«Punk is not ded». Apuntes a partir de «Persepolis»

Adrián Carrera
@acarrahu

Marjane Satrapi decidió contar sus memorias. Hizo una novela gráfica dividida en cuatro tomos. Persepolis, el comic, fue publicado en el ya distante año 2000. Siete años más tarde Persepolis, la película, vio la luz y con ella múltiples nominaciones y reconocimientos. El año de su estreno, se llevó el premio del jurado en Cannes —empatada con Luz silenciosa (Reygadas, 2007)—.

La narración inicia a finales de la década de los setenta, en Teherán, ciudad iraní donde Marjane pasó su infancia. Cuando muy pequeña, en su nación estalló una guerra civil que trajo lo que todo conflicto bélico. Todavía cobijada por la ingenuidad, Marji —como, cariñosamente, le dice su mamá— repite proclamas y juega a la revolución.

La vida es fácil cuando figuras intachables —Dios y la maestra— se pronuncian convenientemente respecto a lo que está bien y lo que no. Por otro lado, abandonar la infancia es un preludio a la pérdida de las verdades absolutas. Todo se apelmaza en la pubertad, cuando parece que nada importa mientras Michael Jackson o Iron Maiden suenan en tu habitación; entonces es cuando arriba la punzada.

persepolis rocks

Y la punzada es doble. La punzada es crecer, ser horrible, de pronto tener brotes que elevan tu pezón y expulsar sangre y tejido que manchan tu ropa. También: la punzada es una bomba que estalla.

Punza todo porque chocas de frente con el mundo (como un tren contra un muro). Con el trozo de mundo en que estás.

 

Persepolis es una poderosa historia que, en Marjane, narra a una generación. Quizá a varias.

Crecer es un proceso de por sí doloroso como para hacerlo mientras bombardean a tus vecinos y masacran a tu gente. Paralelo a la evolución personal, balas se incrustan en la carne. Las ideologías mueven masas, que en una eterna refriega danzan la coreografía de la muerte vana. Crecer ahí. Crecer allí donde ir de la mano basta para que la policía te detenga; y ser mujer para que un idiota asuma que tu cuerpo es de su machista jurisdicción.

Marjane aprende a (con)vivir con la violencia respirándole tras la nuca. «La vida sigue, la vida seguía». No, mierda, la vida sigue para quien sigue vivo, nada más. La muerte acecha como halcón. Somos conejos lanzados a su suerte. Corremos por un campo vasto y verde, le llamamos vida.

Las verdades absolutas se esfuman para abrir paso a la muerte, la única certeza.

[Un hombre orando en el instante preciso antes de ser aplastado por Godzilla.]

«Estábamos tan ansiosos de ser felices que nos olvidamos que no éramos libres.» En el olvido está la dicha. 21 años: la edad en la que el olvido se vuelve imprescindible. Mirar a la muerte parece poca cosa una vez que has mirado a la vida con toda la muerte que en ella cabe. La muerte propia parece insignificante, deseable, precisa, necesaria. Es grotesco que siga aquí. Mi vecino ahora es carne y sangre salpicados entre escombros. Y yo me preocupo por bailar.

[En algún punto de la historia, Teherán se convierte en cementerio y sus calles tienen el nombre de «mártires de guerra». Baste alzar la vista para saber que también vivimos en cementerios glorificados, odas no a personas que fueron sino a mitos útiles para la historia. Las personas imperfectas no sirven para los proyectos de nación.]

Hay un montaje que usa «Eye of the Tiger» como tema. La secuencia anterior a dicho montaje es de las más significativas y mejor logradas de la película. La representación del viaje hacia lo más profundo de sí. La caída. Esa extraña permanencia en el limbo.

Persepolis podría leerse también como road movie en el sentido no solo de las mudanzas de la protagonista, sino también en el de cambios de ideas, de gente, de formas. Quizá toda película coming of age es, en cierto modo, una road movie interior. La búsqueda de identidad y un camino.

[La abuela, sosiego y chispa, la sacudida oportuna: un árbol sabio que da sombra. La imagen de Marjane con su abuela, ambas frente al Mar Caspio, como una potente metáfora del origen, los ciclos y la vida. La dignidad lleva flores en su sostén.]

marjane presente persepolis

El manejo del color en Persepolis es un recurso y un mensaje: el pasado está en blanco y negro. Solo el presente es digno de tonalidades. La memoria carece de color porque el presente es lo único que existe. En eso se diferencía de otras cintas sobre guerra y crecimiento. Mientras que en, por ejemplo, Pink Floyd The Wall se hace un recuento de los daños y se evidencia un trauma aún existente, en Persepolis se mira hacia atrás, pero se hace una clara división entre lo que fue y lo que es. No se pretende negar que Marjane —y todas las Marjanes narradas a través de ella— fue afectada por lo que vivió, sino que se hace evidente la intención de ver el ahora y de hacerlo con una mirada moderadamente optimista.

 

Epílogo punk

«El Punk es la expresión personal de la singularidad que proviene de las experiencias de crecer en contacto con nuestra habilidad humana para razonar y plantear preguntas. El Punk es un movimiento que sirve para rebatir actitudes sociales que han sido perpetuadas a través de la deliberada ignorancia de la naturaleza humana. El Punk es un proceso de cuestionar y de comprometerse a la comprensión, que resulta en el progreso individual, y por redundancia, flores dentro de una evolución social.»¹

La punzada pasa y las bombas siguen estallando:  «punk is not ded.»

¹Fragmento del «Manifiesto Punk» de Greg Graffin, vocalista de Bad Religion.


Persepolis | Persépolis [título en español]
2007 | 96 minutos | Francés | Francia
Dirección: Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi | Guión: Marjane Satrapi (comic) Vincent Paronnaud
Productor: Xavier Rigault y Marc-Antoine Robert | Casas productoras: 2.4.7 Films, France 3 Cinéma…
Reparto: Chiara Mastroianni, Danielle Darrieux, Gabrielle Lopes Benites…
Dirección de arte: Hicham Kadiri |Música: Olivier Bernet | Edición: Stéphane Roche


Related Post

¿Qué opinas?