Nymphomaniac: Mucho ruido y pocas nueces

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Ángela Urdiales
[colaboradora invitada]

Si Nymphomaniac como filme pudiera personalizarse en un sujeto, definitivamente sería Angela, la chica promiscua de American Beauty, quien a la hora de desnudarse y ponerse boca arriba le tuvo miedo a hacerlo todo mal y, de hecho, hizo todo mal.

Cuando vi el primer trailer de Nymphomaniac a principios de 2013, cortesía de una amiga bastante impresionable, honestamente me sentí atrapada a verla de inmediato. Rammstein tuvo algo que ver, he de admitir. La gota escurriéndose en el muslo derecho y otros primeros planos me cautivaron (aún lo hacen). También era fascinante el conflicto que se dejaba entrever: lo horrendo de la disfunción social en el mundo de sexo en que todo son normas. Hasta ahí todo iba bien.

El verdadero problema vino cuando me senté a ver el primer volumen del filme —el menos peor de los dos, pude concluir después—.

La película introduce de inmediato a Joe, la protagonista de esta historia de excesos. La premisa era sencilla pero cautivante: una autobiografía de una misteriosa mujer narrada en un lecho y escuchada por un sabihondo como nadie que compara las andanzas de esta ninfómana con cada detalle cultural a mano; una historia de excesos, pero también de redescubrimientos.

Nada más decepcionante, pues a pesar de tratarse de una evidente ficción en la que no existen las enfermedades de transmisión sexual ni el placer complejo (¿una porno convencional?), lo cierto es que Joe, el personaje protagónico, es más fácil de descifrar que un pan tostado: un cuerpo y no una mente en busca de encuentros efímeros e irrelevantes, ninguna motivación que no fuese la ridícula justificación de “exigirle más al amanecer” o bien, el desfloramiento mediocre (que muchos tienen pero que pocos convierten en razón para la adicción). El sexo sin significado se coronó en todo el filme con una representación estética del sexo que sabe más cercana a la página principal de Pornhub que al cine de grandes inversiones y aún más grandes elencos.

Still de «Nymphomaniac».

Still de «Nymphomaniac».

La segunda gran decepción fue averiguar que tanto Stacy Martin como Shia LaBeouf (en los papeles de Joe y Jerome, respectivamente) no mostraron un solo labio vaginal o glande en toda la película. ¡Vaya sorpresa! Tiene mucha congruencia levantar expectativas de un filme que promete ser explícito y transgresor y al final encontrarse con dobles de genitales y prostéticos en cada escena de sexo porque qué pena que vean desnudos a los actores. Viniendo de Lars Von Trier, quien ha dirigido filmes con sexo no simulado anteriormente, Nymphomaniac resulta ser decepcionante, la hija menos talentosa.

La mercadotecnia del filme fue precisamente ésa. Sin embargo, nos encontramos con una prostética, con cuerpos que no son. El sexo transgresor en el cine exige una presencia física transgresora a su vez: abandonar el pudor humano del intérprete para atravesar límites artísticos que ni siquiera la pintura ha atravesado, ya que el desnudo en la última es modificado a priori por el pintor, por nombrar un ejemplo. El cine es diferente, ya que cuando la premisa en él es el sexo, el cuerpo tiene que ser el cuerpo, debe ser real, tiene que decirnos la verdad.

El cuerpo en Nymphomaniac no sólo no es explícito como prometió, también es plano, plástico, falso. Nos dice que hay desnudo, que hay sexo, pero no nos lo presenta en su plenitud, como es. Más bien nos da un esbozo muy difuso y nos enseña que, en el fondo, una película hecha por púdicos y puristas que buscan explicar la impudicia y la obscenidad no puede funcionar, no se puede creer.

Y es ahí donde el cliché se encaja con brutalidad en la historia y cualquier esperanza de crear un arte liberador es sepultada. Lo anterior lo comprobamos en la reafirmación prejuiciosa del «mal» de la promiscuidad salida de la propia boca de nuestra protagonista, quien afirma ser una persona «terrible» por ser libre.

Nymphomaniac

La obsesión de Joe por el sexo también queda intangible. Von Trier no pudo elegir de entre el enorme abanico de posibilidades por las cuales tenemos, nos gusta y nos obsesiona el sexo, una sola que justifique contar esta historia. El sexo queda así también sepultado, convirtiéndose en una pulsión que no se razona y que solo se siente. En vez de liberar al sexo en su historia, Von Trier lo atrapa y lo recluye al cuarto de la patología no explicada, como la que vemos en cada actriz porno haciendo su buen papel de hembra deseosa, sin razón, sin reflexión. No hay un motivo para coger más y coger mucho, excepto tal vez que Joe «siempre le exigió más al amanecer», dejando ambigua de nuevo cualquier razón que nos haga comprender o sentir el papel de Joe como real.

A pesar de haber movido gran cantidad de marketing, como pocos filmes de su controversial director, Nymphomaniac no sólo resultó insípida, sino incluso (por Dios), contradictoria a su propósito mercadológico, reaccionaria al ejercicio de la sexualidad, reforzadora de que el ejercicio del sexo es malo, que nos hace personas terribles. Es así como el sexo y el cuerpo real pierden de nuevo su poder y fuerza liberadora. Fue así como una vez más en la historia del cine , hubo mucho ruido, pero (muy) pocas nueces.

Si queremos sexo transgresor en el que no se tapen las cositas de los actores estelares, podríamos buscar:

  • Cualquier filme del muy famoso Gaspar Noé.
  • Wetlands, o lo que esperaba de Nymphomaniac pero en alemán.
  • Año Bisiesto (película reseñada en este blog), para que no digan que los mexicanos somos mochos y pudorosos (y el sexo es rudo).
  • Dogtooth, película griega enfermiza y de bellísima fotografía.
  • Antichrist, de un Lars Von Trier menos pudoroso.
  • Lucía y el sexo, una peli española que logra ponernos a cuestionarnos nuestra puta vida y en la cual hay mucho sexo, como nos sugiere el título.

Ángela Urdiales. Estudiante de comunicación. Integrante del equipo editorial de la revista Alofonía. Aprende de cine viendo mucho cine. Correo electrónico: angie_26_02@hotmail.com


Nymphomaniac | Ninfomanía [título en español]
2013 | Vol. 1: 117 minutos; vol. 2: 123 minutos | Inglés | Dinamarca, Alemania, Francia y Bélgica
Dirección: Lars von Trier | Guión: Lars von Trier
Productor: Peter Aalbæk Jensen | Casa productora: Zentropa
Reparto (3 actores): Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgård, Shia LaBeouf, Stacy Martin…
Fotografía: Manuel Alberto Claro |Música: Ramnstein | Edición: Morten Højbjerg


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3 Responses to “Nymphomaniac: Mucho ruido y pocas nueces

  • ¿Sólo querías ver sexo transgresor?

    Tienes una riqueza infinita, el filme te habla de feminismo, de la posición de la mujer desde su sexualidad, de la moral y la perversidad negada. Hay alusiones estéticas con la música y la naturaleza. La mujer es naturaleza, cuerpo, vida. Por lo que también es razón y perversidad. Si quieres ver sexo transgresor puedes buscar en alguna página porno transgresor, ah pero, quizá allí las historias son muy falsas. Es penosa la limitación en tus comentarios. Yo invito a la reflexión de algo que es urgente, la posición de la mujer, desde ella misma, desde cuando Joe se asume a sí misma, no como ninfómana, sino que como mujer. Saludos.

  • Grandioso ensayo. Ángela logró poner en palabras muchas de las percepciones que tuve al ver esta película.

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