Michael Moore vs el capitalismo

El documentalista y activista en un fotograma de «Where to Invade Next?».

Por Kenji Kishi | @KenjiCosme

 

El vigor del capitalismo tiene su debilidad incorporada. Porque el capitalismo es codicia. Lo que lo hace vigoroso es que hay creatividad mezclada con la codicia. Parece estar demostrado que el capitalismo logra mayor creatividad que el socialismo. Sin embargo, lo hace a un costo previsible, que es que la codicia se vuelve primordial.

Norman Mailer

 

El sueño americano murió gracias al capitalismo voraz. Estas palabras parecen ser la premisa del documentalista Michael Moore (Michigan, 1954), cuya obra, en muchas ocasiones polémica, retrata a una sociedad norteamericana cada vez más desigual y dominada por una élite económica. Para Moore el capitalismo es la maldad. Lo dice textualmente en su documental Capitalism: a love story (2009) y lo reafirma a través de observar la decadencia de su ciudad natal en Roger & Me (1989), el sistema de salud en Sicko (2007), la fijación por las armas en Bowling for Columbine (2002), las relaciones entre el terrorismo y la familia Bush en Farenheit 9/11 (2004) y la comparación de políticas de bienestar económico en países europeos en Where to invade next? (2015).

 

Flint, Michigan

«Habla de tu aldea y serás universal», es una frase de León Tolstoi que bien puede explicar la fijación de Moore por su pueblo natal, Flint, Michigan. En su primer documental, Roger & Me, el cineasta guía al espectador a través de la historia de su comunidad, un lugar que durante muchos años fue el escenario del american way of life. Las familias que ahí habitaban tenían trabajo, seguridad económica y casa propia gracias a la fábrica de General Motors, la mayor armadora automotriz en el mundo.

Alan Moore en «Roger and Me», a finales de los ochenta.

Moore, con el estilo cómico e irónico que lo caracteriza, nos cuenta su vida en su ciudad natal. Fue un niño querido por sus padres, con una gran capacidad para debatir y, curiosamente, para manejar armas. Conforme pasaron los años Michael vio cómo su aldea, de ser uno de los lugares con mayor desarrollo económico, pasó a ser un pueblo olvidado, con familias empobrecidas y abandonadas a su suerte por un sistema al que ya no eran útiles porque la mano de obra era más barata en otros lugares.

El cierre de General Motors dejó a Flint devastado. Se perdieron 30 mil empleos y dejaron arruinadas a cientos de familias. Es entonces que Moore decide emprender una misión: entrevistaría al responsable de esta decisión, el director corporativo de General Motors, Roger Smith, quien a pesar de que sabía que la empresa estaba en una de sus mejores épocas, decidió cerrar once plantas armadoras en Estados Unidos para invertir en mano de obra barata en México. Estrategia comercial, le dicen los corporativos. Capitalismo, le llaman.

Desde Roger & Me, Flint será una de las constantes temáticas en la obra de Moore y es que la ciudad permite un retrato histórico de los problemas de la Norteamérica contemporánea. Es por ello que el documentalista vuelve cuando tiene que hablar del problema en el control de armas en Bowling for Columbine. En Flint también ocurre una tragedia cuando un pequeño niño de seis años mató a una compañera de la misma edad con un arma de fuego. El lugar es clave cuando la Sociedad Nacional del Rifle (NRA por sus siglas en inglés), realiza una campaña contra el control de armas.

Asimismo, Flint vuelve a aparecer en Capitalism: a love story porque fue uno de los lugares más golpeados por la crisis económica del 2008. De hecho, la ironía se presenta cuando Flint se convierte en el lugar donde esas familias que habían perdido su trabajo y su casa ahora se dedicaban a trabajar para las mismas compañías que los embargaron. A la vida le gusta contar estos chistes crueles y Moore lo sabe.

De esta manera, la ciudad es la síntesis de los efectos del capitalismo en Estados Unidos, pero además le permite a Michael Moore trazar un paralelismo entre su biografía y la historia de su país. Él es un personaje más, no el clásico documentalista que se encontraba detrás de la cámara con la finalidad de dar mayor objetividad a su investigación. Si bien el cineasta ha sido criticado por su exceso de protagonismo, el hecho de que se involucre y aparezcan él y su ciudad lo hace más responsable: sostiene un discurso desde su subjetividad.

 

La otra historia

«La historia la escriben los vencedores» es una frase atribuida a Winston Churchill que Moore parece combatir desde su trinchera. A través de su obra se pueden observar secuencias en las que busca los orígenes de los problemas, no desde lo que dicen los libros de texto sino cuestionando esa historia oficial.

El documentalista haciendo la seña de «looser» (perdedor).

En Bowling for Columbine utiliza la animación para explicar cómo desde la época de la llegada de los colonos al territorio norteamericano se impuso el miedo a la población; miedo, sobre todo, a aquello que les parecía desconocido. Es por ello que deciden armarse y en 1871, el mismo año en que se crea el Ku Klux Klan, se forma la NRA. Esta última se vende como la defensora de la segunda enmienda y la autodefensa del pueblo norteamericano, cuando sus intereses son en mayor medida económicos.

De igual manera, en Where to invade next?, Moore hace un recuento de las políticas en el sistema penitenciario norteamericano, que posee las cárceles más pobladas de todo el mundo y que además son administradas por fondos públicos y privados. Lo que hay detrás, según el director, es una red para encarcelar a las minorías raciales a través de endurecer las penas por portar drogas. Al encarcelar a los adictos, se obtuvo mano de obra muy barata a través del trabajo que realizan en convenio con empresas.

En Sicko, se propone rastrear los cambios históricos que empeoraron al sistema de salud norteamericano y lo convirtieron en un negocio manejado por las aseguradoras. Así es como encuentra el momento exacto en el que el entonces presidente Richard Nixon implementa una serie de reformas que transforman el derecho a la salud gratuita en el derecho a la salud siempre y cuando la puedas pagar.

A través de la revisión histórica el cineasta encuentra aquellos sucesos que han sido manipulados para generar el control de la población. El diseño de políticas de gobierno no es un hecho fortuito, siempre hay alguien detrás con una intención específica. Saber distinguir quién o quiénes son los que diseñan un país es una primera estrategia para quitarles el control.

 

Fondo es forma

Para contradecir el apartado anterior pongamos una nueva frase, dicha por Javier Garciadiego: «la historia no la escriben los ganadores, la historia la escriben quienes escriben bien». Es por ello que el estilo de los documentales de Moore se vuelve algo relevante. Si quiere hablar de temas que puedan incomodar al espectador, necesita pulir la forma en que se genera el mensaje. Es por ello que en gran medida elige al sentido del humor como un vehículo para llevar la denuncia.

Evidentemente no es una idea nueva. Desde hace casi dos mil 400 años Aristófanes utilizaba la comedia para hablar de política, economía y filosofía. Hoy en día, la sátira es un arma que nos permite reflejarnos como sociedad sin que nos sintamos agredidos.

Por ello no es gratuito que Michael Moore haya conquistado a un amplio público. De hecho, Fahrenheit 9/11, es uno de los documentales más taquilleros en la historia del género, con más de 119 millones de dólares recaudados —según su página de IMDB. Esto muestra que sus documentales pueden tratar temas ásperos, como la economía, pero son muy entretenidos. Esto se debe, en parte, al personaje que se ha creado Moore: el típico norteamericano gordo de gorrita que puede parecer torpe y que usa el sarcasmo y la ironía como un arma con sus entrevistados.

Asimismo, la incorporación de una banda sonora a veces sarcástica (como la excelente secuencia en la que se demuestra el apoyo de Estados Unidos a varias dictaduras y guerras en varios países mientras suena What a wonderful world), otras veces en un código melodrama «a la Hollywood», resulta un elemento muy efectivo para conectar con el espectador.

De igual manera, el montaje se convierte en la herramienta principal para darle ritmo a las películas. Ayudado de mucho material de archivo, Moore ilustra el discurso de manera ágil y en muchas ocasiones didáctica. Apela a las mayorías, no sólo a aquellos convencidos, estudiosos y militantes del tema, sino a la población general, a la que finalmente le interesa llegar con su discurso.

 

Activismo en la era de los medios

Luego del éxito de Roger & Me, Moore decidió probar suerte en la televisión. Sabía que para llegar al gran público seguir en la veta del documental, un género que se mueve entre festivales especializados y universidades, no era suficiente. Es así que crea primero TV Nation, un noticiario en tono de sátira que además le permitió seguir persiguiendo a altos ejecutivos de grandes empresas y entrevistar a personas en la calle sobre sucesos políticos en Estados Unidos. Luego de dos temporadas, TV Nation terminó y pasó a convertirse en The Awful Truth, un programa de investigación, del cual saldrían varios de los temas de sus futuros documentales.

A partir del éxito de los dos programas, Moore se comenzó a convertir en la voz del descontento del pueblo norteamericano en contra de la élite corporativa que los gobierna. Evidentemente comenzó a ser más incómodo para el sector empresarial y para políticos de derecha. Michael Moore, de ser un documentalista de una ciudad industrial de Michigan, pasaría a ser la personificación del activista progresista.

Michael Moore en un evento de Occupy, en Portland, en 2011. Foto: Paul Cone.

En este papel no sólo incomodó a las industrias y políticos: los medios de comunicación con más influencia también comenzaron a ser blanco de sus críticas. Y es que la responsabilidad que tienen corporaciones como Fox News en mantener al pueblo controlado y asustado, no es poca cosa.

Con los años, el documentalista se ha vuelto más activo en causas como la reforma en salud para brindar servicios gratuitos en su país, la búsqueda de mayor control en la venta de armas, así como el movimiento Occupy Wall Street que acampó en las inmediaciones de la capital financiera para exigir mayor regulación a los corporativos que ahí operan. Asimismo, se ha vuelto un promotor del voto de los jóvenes mediante la gira que organizó para hablar en las universidades norteamericanas.

Por estas razones también se le ha acusado de promover la agenda de la izquierda en lugar de la información y la objetividad. Lo cierto es que sus documentales no se pueden ver como piezas de periodismo de información bruta. Hay una agenda muy clara en Moore: mostrar las desigualdades e injusticias que genera el capitalismo voraz.

 

La era Trump

A mediados de 2016, en plena carrera electoral, Moore veía con preocupación el crecimiento de Donald Trump, el magnate que parece representar lo peor de la derecha americana y al mismo tiempo encarnar la peor broma de la democracia. En esas fechas el director vaticinó el triunfo de Trump y mostró las razones: el millonario representaba al norteamericano blanco que se siente amenazado ante la gran diversidad racial de su país y, sobre todo, que se siente defraudado por un gobierno que poco o nada ha hecho por él. En el colmo del cinismo, Trump, que forma parte de ese uno por ciento de las élites políticas y económicas, les decía a los otros, que conforman el 99 por ciento, que él es como ellos.

En un acto que parece desesperado, Moore decidió hacer un show en uno de los pueblos con mayor porcentaje de simpatizantes de Trump, Wilmington, Ohio. En el monólogo, el director trata de hacer una afrenta directa al votante de Donald Trump, pero en lugar de increparlos, utiliza el sentido del humor para que se vean a sí mismos y de paso vean lo ridículo que es apoyar a alguien como el magnate del copete rubio.

El inicio del acto se siente muy tenso. Es notorio que a muchos de los asistentes, que representan a la clase media-baja blanca estadounidense, no les hace gracia el enfrentamiento. Sin embargo, conforme va avanzando, la tensión comienza a disminuir para dar paso a lo que parece un mitin de campaña en favor de Hillary Clinton. Si bien logra ciertos puntos álgidos muy dramáticos (como cuando habla del número de norteamericanos fallecidos por no contar con seguro médico), el show de Moore se va sintiendo cada vez más como un comercial en favor de la candidata demócrata, «la menos peor», parece decir el director a su audiencia.

Sobra señalar que el activismo de Michael Moore no tuvo un gran efecto en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Tampoco ha habido una reforma importante en el control de armas. Los tiroteos en Norteamérica siguen sucediendo e inclusive cada vez es mayor el número de víctimas. La seguridad social universal está cada vez más lejos. A Estados Unidos lo gobierna un bufón racista y machista. La batalla de la agenda liberal de Moore parece estar perdida y muchos de los derechos parecen haber entrado en retroceso. La democracia, esa que según el documentalista salvaría al pueblo norteamericano, tuvo una crisis existencial en 2016 (véanse el Brexit, Trump, la Paz en Colombia).

Aún así, Moore anunció que seguirá en pie de guerra. En agosto comenzó la temporada de su primer unipersonal en Broadway. The terms of my surrender (Los términos de mi rendición) es el irónico título que eligió el también comediante. A la par, anunció que se encuentra filmando su próximo largometraje, el cual, según señaló en un comunicado, es un alegato en contra de Trump y todo lo que le rodea. Al parecer, en esta nueva era donde ya no importa la información certera, Michael Moore seguirá incomodando con la espantosa verdad.


Roger and Me | Roger y yo  [título en español]
1989 | 90 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Productores: Michael Moore
Casas productoras: Dog Eat Dog films
Fotografía: Chris Beaver, John Prusak
Edición: Jennifer Beman

Bowling for Columbine | Masacre en Columbine [título en México]
2002 | 119 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Productores: Michael Moore, Kathleen Glynn, Jim Czarnecki
Casas productoras: Dog Eat Dog films, Alliance Atlantis, Salter Street Films
Fotografía: Chris Beaver, John Prusak, Music: Jeff Gibbs
Edición: Kurt Engfehr

Fahrenheit 9/11
2004 | 122 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Productores: Michael Moore, Jim Czarnecki, Kathleen Glynn, Harvey Weinstein
Casas productoras: Dog Eat Dog films, IFC Films
Fotografía: Andrew Black  Music: Jeff Gibbs
Edición: Kurt Engfehr

Sicko
2007 | 123 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Productores: Michael Moore, Meegan O’Hara
Casas productoras: Dog Eat Dog films
Fotografía: Andrew Black, Jaime Roy
Music: Erin O’Hara
Edición: Geoffrey Richman

Capitalism: a love story | Capitalismo: una historia de amor [título en español]
2009 | 127 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Productores: Michael Moore, Anne Moore
Casas productoras: Dog Eat Dog films, The Weinstein Company
Fotografía: Daniel Marracino, Jaime Roy
Música: Jeff Gibbs
Edición: Jessica Brunetto, Alex Meiller

Where to invade next? | ¿Dónde invadimos ahora? [título en español]
2015 | 120 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Michael Moore
Guión: Michael Moore
Productores: Michael Moore, Carl Deal, Tia Lessing
Casas productoras: Dog Eat Dog films, IMG Films
Fotografía: Jayme Roy, Richard Rowley
Música: Jeff Gibbs
Edición: Pablo Proenza, Todd Woody Richman


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