«Qu’est-ce que vous recherchez, Laurence Alia?»: Buscando la esencia de sí mismx con «Laurence Anyways»

laurence anyways

Abraham Torres
[colaborador invitado]

«Yo busco una persona que entienda mi lenguaje y lo hable. Una persona que, sin ser una paria, cuestione no solo los derechos y el valor de los marginados sino, también, de las personas que dicen ser normales» enuncia Laurence con orgullo al inicio de este romance dramático. Esta frase constituye la base argumentativa del filme que con una fotografía limpia, diálogos fastuosos y actuaciones sublimes se posicionó como uno de los mejores trabajos artísticos de Xavier Dolan . En esta cinta conocemos la búsqueda de Laurence por la aceptación, la identidad propia y la esencia de sí mismx.

Laurence Anyways no solo consiguió los premios como Mejor Película de Origen Canadiense en el Festival Internacional de Toronto en 2012 y el Palm Queer del Festival de Cannes del mismo año, también posicionó a un canadiense joven y talentoso en la industria. Si bien la semiautobiografía J’ai Tué Ma Mère, con conflictos entre un homosexual y su madre hípercontroladora, y el triángulo amoroso de Les Amours Imaginaires daban pistas de la capacidad de Xavier, Laurence Anyways le brindó el reconocimiento que después confirmaría con Tom à la Ferme y Mommy.

La musicalización en Laurence Anyways es precisa en cada una de las escenas. Como es costumbre en los filmes de Xavier Dolan, hay una combinación entre el periodo del clasicismo, lo underground y, de manera intencional, algunas pistas cliché que representan un sentimiento más o menos generalizado. Sin embargo, estos aciertos no serían suficientes de no ser por la trama de la película. En ella, el coprotagonista Laurence Emanuel James Alia (Melvil Poupaud), profesor de literatura en Montreal, mantiene una fuerte relación amorosa con la coprotagonista Fred (Suzanne Clement), una chica con el pelo teñido de rojo que resalta en los tiempos modernos de finales de los ochenta. Se presenta un lazo afectivo singular con humor inmaduro. Vemos pequeñas esporas que iluminan la habitación y caen en sus rostros joviales. Risas, besos, caricias, miradas, suspiros, l’amour de septiembre del 89’.

Recuerdo aquellos tiempos en los que decidí salir del clóset; esa represión ensimismada, un odio profundo hacia uno y todos, pero también la búsqueda insaciable de reconocerse a sí mismo. En el filme, entre días oscuros, dubitativos, lloviéndole encima y observando detenidamente los cabellos largos femeninos, los labiales rojos y las uñas largas, Laurence describe el duelo como «la cabeza sobre el agua»: cuando aguantas la respiración bajo el agua y tus pulmones están a punto de explotar, a un segundo de la muerte.

Para Laurence los momentos de represión terminan en un lavado de autos; en cierta forma, vemos a Laurence muriendo. No es que le gusten los hombres, sino que Laurence no está hecho para ser uno; robaba la vida de la mujer que se suponía que debía ser. Odia su cuerpo masculino y detesta la identidad cisgénero. Inmediatamente comienza el proceso de duelo para Fred, en el que se observan las transiciones entre la negación, el rechazo y, finalmente, la aceptación. Pero la configuración de la relación giraba en torno al capricho de estar juntos. El vínculo que tiene Laurence con su madre es muy parecido al que yo tuve con mis padres. De alguna manera saben la situación (como si se tratara de algo instintivo), pero el miedo al rechazo ante la sociedad les impide acercarse a sus hijos. Incluso la indiferencia es una de las formas más comunes para sostener la relación parental. Hay reflexiones más específicas de las relaciones interpersonales. ¿Qué es lo que nos permite aferrarnos a otro ser humano? El amor, quizá. Aquel sentimiento que nos permite vincularnos incluso a seres abstractos o personas que han muerto; un código no heteronormativo sino generalizado, que se representa por la conexión específica de la(s) subjetividad(es).

laurence anyways still
Por otro lado, la situación de Fred era más complicada. El sentimiento exacerbado de dependencia y compromiso con Laurence le exigía llevar la transición juntos. La confianza llega a Laurence tras su presentación como mujer en la universidad en la que trabajaba, pues ya era sí misma a pesar de las miradas de odio e incertidumbre de alumnos y compañeros. ¿Es una revuelta?, preguntó uno de ellos, «non, Monsieur, c’est la revolution» (no, señor, es la revolución) expresó.

Dentro de la historia todos buscan algo. Como si fuera una necesidad primaria, cada uno de los actores realiza lo inalcanzable por la satisfacción, por la autocomplacencia, el sentido intrínseco del ser humano al saber que ha logrado aquello que anhela.

Hay una relación muy cercana entre Fred y su hermana Steff (Monia Chokri), quien cuestiona y mantiene su posición de rechazo hacia Laurence. El acompañamiento de la transición, así como la decisión de Fred por abortar y no contar a Laurence comienzan a agrietar la ya complicada relación.

De manera contextual, la American Psychological Association (APA) había declarado a finales de los ochenta a los homosexuales y los transexuales como enfermos mentales (cosa que cambiarían unos años después al realizarse estudios que demostraban no haber cambios entre heterosexuales y homosexuales en su comportamiento)¹. Esa decisión de la APA y las presiones socioculturales por parte de los padres afectan a Laurence al ser despedido.

Sin embargo, no solo las acciones de los padres de familia, ni las resoluciones del comité donde trabajaba es lo que constriñe a Laurence. Es la calle. Es algo que la comunidad LGBTTTIQ debemos afrontar: los enfrentamientos callejeros. He sido testigo de acoso, insultos o burlas por la manera de vestir, caminar, expresarse o incluso hasta de hablar. Sin duda alguna, exteriorizar la identidad pareciera una de las pruebas finales: se es uno contra el mundo.

A pesar de ello, este filme nos presenta un hecho muy favorable. Podremos tener una familia biológica, pero nosotros elegimos a la gente con las cual nos rodeamos. Es por ello que solemos decir «una segunda familia», la cual entiende nuestra situación y con la que generamos lazos más profundos de solidaridad, aceptación y afecto. Así sucede con Laurence cuando se encuentra con la transgénero Bebé Rose y las otras cuatro rosas.

Una de las escenas que más caracterizan el filme y que contribuyó a ganar los premios como mejor actriz en el Festival de Cannes y en el RiverRun International Film Festival a Suzanne Clément (Fred) es cuando los coprotagonistas se encuentran en un restaurante mientras los clientes observan con interés las cicatrices y el arete característico de Laurence. La mesera realiza comentarios ofensivos que finalizan por molestar a Fred de tal manera que brinda un discurso eximio entre rabia, desesperación y la preocupación por la situación que viven en esos momentos: la discriminación y la transfobia en su estado más puro.

Los enfrentamientos constantes por buscar la aceptación terminan cansando a Fred. Tira la toalla, como más de alguno lo ha hecho, y busca la normalidad. Busca un esposo; un hombre. Algunos dicen que es volver a la zona de confort, donde sabemos que no seremos rechazados por pensar o hacer las cosas de una manera diferente.

El filme tiene un cambio drástico. Un cambio de temporalidad en donde la aceptación, el reconocimiento y la liberación parecen temas superados. Ambos han conseguido un sustituto. Pero, como es de esperarse, seguían aferrándose uno al otro en la distancia. Laurence sabe cómo encontrarse de nuevo con Fred, con un poemario le llegó al corazón. Eso me hace pensar en cómo una canción o un escrito nos hace referencia a una persona. ¿Es posible, entonces, la hipótesis del código generalizado de conexión con los demás? Porque ni el tiempo ni distintos contextos espaciales y culturales evitan esas referencias.

laurence anyways still

Entretanto, ambos huyen a la isla de los sueños compartidos en septiembre del ochenta y nueve; a la isla negra. Donde los amantes se aventuran a rebelarse ante la monotonía. Pero resulta una ilusión. Como muchas otras parejas, se dan cuenta que era un capricho estar juntos. La dependencia estaba intoxicando sus vidas. Por ello prefirieron separarse. Pero no por mucho tiempo.

Diez años después, Laurence regresaba a Montreal en el otoño del noventa y nueve por la razón que ya todos sabemos: Fred. Se encuentran en la barra solitaria de algún bar y discuten sobre la relación; posiblemente ya estaban destinados a fracasar desde el principio. Se miran por última vez y dan media vuelta. Se buscaban a sí mismos sin saber que no se encontrarían jamás. Se fueron para siempre.

laurence anyways still

¹http://psc.dss.ucdavis.edu/rainbow/html/eop_2000_pre.PDF

Abraham Torres. Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Pública de la Universidad de Guadalajara. Es jefe de la sección Vestigios en la revista Alofonía. Su línea de interés se enfoca en los derechos humanos, la discriminación a grupos vulnerables y derechos de las minorías, en específico, de la comunidad LGBTTTIQ.


Laurence Anyways | Laurence para siempre [sic]
2012 | 168 minutos | Idioma original: Francés | País: Canadá
Dirección: Xavier Dolan | Guión: Xavier Dolan
Productores: Charles Gillibert, Nathanaël Karmitz y Lyse Lafontaine | Casas productoras: Lyla Films y MK2
Reparto: Melvil Poupaud, Suzanne Clément, Nathalie Baye, Monia Chokri.
Fotografía: Yves Bélanger | Edición: Xavier Dolan


Textos relacionados

¿Qué opinas?