Realismo mágico en latinoamérica: construyendo un cine para soñar

Fotograma de «La teta asustada».

Por Miriam Jiménez | @Miri__I__am

 

El realismo mágico latinoamericano se gestó a partir de su propia voz, de las colectividades anónimas que conforman su territorio y de la memoria narrativa presente en su tradición oral. Nació en sus ciudades, en las calles, en la fantástica intimidad de los universos individuales, en el abrazar lo extraordinario dentro del pulso de aquellas culturas marcadas y transformadas por las conquistas. No obstante, careció de un nombre concreto hasta que los relatos líricos fueron plasmados en letras; el realismo mágico nos llegó por la literatura, encontrando en el nuevo continente un caldo de cultivo que eventualmente se mezcló con las nuevas formas de narrar, siendo una de ellas —por supuesto— la del lenguaje audiovisual. Es por eso que para hablar del cine de realismo mágico en América Latina, es imprescindible hablar de sus inicios en la literatura y, a su vez, de la propia historia de esta fracción del continente.

Luego de su nacimiento oficial en la Europa de inicios del siglo XX, el género literario llegó a Latinoamérica y se diseminó rápidamente en el territorio gracias a la empatía y similitudes socioculturales del mismo. Gran cantidad de artistas —principalmente escritores— viajaron hacia el viejo continente en busca de nuevas propuestas artísticas y  en su retorno se dieron cuenta que no había necesidad de buscar respuestas a sus inquietudes fuera de sus respectivos países, pues precisamente eran éstos los que podían abastecer sus necesidades creativas (Cascón, 2006). Y es que, finalmente, al hablar del realismo mágico nos referimos a un género ya de por sí mestizo —en donde la realidad y lo sobrenatural encuentran un punto de convergencia dentro del cotidiano— que se abrió camino dentro de un imaginario resultante de otro mestizaje en donde las diferentes cosmovisiones prehispánicas se habían fusionado con las interpretaciones traídas por la colonización.

El resultado fue la emergencia de un realismo mágico cinematográfico fuertemente ligado con la literatura. Prueba de ello es la mayoría de películas pertenecientes a dicho género y provenientes de adaptaciones literarias. Ambas expresiones coinciden en presencias recurrentes de lo prehispánico e indígena y la influencia histórica, así como diversos referentes del mestizaje —principalmente alusivos a la religión—, haciendo énfasis dentro del cine hacia el protagonismo de los papeles femeninos como la cohesión entre lo real y lo fantástico (Cascón, 2006).

Es, además, un género cinematográfico complicado de lograr; presenta  una serie de posibles periferias en ocasiones confundibles con el melodrama —lo que llega a generar interpretaciones polémica por parte de algunos públicos— y, en el caso de las adaptaciones, puede caer en reproducciones más acercadas a los tintes telenovelescos, que a su vez se alejan del efecto provocado por la obra literaria original. De una u otra manera, hablamos de un género controvertido y productor de opiniones dicotómicas. Sin embargo existe una considerable cantidad de filmes que han conseguido, en menor o mayor medida, acercarse a él y a sus  componentes esenciales.

 

De las letras a la pantalla

En primera instancia, el cine de adaptación, hablando en términos generales, existe en medida de la obra literaria, a pesar de que el resultado debe considerarse una pieza artística diferente. El corazón de la cinta se encuentra en lo logrado —o no— de la trama esencial en relación con su expresión original, llevando esto a cabo a través de los aspectos creativos y artísticos propios de la expresión fílmica. Lo anterior no es una empresa fácil. La delgada línea entre la fidelidad a la obra y el crear una calca literal se encuentra difícil de determinar. En el realismo mágico esto adquiere una mayor importancia.

Dentro de un prolífico número de escritores latinoamericanos del realismo mágico, generalmente destaca el colombiano Gabriel García Márquez por ser considerado pionero del género. Sin embargo, existen importantes precedentes: al mismo tiempo que García Márquez publicaba su primer libro, La hojarasca (1955), en México Juan Rulfo escribió Pedro Páramo (1955), novela que fue llevada al cine con título homónimo por el español Carlos Velo en 1967, el mismo año en que Cien años de soledad salió a la venta.

Fotograma de «Pedro Páramo».

En esta primera adaptación de la obra de Rulfo —y uno de los primeros filmes latinoamericanos de realismo mágico— Juan Preciado (Carlos Fernández) llega a Comala para cumplir la última petición de su madre (Claudia Millán): buscar a su padre, Pedro Páramo (John Gavin), con el fin de reclamar los bienes que le corresponden como su hijo. Al llegar al pueblo se encuentra con las ruinas de un Comala que, al igual que su gente, se ha convertido en un fantasma. Estos espíritus, en un rompecabezas casi teatral, lo guían hacia a la Hacienda de la Media Luna, la casa de su padre, al tiempo que le cuentan sus historias y la historia que llevó a la decadencia de Comala.

La película cuenta con elementos importantes, como la constante presencia del lenguaje literario de Rulfo —aunque dicha fidelidad presente en el guión, escrito por Velo en colaboración con Carlos Fuentes y Manuel Barbachano, pierde el misterio que envuelve a la novela escrita—. Esto hace que se mantengan los elementos que le dan al filme una fuerza narrativa inmersa en el realismo mágico: la revolución mexicana como un referente histórico que lo dota de contexto, la convivencia con los muertos —también un posible referente prehispánico—, así como la importancia de los personajes femeninos y su desempeño dentro de los mismos.

Por otro lado, pensar en la literatura dentro de este cine no únicamente se limita a rendir homenaje a las historias producidas por novelistas. El recientemente fallecido Eliseo Subiela construyó un claro ejemplo de ello con su obra más conocida, El lado oscuro del corazón (1992). Si bien la película no responde a una adaptación en concreto, sí existe en medida de otra de las expresiones literarias más fuertes de América Latina: la poesía.

Fotograma de «El lado oscuro del corazón»

El protagonista de dicho filme es Oliverio (Darío Grandinetti) —cuyo nombre es una clara alusión a Oliverio Girondo—, un poeta de Buenos Aires. Junto con sus propios poemas y los de autores como Mario Benedetti —quien también aparece en la cinta—, Juan Gelman y el ya mencionado Girondo, Oliverio le da sentido a este filme. Además de la constante compañía de sus amistades bohemias, el poeta convive con una Muerte femenina y taciturna (Nacha Guevara) —una de las pocas compañías constantes en su vida y se rige por un simple postulado: al igual que Girondo y su «Poema 1»podrá aceptarle cualquier cosa a una mujer, menos el que no sepa volar. Finalmente encuentra a Ana (Sandra Ballesteros), una prostituta que trabaja en un burdel de Montevideo y que hace que se eleven juntos. No obstante, no sólo se encuentran separados por el río de La Plata, sino por el aroma de un amor que desde un inicio huele a imposible.

Si bien el cine de Subiela  ha generado controversia por la forma en la que emplea el elemento de lo fantástico en sus trabajos, con El lado oscuro del corazón ha generado una  pieza de nicho con características importantes dentro del realismo mágico, empezando por el hecho de darle al espectador la capacidad de decidir en dónde situar lo mágico dentro de su propia percepción de la historia, ya sea en la profundidad de lo poético de la obra o en los arrebatos pasionales que dejan el corazón de Oliverio latiendo en carne viva. Los personajes femeninos, aunque escasos, representan un papel esencial dentro de la la trama: la muerte conciliadora, por un lado; la mujer etérea que permite ser vista a la luz del día, por el otro. Lo único que se mantiene intacto —y no sólo en este trabajo, sino en la filmografía de Subiela en general— es que, sin importar cómo, el amor siempre es un conducto para vencer a la muerte.

Fotograma de «El lado oscuro del corazón».

 

Redimirse y denunciar en el realismo mágico

Dentro de una misma transformación histórica, llegamos a un cine contemporáneo que, aunque no se encuentra tan cercano a las historias literarias —con ciertas excepciones—, se contextualiza y desemboca principalmente en otras narraciones igual de importantes: las historias nacionales. Éstas, como menciona Cascón (2006), tienen la virtud de no ser únicamente locales, sino que pasan a ser universalidades relevantes más allá de un espacio temporal determinado, empatizando con la propia historia latinoamericana que, aunque manchada de sangre e injusticias sociales, también expone sus heridas, se expresa y resucita a partir de sus  raíces. La cineasta Claudia Llosa dio una muestra de esto con Madeinusa (2006) y pocos años después lo reafirmó con La teta asustada (2009), su segundo largometraje. En estos dos casos estamos ante la presencia de importantes personajes femeninos que, además de tener papeles protagónicos, demuestran ser las heroínas de sus propias vidas.

Fotograma de «Madeinusa»

En la ópera prima de la peruana, Manayaycuna —«pueblo  encerrado/al que no se puede entrar» en quechua— es un poblado encallado en la Sierra Blanca andina en donde tanto la religión católica como la noción del tiempo son tan importantes como subjetivos. Todas las mañanas, uno de los hombres del pueblo se sienta en el centro de la plaza principal y, según la posición del sol, mueve las fichas que indican la hora. Esto adquiere una importancia mayor durante la Semana Santa, ya que a partir de las tres de la tarde del viernes santo —hora en que Cristo muere en la cruz— y hasta las seis de la mañana del domingo de resurreción, Manayaycuna celebra el «tiempo santo»: dos días en que los habitantes pueden cometer toda serie de pecados sin remordimiento alguno, pues tienen la creencia de que Dios, al estar muerto, no podrá verlos ni juzgarlos por ello. En este pueblo vive Madeinusa (Magaly Solier) junto con su hermana Chale (Yiliana Chong) y su padre, el alcalde del pueblo (Juan Huamán). La joven ha sido escogida para representar a la virgen María y durante las fiestas de Semana Santa conoce a Salvador (Carlos de la Torre), un geólogo limeño que llega al hermético pueblo por accidente y quien la joven convence de llevarla a Lima antes de que las celebraciones terminen, ya que planea buscar a su madre, quien supuestamente vive en dicha ciudad, capital de Perú.

Si bien la cinta podría pasar como un registro antropológico de los pueblos andinos —desde esta lógica ha despertado críticas por fomentar una imagen negativa de los mismos—, sí es posible hacer una separación entre lo real de algunos pueblos originarios y su difícil acceso, así como entre el arraigo del catolicismo producto de una doctrina externa y mestiza, y lo inexistente del tiempo santo y sus costumbres. El personaje de Salvador, el extranjero, rompe con la armonía del lugar y evidencia otro asunto también importante en la situación latinoamericana: la migración. Huír de ahí, a como de lugar, siempre y cuando haya un espacio de redención y pueda ser perdonada por ello.

En La teta asustada (2009) Magaly Solier de nuevo protagoniza el filme de Llosa. En esta ocasión interpreta a Fausta, una joven que vive en la periferia de Lima junto con su madre y su tío y que, según las creencias indígenas, padece el mal de la teta asustada, el cual es transmitido de madres a hijos a través de la leche materna y provoca que el alma abandone el cuerpo de los niños y se esconda en la tierra. Esta enfermedad se adquiría luego de sufrir traumas relacionados con la violencia que el Sendero Luminoso y los paramilitares desataron en el Perú de los años ochenta y noventa. Fausta misma fue producto de una violación, la cual su madre relata entre cánticos quechuas antes de morir. Este bálsamo sonoro también es usado por ella, quien vive con los mismos temores maternos y se introdujo una papa en la vagina para evitar una suerte similar. Con la muerte de su madre, Fausta comienza a trabajar como empleada doméstica en casa de una pianista para solventar los gastos funerarios, enfrentándose al problema de no poder congeniar con las demás personas, en especial con los hombres.

Fotograma de «La teta asustada».

El realismo mágico de esta primer cinta peruana nominada al Oscar se presenta con pinceladas tenues pero poderosas; se centra en la denuncia y en evidenciar un caso como el de centenares de mujeres peruanas que fueron víctimas de los crímenes de Sendero Luminoso y los paramilitares, y que aún esperaban justicia ante sus denuncias. El tubérculo en su interior, aunque nunca es visible, sí representa una metáfora potente: Fausta refugia sus miedos en la tierra, anclándose a su pasado, pero no podrá perdonar a nadie, ni a sí misma, hasta que pueda expulsarlo, hasta que pueda germinar de una forma diferente.

El cine latinoamericano se erige no sólo como una simbiosis narrativa y vivencial, sino también como una ventana a la intrahistoria intercultural: seguirá construyéndose a sí mismo en función de que su pulso no se apague y no deje de producir sueños con mundos posibles. Y es que a fin de cuentas, y tomando palabras de Subiela, el cine no dejará de ser «el único sueño que se tiene con los ojos abiertos».


Fuentes

Bowers, M. (2005). Magic(al) Realism. Londres: Routledge.
Cascón, J. (2006). Realismo mágico. Historia e intrahistoria en el cine Iberoamericano. Trocadero. pp. 113-126.
Marín, B. (2010). Un sendero femenino. El espectador imaginario.
Subiela, E. (2000). Mi oficioEliseo Subiela. Sitio oficial.


Pedro Páramo
1967 | 104 minutos | Español | México
Dirección: Carlos Velo
Guión: Manuel Barbachano Ponce, Carlos Velo, Carlos Fuentes [Adaptación de la novela de Juan Rulfo] 
Casa productora: Clasa Films Mundiales y Producciones Barbachane Ponce
Reparto: John Gavin, Ignacio López Tarso, Pilar Pellicer…
Música: Joaquín Gutiérrez Heras
Fotografía: Gabriel Figueroa

El lado oscuro del corazón
1992| 127 minutos | Español | Argentina
Dirección: Eliseo Subiela
Guión: Eliseo Subiela  
Casa productora: CO 3 y Transeuropa
Reparto: Darío Grandinetti, Sandra Ballesteros, Nacha Guevara…
Fotografía: Hugo Colace

Madeinusa
2006| 100 minutos | Español | Perú, España
Dirección: Claudia Llosa
Guión: Claudia Llosa
Casa productora: Oberón Cinematográfica S.A., Vela Producciones y Wanda Visión
Reparto: Magaly Solier, Carlos de la Torre, Yiliana Chong…
Fotografía: Raúl Pérez Ureta

La teta asustada
2009| 94 minutos | Español | Perú, España
Dirección: Claudia Llosa
Guión: Claudia Llosa
Casa productora: Vela Producciones, Oberón Cinematográfica y Wanda Visión
Reparto: Magaly Solier, Susi Sánchez, Efraín Solís…
Fotografía: Natasha Brier


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