«Los insólitos peces gato»: una radiografía del recuerdo

Miriam Jiménez | @Mir____I____Am

Despertar es abrumador. Es la renuncia del pasaje onírico y el reencuentro constante con lo tangible. El mundo real que en ocasiones olvidamos cómo vivir, o no queremos. Es —a veces— encontrarnos con la elocuencia del silencio o con el espectro translúcido de una respiración contigua: los ojos que nos sitúan y materializan. Otra soledad (o cinco de ellas) fungiendo como una compañía persistente y recíproca ante nuestra propia ausencia. Si la vida fuese una película, la realizadora Claudia Sainte-Luce nos presentaría un fotograma viviente. Un instante; ésto no es sólo un filme, fue la vida real.

Fotograma de «Los insólitos peces gato».

Fotograma de «Los insólitos peces gato».

Los insólitos peces gato (2013) narra la historia de Claudia (Ximena Ayala), una joven solitaria que labora en un supermercado y que, después de una apendicitis y su respectiva intervención quirúrgica, conoce a Marta (Lisa Owen), la mujer de la cama vecina. Se vuelven amigas del momento aparentemente pasajero que puede otorgar una sala de hospital. Luego de que Marta le abre las puertas de su casa, Claudia comienza a adentrarse en las vidas de los cuatro hijos de ésta, así como a inmiscuirse en el cotidiano de pertenecer por primera vez a una familia —atípica, como muchas— y ser testigo de cómo evoluciona la enfermedad que aqueja a la mujer que le comienza a significar lo más cercano de tener una madre.

La ópera prima de la veracruzana nos muestra un fragmento autobiográfico teñido de los matices del déjà vu y la belleza del recuerdo; después de conocer en el año 2005 a la verdadera Marta, Sainte-Luce convivió de manera estrecha con ella y su familia durante su último año de vida ocasionado por el VIH, enfermedad que padeció durante ocho años. Hablando sobre dicho acontecimiento personal con Paula Markovitch (El premio, 2011), recibió apoyo de la misma para formar parte del Taller de Altamira de dramaturgia para cine realizado en el marco del 12° Festival de Cine de Morelia y llevar la historia al guión cinematográfico. Es de ahí que nace —con apoyo de Foprocine— el saltar a la realización audiovisual.

Uno de los puntos más llamativos del largometraje converge en dos elementos importantes dentro de la industria cinematográfica mexicana. El primero es la creación de óperas primas, presentándose como un estímulo e impulso inicial generalmente reflejado en la calidad profesional del lenguaje audiovisual mostrado. Lo anterior puede verse en un inicio alentador, ya que hay un fuerte apoyo dentro de los fondos del Estado para la realización de obras fílmicas. Fue justamente durante el año de producción de la cinta que se presentó el mayor número de primeras obras en los últimos cinco años. Por otra parte, y de manera positiva durante el año siguiente, dicha tendencia se vio opacada por una mayor producción de segundas y terceras obras¹, combatiendo la situación en donde los directores generalmente no continúan con la realización artística, dejando sus primeros trabajos como un vestigio creativo de la producción nacional emergente. La misma Sainte-Luce se ha desligado ya de dicho patrón con su segunda película La caja vacía, que se encuentra en proceso de postproducción y espera estrenar el próximo año.

«Still» de «Los insólitos peces gato».

El segundo elemento se centra en el creciente aumento de la participación femenina dentro de la industria del cine en México. Una de las peculiaridades de las actuales películas realizadas por mujeres es la creación de vínculos asumidos por vivencias existenciales y concebidos fuera de la óptica tradicional². De acuerdo con el Anuario Estadístico de Cine realizado por el IMCINE, en el año 2007 solamente el 10% de las producciones nacionales eran dirigidas por mexicanas, mientras que para el año pasado la cifra ya había doblado sus números. A pesar de seguir manteniendo un porcentaje muy bajo ante una industria de dominio principalmente masculino, no son las cifras sino el talento el que se presenta como una promesa latente para una equidad creativa. Los insólitos peces gato fue una de las trece óperas primas dirigidas por mujeres que se estrenaron durante el 2013.

El filme en un inicio optó por llamarse «Encuentro». Nos muestra un vitral compuesto por personajes con colores, formas y texturas independientes pero unidos por el plomo que representa no únicamente la enfermedad o el duelo anticipado, sino la amalgama que construye la familia, la complejidad de lo común, lo cotidiano. La narrativa presenta un universo matriarcal no únicamente limitado a la relación entre Claudia y Marta, sino que se vuelve un entretejido que se extiende y coexiste con sus cuatro hijos; Alejandra (Sonia Franco), la hermana mayor; Wendy (Wendy Guillén), Mariana (Andrea Baeza) y Armando (Alejandro Ramírez), uno de los pocos papeles masculinos de la historia. El título del largometraje, proveniente de un accidente ocasional, en este caso funciona como un complemento valioso; nos cuenta la historia de un cardumen que fluye en una libre sincronía y demuestra que no es necesario haber compartido un útero para poder considerarse parte de la misma estirpe.

Es invierno en una Guadalajara casi indescifrable y en donde los silencios existen no como un vacío, sino como una expectativa ante el sonido. La espera persiste, aunque no es siempre visible lo que se encuentra después de ella. Los regresos se vuelven implícitos y gradualmente entrañables. Se imponen las barreras de la situación de Marta, creando una constante que desdibuja los límites de Claudia, aparta la vista y la vuelve de nuevo —y en momentos— invisible. La enfermedad es un séptimo personaje que, ni bueno ni malo, existe y continúa su propio viaje en la periferia de la vida, volviéndose un ser de pinta común, cíclico e incluso a veces amable.

Fotograma de «Los insólitos peces gato».

Fotograma de «Los insólitos peces gato».

Si bien es interesante cómo la película toma elementos de una realidad particular, quizá uno de los más llamativos es el caso de Wendy Guillén y su trabajo de no representar a Wendy, sino a sí misma, siendo la hija de la Marta real y creando una catarsis ante su propia historia. Con los silencios jugando un papel fundamental dentro de la banda sonora y una música casi ausente a cargo de Madame Récamier y Lino Nava, la cinta cobra un sentido parecido al de una fotografía en blanco y negro en donde no se le agregan elementos sensoriales además que el de la forma que cobra el instante. Los claroscuros simbólicos de una realidad tamizada por la memoria y sus puntas amarillentas a causa del tiempo.

Las arterias de la ciudad son ríos, y por sus cauces flota un vocho amarillo. Sus pasajeros continúan el viaje. No se ahogan: el exterior es su amigo. La realidad toma lo que es suyo y al final los encuentra bajo un mismo vientre, a su cobijo, con el pasado esparcido por las ventanas y con una media sonrisa. Nos demuestran que existen peces de agua dulce que no le tienen miedo a las olas del Pacífico, ni al haber salido a la superficie.


Los insólitos peces gato
2013 | 92 minutos | Español | México
Dirección: Claudia Sainte-Luce | Guión: Claudia Sainte-Luce
Producción: Geminiano Pineda |Casa productora: Cine Caníbal, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Jaqueca Films
Reparto: Ximena Ayala, Lisa Owen, Wendy Guillén…
Fotografía: Afc y Agnès Godard | Música: Madame Recamier y Lino Nava | Edición: Ricci, Santiago Ricci


Referencias:

¹ Anuario Estadístico de Cine 2014.
² Martínez, Y. (2003). Cine contemporáneo mexicano: las mujeres tras la cámara.

 

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