solo su participación dentro del viaje de los dos hermanos.

Funciona hablar de lo que se cruza en el camino. De personajes que se dedican a algo: un fotógrafo, un trailero, un campesino, un hostelero. De personajes que sienten: un hombre que, después de una masacre, intenta fotografiar su correspondiente manifestación social; un hombre que habla zapoteco, gusta de salsa BBQ y hamburguesas norteamericanas; un trailero que odia a los chilangos y se expresa del sexo justo como lo haría alguien pervertido. De situaciones: un bloqueo de carretera, una masacre, un desacato, un retén. Todo se sugiere porque, justo como en un viaje, uno no alcanza a conocer todo, pero son cosas con las que podríamos encontrarnos en nuestro país. El road trip es una situación que ejemplifica solo una parte de la idiosincrasia mexicana pero logra armarla muy bien en lo que se propone: nuestras relaciones con otros mexicanos justo cuando nos necesitamos.

Érase una vez una familia de este país, una como cualquier otra, con sus ratos dulces y otros amargos, con sus culpas y encantos, con sus acuerdos y desacuerdos. Lo que parecía estar bien de pronto se vuelve tragedia: es el rumbo perfecto del ideal de madurez. Los hermanos se han quedado sin sus padres, ya no cuentan con las comodidades ni la protección de alguien mayor —con todo y los conocimientos de cómo lidiar con el mundo que habitan (es decir, ¿cómo convivir con las personas y situaciones que van surgiendo en este nuestro mundo mexicano?). Entonces, a partir de cada encuentro con un nuevo personaje, cada situación presentada, cada decisión tomada, es cuando se maneja sutil y espléndidamente el temor cotidiano hacia aquel otro con quien nos topamos en el camino.

La mirada de todo el recorrido es la de dos adolescentes solos aprendiendo a convivir con todo lo anterior, con las personas que van surgiendo pero, ante todo, con ellos mismos. Lidian con la idea de poder cuidarse solos y esto se les recuerda a cada momento. Ambos se enfrentan a su propio crecimiento pero también al crecimiento del otro. Cargan con un pasado inmediato de cuando el tiempo, apenas ayer, era bueno. Entre momentos Omar mira los videos que grabó en el celular de su padre para tener de forma física los flashbacks de las vacaciones. Son recuerdos de lo pronto, de lo que apenas hacía unos días era seguro; tal vez sean para siempre solo eso, recuerdos.

Con estas ideas es como Viento aparte toca fibras de nuestro México sin supuestos héroes, donde cada uno hace lo que le toca y lo que puede hacer. Sin embargo, el filme juega con la idea de que en realidad hacemos, en la mayoría de ocasiones, lo que se debe hacer. Al final todos dependemos de las personas que nos rodean. La tesis es un México cuya cuna es la familia, y cuyas alegrías y rencores surgen de ésta misma; pero nunca está de más recordarnos que convivimos también con otros mexicanos.

Fotograma Viento Aparte 2

Si la premisa era un México sin héroes y una familia separada, el mismo largometraje la disuelve. Nos dice que es posible encontrarnos con personas que pese a todo quieren ayudar, buscan la manera y brindan lo mejor de sí; arquetipo de héroes. También nos dice que es posible reconciliarnos con las personas con las que uno ha crecido, esas que están a un lado nuestro y quieren seguir ahí; arquetipo de familia. A diario convivimos con ambos tipos de personas, son con quienes maduramos y crecemos. Al final, pueden ser distintas o pueden ser las mismas.


Viento Aparte
2014 | 99 minutos | Español | México
Dirección: Alejandro Gerber Bicecci | Guión: Alejandro Gerber Bicecci
Productor: Julio Bárcenas Sánchez y Alejandro Gerber Bicecci
Productoras: IMCINE, FOPROCINE, Albricias Production
Reparto: Sebastian Cobos, Valentina Buzzurro, Mario Balandra, Margarita Chavarría…
Dirección de arte: Roberto Revilla |Música: Luca Ortega, Alejandro Otaola y Dan Zlotnik
Edición: Iria Gómez Concheiro y Rodrigo Rios Legaspi


 

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