Michael Labarca. Progresión de un cine mínimo

Por Juan Bacaro | @JuanBacaro
[colaborador invitado]

 

Colocamos la lupa en la propuesta austera del pequeño cine de Michael Labarca, un realizador venezolano que apenas comienza y cuya tesis lo llevó a codearse con los monumentales autores que suelen visitar el festival cinematográfico más importante del mundo. Se trata de un cine sobrio y asombrosamente económico, contentivo de cautivadoras dosis metafóricas y una notoria carga personal que suele estar movilizada por las sospechas que conviven en su memoria.

Tras cámara del cortometraje «Resistencia». Fotografía de Diego Mojica.

Michael Labarca nació y se crió en Venezuela. Su interés por lo audiovisual tiene origen durante su paso por la escuela de sociología de la Universidad del Zulia. En ese entonces hacía teatro en el Centro de Bellas Artes de Maracaibo y comenzaron a emerger algunas oportunidades. Esta primera aproximación se convirtió en el germen definitivo. Labarca se inclinó por la dirección de actores y el reto que esto suponía: conducir cuerpos ajenos para transmitir determinadas emociones. También, trabajar con el cúmulo de sensaciones adicionales que el cine genera. Ser el arquitecto visual y sonoro de un universo íntimo se había convertido en una faena apetecible.

El acto seguido transcurre hace exactamente 10 años. Ante la ausencia de escuelas de cine en Maracaibo, Michael da por terminado su paso por la universidad zuliana. El próximo destino sería Mérida. Aquí pasa por la Universidad de Los Andes (ULA) y comienza a escribir, dirigir y editar sus primeros intentos autorales. Unos cuantos años más tarde, realiza un taller de puesta en escena y dirección de actores en la Escuela Internacional de Cine y Televisión —EICTV—, en Cuba.

 

Primeras pisadas como hacedor

En Venezuela ejerció de guionista y dirigió una serie de televisión de nombre Barrio Sur; un paréntesis que también le sirvió como academia, pues colaboró en el desarrollo de su autoexpresión. Dirigir a no actores era un requisito, al igual que rodar en locaciones reales. De forma paralela realizó Eduardo Rey (2013) y, posteriormente, Resistencia (2014).

Culminando el año 2015, Labarca logró dar fin a una exhaustiva investigación sobre la obra y estilo del cineasta Robert Bresson. El proyecto de tesis implicaba la realización de una película de corta duración con la cual pretendía otorgar una mirada más personal acerca de dicha influencia artística; pero, sobre todo, para firmar con sello propio su larga exploración sobre el proverbial realizador francés. El trabajo fue bautizado La culpa, probablemente (2016) y se convirtió en una catapulta que llevó a Labarca —con éxito— hasta Cannes, en mayo de 2016.

Michael Labarca. Fotografía de Melina Hidalgo Llovera.

Como es lógico, Labarca tiene siempre en cuenta en su imaginario al talentoso Bresson. Hay un influjo palpable en su estilo. Sin embargo, también se suman directores como Lucrecia Martel, Carlos Reygadas, Amat Escalante, Nuri Bilge Ceylan y el iraní Asghar Farhadi, quienes han contribuido en ejercitar el aspecto sensorial durante esta etapa de preludio que vive el director venezolano, quien actualmente reside en Buenos Aires y trabaja en la postproducción de un nuevo corto de similar leitmotiv.

 

Cannes. Resplandor de un cine con luz exigua

El corto La culpa, probablemente fue parte de una especulación del propio Michael acerca del dilema que pudo haber tenido su padre a la hora de escoger entre la familia y su otra mujer, pero visto desde los ojos de esa otra mujer, que también padece la compleja situación. «El relato transcurre de manera lineal, sin elipsis, durante un apagón. La ciudad no sólo está a oscuras, sino también en silencio», comenta el joven director en un intento por hacer la mejor descripción posible de su proyecto.

Durante el rodaje de «La culpa, probablemente». Fotografía de Melina Hidalgo Llovera.

La influencia de la falta de electricidad en su niñez y de lo que significaba el festejo barrial al momento de su regreso son el pie para una paradoja que alberga algo de gracia. Si bien el cine es luz, pareciera que Labarca requirió suprimirla para hacer con esto una hermosa alegoría sobre la ausencia (paterna). «La oscuridad y el silencio te hacen sentir que estás solo. Hay una frontalidad en la puesta en escena que me hizo sentir que volví de nuevo al teatro. Eso me gusta».

El corto fue estrenado en La Cinéfondation de Cannes 2016, en donde obtuvo el tercer lugar. Desde ese entonces, la película ha tenido un buen recorrido por diversas ceremonias, obteniendo otros reconocimientos en Ecuador, Rumania y Túnez. También logró ser seleccionado para festivales en Japón. En lo reciente, el trabajo pasó por Cuba y por el Festival de El Cairo (noviembre y diciembre, 2016).

«La culpa, probablemente» alude a Bresson. Un guiño al título de su galardonada obra de 1977, «Le diable, probablement».

 

Un nuevo cortometraje en camino

Hace un mes tuve la suerte de ser uno de los pocos en revisar una versión preliminar del nuevo material de Labarca. Un cortometraje rodado en la ciudad de Maracaibo (Venezuela) durante septiembre. El nombre tentativo de la producción es Hombres de cartón, incluye una piñata y promete estar listo para el próximo semestre.

Sobre el argumento, Labarca comenta: «Se trata sobre la caída de un ídolo. El día de su cumpleaños, Diego, un niño de siete años, se decepciona de su héroe y esto le exige que comience a asumir posturas propias de un adulto».

El nuevo trabajo de Labarca estará plenamente listo para 2017 y asegura desde ya hacer algo de ruido.

Para el joven realizador, hacer cine le permite comunicarse prestando especial atención a los cuestionamientos del día a día. En el futuro Labarca planea desarrollar un guion de largometraje y, aunque no hay un plan preciso, existen formas revoloteando que pronto obtendrán cuerpo en papel y en pantalla.

Michael Labarca es, en todo caso, una promesa que merece atención y resguardo. Alguien a quien veremos reconstruyendo alguna realidad introspectiva que nos obligue a detonar nuestras propias reflexiones. Un cine de búsquedas personales con el cual ansía encontrase a sí mismo, probablemente.

«Still» del nuevo cortometraje de Michael Labarca.


Juan Cruz Bacaro Torres. Venezuela, 1976. Es guionista, comunicador audiovisual y diseñador publicitario de amplio bagaje. Ha sido galardonado en varios de estos ámbitos a lo largo de su carrera de 20 años. Cinéfilo y asiduo investigador en el área de marketing para películas. En 2015 abordó estos temas como ponente en el Festival Internacional de Cine de Mar De Plata. Colaborador frecuente en publicaciones sobre cinematografía de Perú, Argentina, Venezuela y México.


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