Cenizas de tiempos que ya no existen: «Phoenix»

Por Miriam Jiménez | @Miri__I__am 

 

Todas las fotografías son memento mori (…) Tomar una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad y mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan el paso despiadado del tiempo 

Susan Sontag. «Sobre la fotografía».

Fotograma de «Phoenix»

Fotografías. El pasado está empedrado de ellas. Se vuelven un recordatorio de que eventualmente dejaremos de ser quienes somos: fotogramas vivenciales que mientras están frescos nos susurran sutiles amenazas disfrazadas de futuro. Esto también va a pasar, parecen prometernos. Una promesa subjetiva, dependiente de aquellos que vuelven a mirarla. Que se atiene al tiempo: esto también pasó, murmura el papel fotográfico luego de que los ojos del niño se han puesto una máscara de presente y se han vuelto ancianos espectadores. Luego de que los cuerpos que se situaban a los costados se han ido. Luego de que el rostro (y la vida) cambia. «Ya no existo», nos dice. «¿Tú me reconocerías?». «Esta soy yo»: una fotografía. Es así como en Phoenix (2014) se arriba a la nostalgia no a raíz de voltear hacia lo etéreo del pasado, sino a través de poder palpar la propia ausencia en el ahora.

«Ya no existo».

Regreso. Le  Retour  des  cendres  renace en esta adaptación de Christian Petzold.  Nelly  (Nina Hoss, musa inherente en la filmografía de Petzold),  una cantante judío-alemana sobreviviente de Auschwitz es ayudada por su amiga Lene (Nina  Kunzendorf) —quien es miembro de la Agencia Judía— y regresa gravemente desfigurada, en más de un sentido, a intentar reconocer(se en) los restos del Berlín que dejó.  Anestesiados por la posguerra, tanto ella como la ciudad se encuentran en un estado postraumático en donde, aunque no han desaparecido del todo, muestran cómo sus heridas se aferran a un pasado en donde sólo queda la alternativa de comenzar de nuevo. «¿Por qué volver?», le preguntan. Y no hay respuesta.

Nostalgia. Un pasajero que hace su nido de forma silenciosa. Su etimología deriva del griego nostos (regreso) y algos (dolor), y fue utilizada por primera vez a finales del siglo XVII por el médico suizo Johannes Hofer para diagnosticar el estado de ánimo que los soldados suizos padecían al pelear fuera de su patria y anhelar el regreso al hogar. Padecer la guerra. Un síntoma que es provocado no únicamente por la confrontación bélica, sino que es también resultado de las propias luchas internas, aquellas que vuelven del cuerpo una arena de pelea personal.

Guerras. Calles como venas abiertas por donde transitan los cuerpos. Banquetas en donde hombres, mujeres y ruinas coexisten entre las sombras. En esta obra galardonada por el premio FIPRESCI en el Festival de San Sebastián, Nelly, como soldado sobreviviente —la única de su familia—, se encuentra con un hogar destruido y cubierto de cenizas que no sólo se evidencían en los escombros de su antigua vivienda y en los restos de su cuerpo y rostro que, pese a la expresa petición de que sea intervenido de la forma más fiel a las facciones previas al campo de concentración, ha olvidado la expresión de quien no conoce el fuego del conflicto. También se hacen evidentes en el rostro ceniciento de Jhonny (Ronald Zehrfeld): el único hogar al que Nelly deseaba volver y la razón principal por la cual pudo —y decidió— mantenerse con vida en Auschwitz.

Fotograma de «Phoenix»

Búsqueda. La empresa imposible de volver a ser uno mismo. Dicen que cuando alguien se va jamás vuelve, ni siquiera si regresa. La transformación es inevitable. De igual forma, lo que encuentra a su retorno jamás será igual a lo que dejó. Después de varias expediciones clandestinas y nocturnas, Nelly finalmente encuentra a su esposo Jhonny, un pianista que antes de la guerra solía dedicarse —junto con ella— al espectáculo musical y ahora debe trabajar como mesero en Phoenix, un club nocturno ubicado en la zona estadounidense de Berlín. El rencuentro se torna fallido desde un inicio. Convencido de que su esposa no sobrevivió a los campos de concentración, Jhonny no puede reconocer a Nelly, quien además luce físicamente diferente gracias a la cirugía facial. No obstante, le encuentra ciertas similitudes con su difunta pareja, la cual, antes de morir, se hizo poseedora de una gran herencia monetaria por parte de todos sus familiares fallecidos en la guerra. Dicha fortuna es inaccesible para él, pues la única que puede disponer del dinero dejó de existir durante su tiempo de confinamiento. Y de cierta forma, así fue.

Reconstrucción/Recreación. Hace poco leí: «hay una gran parte de ficción en la nostalgia». Literalmente, lo que se anhela existe sólo en una dimensión intangible por la realidad: posee un velo con la capacidad de filtrar los recuerdos, e inclusive volverlos a componer, dejando a un lado la objetividad al realzar los momentos más gratos. Johannes —que reprueba que lo llamen Jhonny— le propone a Nelly el asumir el papel de su esposa, aprender sus hábitos, su caligrafia y sus características personales para poder representar su regreso de la guerra y así poderse dividir el dinero de la herencia entre los dos. Nelly, haciéndose pasar por una mujer llamada Esther, acepta la propuesta de Jhonny motivada en un inicio por el amor que profesa por el pianista, el cual, según la percepción de la cantante, todavía puede redimir sus intenciones. A la par de la convivencia con Johannes y el reaprender a ser ella misma, Nelly encuentra un refugio en donde puede lidiar con la identidad que ha perdido. Sin embargo, es así como comienza a retirar el velo que el anhelo de volver al hogar había situado idílicamente sobre el hombre en quien se materializaban sus sueños.

Fotograma de «Phoenix»

Muerte. Se escucha la voz de Lene enunciando su propia nostalgia: «Me atraen más nuestros muertos que nuestros vivos». Con una limpia narrativa, este drama psicológico nos muestra cómo los personajes de Petzold se transforman en símbolos que se trasladan a la geografía de un país en ruinas, en donde la muerte se vuelve un elemento esencial y complementario de la propia vida. Es así como la nostalgia se vuelve un puñado de cenizas, un conducto intrínseco que no sólo se sitúa en los escombros de tiempos que ya no existen, sino que es elemento esencial para comprender los procesos cíclicos de reconstrucción. Es de estas cenizas de donde resurge el fénix. Vuelve de entre los muertos y, batiendo sus alas rojizas,  puede volver a cantar.


Phoenix
2014 | 98 minutos | Alemán | Alemania
Dirección: Christian Petzold
Guión: Christian Petzold, Harun Farocki. Adaptación de la novela de Hubert Monteilhet
Producción: Florian Koerner Von Gustorf, Michael Weber
Casa productora: Schramm Film Koerner & Weber, Bayerischer Rundfunk, Tempus, Arte, Westdeutscher Rundfunk 
Reparto: Nina Hoss, Ronald Zehrfeld, Uwe Preuss…
Fotografía: Hans Fromm
Música: Stefan Will
Edición: Bettina Böhler


 

Related Post

¿Qué opinas?