Satoshi Kon: el esquivo sueño de la identidad

«Still» de «Paprika».

Por Luis Briones

 

Existe un acuerdo más o menos generalizado en equiparar el ritual de ir al cine como algo semejante a una experiencia onírica. Y si bien es cada vez más evidente —e inevitable— que la industria de la exhibición tradicional en salas se aproxima a una crisis de cambio y transformación (si no desaparición), aún resulta fascinante la idea de escapar de nuestra realidad y adentrarse en medio de la oscuridad en un sueño colectivo para experimentar por un par de horas la vida de alguien más. Ahí es donde paradójicamente surge una oportunidad de encontrarnos con nosotros mismos. Ya sea por medio de la catarsis, la identificación o el reconocimiento de lo ajeno, al salir del cine recordamos lo que somos y reconfiguramos nuestras aspiraciones, miedos e ideologías. Algo parecido a lo que ocurre cuando regresamos a la vigilia por la mañana.

El director y animador japonés Satoshi Kon parecía muy consciente de esta cualidad cinematográfica y a lo largo de su breve trayectoria (el cineasta falleció en 2010 a los 46 años) dedicó su oficio a transitar con audacia e insolencia entre los reinos de la realidad y la fantasía, entre el mundo de los sueños y la tierra de la objetividad, entre lo imaginario y lo auténtico, entre la ficción y la verdad, mezclándolos como un niño embelesado al descubrir su propia capacidad de transigencia al grado de confundir a sus protagonistas con su propia identidad y, junto a ellos, a nosotros como espectadores sobre la materialidad del universo diegético que estamos contemplando.

El cineasta y animador Satoshi Kon.

Con sólo cuatro largometrajes y una serie de televisión de trece episodios, la obra de Satoshi Kon se desarrolla dentro de los límites estilísticos y narrativos del anime, pero subvirtiendo sus convenciones para generar intensos relatos sobre la esencia y carácter que nos definen: el consumismo, el poder del autoengaño, la angustia del ser ante la mirada ajena y los estigmas sociales de los otros. Al ver sus películas no hay duda alguna de que estamos frente a las técnicas de la animación japonesa, no sólo por su obvio origen geográfico, sino por sus características emblemáticas: la deformidad tierna y los gestos exagerados de sus personajes, tramas complicadas y enrevesadas, referencias al contexto cultural e histórico de Japón y la variedad de géneros. Sin embargo, y aunque parezca contradictorio, las anécdotas de Satoshi Kon, en un principio, podrían narrarse también en live-action: sus historias se sitúan siempre en entornos urbanos y ambientes cotidianos; la animación es entonces la técnica que nos permite adentrarnos de forma alucinante dentro de las laberínticas mentes de sus protagonistas.

 

Compeja y onírica: la obra de Kon

Sus dos primeras películas están íntima y temáticamente hermanadas, a pesar de pertenecer a géneros y tonos distintos, casi opuestos. Su ópera prima, Pafekuto buru [Perfect Blue] (1997), es un thriller psicológico que narra la historia de Mima Kirigoe, una joven ídolo del pop. Presionada por la industria, ella decide probar suerte como actriz seria de televisión, despojándose de su imagen inocente y virginal al interpretar a una mujer arrojada a un mundo violento de sexualidad descarnada. Esto enfurece a sus fans, en particular a un acosador obsesionado con su personalidad mediática anterior, quien la empuja a una espiral de paranoia y confusión en la que tanto ella como nosotros perdemos por completo la noción de la realidad.

En contraparte, el melodrama Sennen joyû [Millennium Actress] (2001) parte del eventual desmantelamiento y demolición de los ahora obsoletos estudios cinematográficos Ginei. Genya Tachibana es un crítico de cine que viaja hasta los confines de una apartada montaña donde vive recluida desde hace años la famosa actriz Chiyoko Fujiwara —emblema de los agónicos estudios, ahora anciana— con el fin de entrevistarla y hacer un recuento de su trayectoria. El encuentro se convierte en un enloquecido y emocional rompecabezas temporal y diegético que entremezcla casi arbitrariamente recuerdos en la vida de la actriz, secuencias culminantes de su filmografía, momentos históricos del Japón y homenajes al cine nipón de todos los tiempos y géneros, desde las películas de samuráis hasta los kaijus —o filmes de monstruos gigantes— pasando por los jidai-geki (dramas del período Edo) y hasta épicas space operas.

La identidad de las protagonistas de ambas películas se delinea a medida que avanza la trama de acuerdo a la mirada de los hombres que las admiran. En la primera, de forma obsesiva, violenta y sexualizada, mientras que en la segunda ocurre mediante la idolatría desaforada del cinéfilo, quien ha seguido de cerca cada paso que ha dado en la pantalla la famosa actriz. Sin embargo, y a pesar de las diferencias elementales, ambas mujeres pierden la conciencia de sí mismas y al final ni ellas ni nosotros sabemos con certeza quiénes son, o si acaso existen en primer lugar.

Imagen promocional de «Perfect Blue».

Aparentemente, el tercer título dirigido por Satoshi Kon, Tokyo Goddofazazu [Tokyo Godfathers] (2003), sería el más realista y lineal del cineasta. Se trata de una suerte de cuento invernal que comienza en la víspera de Navidad. Tres vagabundos encuentran a un bebé abandonado en la basura y, conmovidos por el espíritu de la época, deciden lanzarse a una aventura llena de improbables casualidades para encontrar a la madre y saber por qué abandonaría a su recién nacido en una fecha tan significativa. El grupo de indigentes constituye una singular y disfuncional familia, pero conforme recorren los coloridos y luminosos rincones de Tokio, nos adentramos en sus vidas y conocemos las razones que los empujaron a subsistir en la calle: Gin es un exciclista alcohólico, adicto al juego, que perdió a su hija y a su esposa a causa de sus vicios; Hana es una transexual que solía cantar en un club nocturno hasta que un arranque de ira acabó con su carrera y Miyuki es una adolescente que recién escapó de su casa, luego de haber apuñalado a su propio padre por perder al gato de la familia. Los tres depositan en el bebé abandonado su necesidad afectiva y proyectan su ilusión de integrar una familia normal en medio de una ciudad que los rechaza y los trata con hostilidad. Cada uno se ha creado —y creído— sus propios pretextos para justificar por qué lo han perdido todo. El reto que enfrentan hacia el final de la película es aceptar su responsabilidad por el fracaso en el que han caído.

Con los retazos de anécdotas e historias que el animador nipón había guardado en el cajón mientras desarrollaba sus tres primeras películas, diseñó la narrativa para una arriesgada serie de televisión con episodios de 24 minutos de duración que conformaría otro mosaico distinto del Tokio contemporáneo, con muchos puntos en común con Tokyo Godfthers, pero que se erige como un universo en sí mismo. Môsô dairinin [Paranoia Agent] (2004) reúne a una galería de personajes aparentemente desconectados entre sí cuyo único vínculo es que todos se encuentran en momentos críticos de sus vidas —con crisis personales, económicas, laborales o psicológicas a punto de estallar— cuando son convenientemente atacados por un misterioso muchacho adolescente en patines que los golpea con un bate de béisbol, liberándolos temporalmente del desastre al que se dirigían. El hilo conductor de la serie recae en un par de detectives encargados de investigar la identidad y los motivos de los ataques. Nadie ve claramente el rostro del chico y su figura parece corresponder a una especie de fantasma… o a una patógena invención de las víctimas, que resultan beneficiadas con la agresión. Nuevamente, se trata de personajes que buscan evadir la responsabilidad de su propio fracaso, entregándose al autoengaño de una existencia que se ha vuelto insoportable.

Imagen promocional de «Paranoia Agent».

Papurika [Paprika] (2006) es la entrega final del director japonés, thriller de ciencia ficción que se centra en los alcances de un invento muy peculiar: un dispositivo que permite compartir los sueños de las personas y literalmente verlos (y grabarlos) en un monitor, en principio con fines terapéuticos, pero que es sustraído ilegalmente con el fin de dominar a la población, sumergiéndola en un sueño eterno. El protagonista es Toshimi Konakawa, un frustrado director de cine vuelto detective, quien debe averiguar el destino del aparato junto al responsable del robo, ayudado por sus creadores, Tokita Kohsaku, el obeso inventor, genio infantiloide e irresponsable, y Chiba Atsuko, la fría e inexpresiva terapeuta encargada de su operación, que asume la carismática personalidad de Paprika cuando se encuentra dentro del reino onírico. Finalmente, Satoshi Kon aborda de forma explícita esa compleja relación entre los sueños, la identidad y la autopercepción. Similarmente a lo que plantea desde su ópera prima, Perfect Blue, poco a poco, a medida que la película se desenvuelve en una mezcolanza entre el mundo de la realidad y el de los sueños, surge la duda de si acaso Konakawa es un detective o sólo un director de cine fracasado que se imaginó toda la anécdota que narra la película. Es, también, tal vez la única obra donde Kon parece hacer referencia a sí mismo. En la última secuencia, el protagonista se acerca a un cine a ver una película por recomendación de la propia Paprika. En la cartelera podemos ver los afiches de las películas anteriores de Satoshi Kon: Perfect Blue, Millennium Actress y Tokyo Godfathers, lo que puede ser mucho más que un simple guiño autoreferencial, quizá una manera del cineasta de subrayar la importancia de reconocernos y admitir la responsabilidad de nuestras propias decisiones y sus consecuencias.

Todos nos mentimos un poco a nosotros mismos. Es, tal vez, incluso necesario. Una forma de negociar con la realidad. En un principio, muchos anclamos nuestra autopercepción en dos suposiciones básicas: que somos buenas personas y que tenemos el control de nuestras vidas o, al menos, de lo que buscamos para darle un sentido… hasta que observamos nuestro reflejo en la mirada que los demás, los otros, nos dirigen cotidianamente. Para ellos quizá no somos tan capaces, o tan honestos, atractivos, dignos o admirables. Supuestamente ellos ven lo que no somos capaces de ver por nuestra cuenta, o lo que no estamos dispuestos a aceptar. Y sin embargo, tampoco podemos asegurar si lo que perciben es real, si obedece a un juicio sesgado sólo por aquello que les permitimos ver, o si es una proyección de sus propias expectativas. Entre una y otra posibilidad se abre un abismo donde la naturaleza que nos define se abstrae y entonces se genera un angustiante paquete de miedos, inseguridades y complejos que determinan muchas de nuestras decisiones y, paradójicamente, nuestra identidad. Pero, ¿cómo sabemos que esa es la realidad? o, como parece decirnos Satoshi Kon, ¿no es más que un sueño esquivo mientras regresamos nuevamente a la vigilia?

«Still» de «Paprika».


Luis Briones es guionista de cine y televisión. Profesor en el Departamento de Imagen y Sonido de la Universidad de Guadalajara y egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión. Admirador de toda clase de felinos, especialmente del gato doméstico.


Pāfekuto Burū | Perfect Blue [título internacional]
1997 | 81 minutos | Japonés| Japón
Dirección: Satoshi Kon
Guión: Sadayuki Murai [basado en la novela Perfect Blue: Complete Metamorphosis, de Yoshikazu Takeuchi]
Producción: Hitomi Nakagaki, Yoshihisa Ishihara, Yutaka Tōgō, Hiroaki Inoue y Masao Maruyama
Casa productora: Madhouse
Reparto: Junko Iwao, Rica Matsumoto, Shinpachi Tsuki…
Cinematografía: Hisao Shirai
Música: Masahiro Ikumi
Edición: Harutoshi Ogata

Sennen Joyū | Millennium Actress [título internacional]
2001 | 87 minutos | Japón| Japonés
Dirección: Satoshi Kon
Guión: Sadayuki Murai y Satoshi Kon
Producción: Taro Maki
Casa productora: Madhouse
Reparto: Miyoko Shoji, Mami Koyama, Fumiko Orikasa…
Cinematografía: Hisao Shirai
Música: Susuma Hirasawa
Edición: Satoshi Terauchi

Tōkyō Goddofāzāzu | Tokio Godfathers [título internacional]
2003 | 92 minutos | Japón| Japonés
Dirección: Satoshi Kon y Kogo Furuya
Guión: Satoshi Kon y Keiko Nobumoto
Producción: Shinichi Kobayashi, Masao Takiyama y Taro Maki
Casa productora: Madhouse
Reparto: Toru Emori, Yoshiaki Umegaki y Aya Okamoto
Cinematografía: Katsutoshi Sugai
Música: Keiichi Suzuki y Moonriders
Edición: Takeshi Seyama y Kashiko Kimura

Mōsō Dairinin | Paranoia Agent [título internacional]
2004 | 30 minutos [cada capítulo] | 13 capítulos | Japón| Japonés
Dirección: Satoshi Kon
Guión: Seishi Minakami y Satoshi Kon
Producción: Masao Teshima
Casa productora: Madhouse
Reparto: Shozo Izuka, Toshihiko Seki, Michael McConnohie…
Música: Susumu Hirasawa
Edición: Kashiko Kimura

Papurika| Paprika [título internacional]
2006 | 90 minutos | Japón| Japonés
Dirección: Satoshi Kon
Guión: Seishi Minakami y Satoshi Kon [Basados en la novela homónima de Yasutaka Tsui]
Producción: Jungo Maruta y Masao Takiyama
Casa productora: Madhouse
Reparto: Megumi Hayashibara, Toru Emori, Katsunosuke Hori…
Cinematografía: Michiya Katou
Música: Susumu Hirasawa
Edición: Takeshi Seyama


 

Related Post

Trackbacks & Pings

¿Qué opinas?