«El silencio es fundamental en el cine». Diálogo con Stefano Riccardi

El novel cineasta Stefano Riccardi. Foto: Jardiel Legaspi.

Por Manuel Ruelas | @manuruelas
Fotos de Jardiel Legaspi Gutiérrez

 

Originario de Turín, Stefano Riccardi estudió cine en Guadalajara. En entrevista nos cuenta sobre su cortometraje El primogénito (2010), su perspectiva acerca del cine italiano y el particular gusto por la propuesta estética del  director Franco Piavoli.

¿Cuáles son tus raíces?, ¿dónde están tus frutos?  

Aunque tengo mucho tiempo afuera de mi país, siento que muchas cosas no van a cambiar.Todavía tengo una cultura apegada a Italia. Viví 20 años allá. Como italiano en el extranjero, siempre uno quiere volver a su tierra en algún momento. Creo que es una constante de cualquier persona que ha dejado su país. En ese sentido mi corazón está dividido; aquí he vivido los últimos 12 años, ha sido la época más activa de mi vida —laboral, sentimental—, he tenido un hijo y he hecho proyectos aquí, pero en algún momento quisiera regresar a mi país.

¿Cuándo fue la primera vez que te atrajo un proyector? ¿Por qué?

Me acerqué al cine allá por 1999. Fue mi etapa más rebelde, tenía problemas en la escuela. Me acerqué al cine estadounidense. Lo que hacía era ir al cine muy a menudo solo. Recuerdo que en ese tiempo me gustaba el cine de David Fincher, veía mucho —y me gusta todavía— Magnolia, de Paul Thomas Anderson, y también apreciaba mucho a Tarantino. Después conocí a Polanski.

¿Y el cine italiano?

Será que yo crecí en una familia que no era nacionalista. A mi padre siempre le gustó la propuesta de América. Desde niño viajamos a muchos países; mientras mis compañeros visitaban localidades italianas, yo iba al extranjero. Lo nacional no era algo muy destacado, por lo tanto no conocía de música o cine italiano. De hecho, cuando más exploré la cinematografía italiana fue en los últimos años. También es una consecuencia de mi residencia en México: a un italiano en México se le pregunta sobre su país. Cuando empecé a ver cine italiano recorrí de Pasolini a Antonioni, el neorrealismo italiano, la comedia italiana, el spaguetti western y lo que se le llama giallo. También he buscado cine con  tradiciones y aspectos culturales que me gusta revivir: como cosas que he vivido con mi abuela o los dialectos de Italia, por citar un ejemplo.

«El primogénito», cortometraje de Riccardi, estuvo en distintos festivales internacionales. Foto: Jardiel Legaspi.

¿Qué debe contener una sinopsis de una película para atraer tu atención?

A veces ni siquiera leo la sinopsis. Intento no leerlo porque me gusta que me sorprenda la trama. Me fijo más en el director, la estética, en las recomendaciones o críticas. El director es lo más importante. El director es el «autor», se supone que el autor tiene un estilo que conserva y puedo admirar.

Pero, ¿crees en la juventud?, ¿ves cine contemporáneo?

Últimamente sí, aunque no conozca muy bien sus nombres. Pero siento que poco a poco los directores consagrados tardan más en hacer películas y eso permite observar nuevas propuestas. Por ejemplo, Fuocoammare de Gianfranco Rosi, candidata a mejor película extranjera en el Oscar.

Vayamos a ti, a tu formación académica: ¿por qué estudiar cine?

Yo también me lo pregunto. Y creo que si volviera hace años, no lo haría otra vez. Para ser artista no se necesita de estudios, es una práctica. Aunque no creo que sea tiempo perdido, algo se queda. Pero creo que no deberían estudiar cine.

Entonces, si deseo hacer cine, ¿qué debo hacer?

Pues ver cine. Tener ideas claras de lo que quieres hacer. Yo creo que el cine lo puedes hacer solo, Puedes ser tú mismo el autor, sin tantos compromisos. Hay diferentes maneras de ver el cine y hay quien te diría que la escuela es fundamental. Yo creo que no lo es. Hay muchos ejemplos, como Robert Rodríguez, aunque no me gusta, pero creo que es destacable su ejemplo.

 

El primogénito

Con su primer cortometraje, El primogénito (disponible en YouTube), Stefano asistió a festivales a nivel nacional e internacional. El más memorable, según Riccardi, fue el Los Ángeles  Latino International Film Festival. Además estuvo en el Festival Latinoamericano de Video Rosario, Festival de Cortometraje Fenaco Cusco, el Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México (Macabro) y el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).

¿Por qué un thriller?, ¿por qué este género?

Surgió la idea de un sueño. Asimismo, está basado —en parte— en un crimen que ocurrió en Italia. Fue un caso muy sensacional, mucha prensa. Había despertado la curiosidad de la gente. La idea del corto es la misma: una mamá, una mentira, un crimen. Y, bueno, un thriller porque es suspenso, porque en ese tiempo veía cine de terror, como la película Alta tensión de Alexandre Aja; el giallo, entonces creo que eso influyó en demasía.

¿Qué significa hacer cine en México?

Creo que muchas cosas han cambiado desde que hice el cortometraje. Lo cierto es que muchas cosas no las volvería a hacer. El primogénito fue un trabajo escolar, entonces la escuela nos dio un guión a seguir. Y eso incluye un crew, gestionar permisos, presupuesto. Esa es la manera convencional de grabar.  A mí se me hacía padre porque ves una producción grande y sientes que tu obra crece y muchas personas están apoyando. Pero al final, hoy en día, me gustaría hacer cine más pequeño, controlable, con menos personas, menos convencional. Es lo que me gusta ahora. Ya sabes, mandar el cortometraje a festivales es interesante, que alguien valore tu trabajo al final es el fin de la obra.

¿Piensas en el público al hacer cine?

Cuando haces cine no sabes lo que vas a hacer. Yo creo que lo haces para ti mismo. Luego recibes las críticas, todos tenemos buenas y malas críticas. No hay que clavarse con la opinión de los demás.

«Still» de «El primogénito». Foto: cortesía de Riccardi..

 

La estética de Franco Piavoli

El cine del italiano Franco Piavoli —Il planeta azzurro (1982), Nostos: il ritorno (1989), Evasi (1964), Voci nel tempo (1996)— es algo así como contemplar el silencio en la imagen. Además de conocerlo personalmente, su obra es un tesoro para Riccardi.

¿Por qué aprecias el cine de Piavoli?

Llegué a Franco por casualidad, a través de un sitio de internet. Leí críticas que lo comparaban con Terrence Malick, aunque al final me parece son distintos. Lo encontré en línea y en su localidad: me gustó su cine y su personalidad. Franco es un señor italiano que vive su día a día, trabajando. Digamos que ama el arte pero no tiene la pose de artista. Hace su arte para sí mismo, lo hace solo. Él siempre ha hecho su cine en el lugar en que nació, siempre ha querido representar su pueblo, sus vecinos; una cultura muy propia en el norte de Italia. Su propuesta es muy visual y de muy escasos diálogos, que no son determinantes en sus películas. Su simplicidad me gusta mucho. Es genial que sea autor de sus películas —la mera palabra: «autor»—; él es el único responsable de sus películas: la dirección, la foto, hasta la edición final. Son obras donde él ha tenido mucha libertad. Por lo mismo se tarda mucho tiempo en concebir su obra. Son muy genuinas sus obras. Es un verdadero autor de películas.

Foto: Jardiel Legaspi Gutiérrez.

¿Qué transmite una persona que logra hacer un cine libre?

Una persona feliz. Él me ha contado que en su juventud rechazó propuestas de proyectos grandes de cine, pero prefirió quedarse en su terruño. Hace poco escuché una entrevista a un amigo de él y productor de su película Il planeta azurro, Silvano Agosti. Él también tiene una teoría y práctica sobre el cine de autor. Decía que el cine comercial es como la industria de los muñecos. Por ejemplo, para ensamblar un muñeco necesitas varias máquinas que formen el muñeco entero. Un día el fabricante de muñecos observa un bebé y le pregunta a la mamá ¿tú sola has hecho esto? Sí, le dijo la mamá. Un bebé hermoso con sus ojos, su cabello. Siguiendo la metáfora, el cine comercial se queda chiquito, es eterno muñeco, mientras el cine de autor es como un niño que con el tiempo crece. Seguro tarda mucho en desarrollarse, en ser valorado, pero lo genuino prevalece.

A tu metáfora yo agregaría un elemento: a esa madre que «creó» al niño le fue necesario un padre, es decir: ¿quién fecunda al director?, ¿qué debe invitar la belleza, la inspiración?

Lo primero es estar libre de cualquier opresión. Para mí no existe «el artista», cualquier persona puede crear. No se crea de la nada. Lo que se necesita es ser libre, estar sereno y feliz; tener una mente amplia, una perspectiva mayor para contar mejores historias. En mi caso, la lectura siempre me acompañó.

Antes has dicho «hay que callarse para hacer cine». Entonces, ¿qué opinas de la estética de Piavoli, donde el diálogo está ausente y las personas, silentes?

Creo que lo bonito de hacer cine es hacer entender al espectador con una acción, un gesto. El público no necesita muchas explicaciones. Hay escenas muy simples que dicen cosas muy bellas. El silencio es fundamental en el cine, la palabra suele no explicar mucho. De hecho, regresando al corto de El primogénito, creo que fue un logro de producción más que narrativo. Al corto le hacen falta silencios, pausas; ahora que lo veo, siento que es un pedazo de película. Le faltan tiempos extendidos.

Ha cambiado la visión de tu obra

Sí, ahora intento darle a las acciones más tiempo, más silencio con valor.


Manuel Ruelas Zepeda. Licenciado en Comunicación Pública por la Universidad de Guadalajara. Entusiasta de la poesía, filosofía y religión.


 

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