Y los años correrán como conejos: la trilogía del amor de Linklater

before_trilogy

 

Kenji Kishi
@KenjiCosme

 

Ya se había hecho muy tarde,
los enamorados se habían ido,
los relojes habían dejado de zumbar
y el río profundo seguía fluyendo

W.H. Auden

 

En la vida hay sucesos de tal magnitud que condensan el sentido de nuestra existencia en un tiempo muy breve.  Existen algunos que son fortuitos y para los que el esfuerzo o empeño puestos resultan menores al impacto que causan en nuestra vida. Un ejemplo podría ser el ganar la lotería: compramos el boleto, esperamos el sorteo y ganamos. Nuestra vida muy probablemente no vuelva a ser igual.

Por otro lado, existen aquellos sucesos que son la culminación de un esfuerzo o de una apuesta que llevó algo de tiempo. El día de nuestra graduación de la escuela, el día en que somos contratados para un trabajo que soñamos. Son días que condensan un cambio, son líneas luminosas trazadas a través de nuestro esfuerzo y expectativa.

También existe encontrar el amor, enamorarse pues. ¿Es ese encuentro radical en nuestra existencia algo a lo que apostamos o es simplemente un hecho fortuito? ¿Cuánto juega la suerte y cuánto es fruto de nuestras propias decisiones?

Lo cierto es que el enamoramiento, por lo menos el más intenso, el que se describe como el cliché de las mariposas en el estómago y se siente mucho y todo el tiempo, puede llegar de sopetón, como una conexión mágica con el objeto de nuestro enamoramiento. Cuando llega, se condensa un poco nuestra existencia, es una línea luminosa. O quizás (permítanme ser racional) es el producto de una idea que se creó hace más de 150 años: somos irremediablemente románticos-romanticistas. Lo idealizamos tanto, lo buscamos tanto, que un día nos hacemos a la idea de que lo encontramos.

Ese momento, que llamaremos de condensación y rompimiento, es el escenario principal de la trilogía del director Richard Linklater conformada por Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013).

I: Chico conoce chica

Before-Sunrise-001Un tren rumbo a Viena. Una pareja de unos 40 años pelea en uno de los vagones. Céline, una joven francesa, se incomoda por el altercado y se cambia de asiento, a unos metros de Jesse, un chico norteamericano. Céline y Jesse intercambian algunos comentarios y él la invita al vagón comedor a platicar.

En este momento se plantean las reglas del juego, tanto de los personajes como de la propuesta de Linklater. Se trata de pláticas largas, naturales y en las que se tocan temas profundos. Los personajes básicamente hablan y algo se conecta entre ellos en ese intercambio verbal. No es una simple charla para llenar el tiempo (small talk le dicen en inglés), se trata de confesiones más íntimas. Se cuentan sus miedos, sus ilusiones, sus posiciones políticas y sus conflictos con éstas.

Hay una conexión que ellos y (por supuesto) el espectador sienten. Él le propone bajar del tren y que lo acompañe a conocer Viena, que le haga compañía mientras espera tomar su vuelo (ojo con este elemento, uno de los leit motiv de la trilogía). Ella acepta y esa decisión tendrá una importancia mayúscula en la vida de los dos.

A pesar de que la conexión se realiza a través del intercambio verbal, la tensión se consigue a partir de la comunicación no verbal, en las miradas y los silencios. De hecho, la escena más lograda (a nivel de lenguaje cinematográfico) es aquella en la que entran a una cabina a escuchar un disco. A través del lenguaje corporal comprendemos la atracción y esperamos que se concrete: tensión sin resolución inmediata (ya llegará después).

Otro leit motiv de la trilogía es el escenario. En la primera película, Viena se convierte en el lugar perfecto para su paseo. La ciudad antigua y bohemia, un escenario romántico (con música barroca como soundtrack no diegético) y los singulares personajes que entran y enriquecen la anécdota: un par de actores amateur que los invitan a una extraña puesta en escena con una vaca como protagonista, una pitonisa que les lee la mano, un poeta vagabundo que escribe con cualquier palabra que le propongan.

Pero el detonador de tensión, el tema que domina la trilogía y es probablemente uno de los sujetos principales de la filmografía de Linklater (basta ver Boyhood [reseñada en este blog]) es el tiempo. De manera más específica: el inexorable paso del tiempo. ¿Hasta dónde puede llegar su relación si él tiene que tomar un avión la mañana siguiente? ¿Puede de verdad funcionar algo si es fugaz, si se evita que se extinga y se desgaste?

Al final hacen un trato: se verán en exactamente seis meses en esa misma estación. Los espectadores regresamos a los sitios, ahora sin vida, del recorrido de Céline y Jesse. La ciudad permanece como un lugar donde se hacen promesas. Las piedras permanecen, el amor es sólo una posibilidad.

 

II: Chico y chica se reencuentran

before-sunset2En una librería de París, un escritor (Jesse) habla sobre su actual novela: el encuentro entre un chico y una chica en Viena. También habla sobre la idea de su próxima novela: una historia que transcurra en el tiempo de una canción pop, que condense todos esos sentimientos en un instante.

Y de repente aparece ella.

Han pasado nueve años desde su encuentro. No pudieron verse seis meses después tal como se prometieron. Los años corrieron como conejos. Ya no son los chicos naive que se conocieron en ese tren rumbo a Viena. Él es un escritor que comienza a tener éxito por su primera novela, la historia de ellos dos en Viena, la ficción dentro de la ficción. Ella se encarga de temas de desarrollo social para países en pobreza («en vías de desarrollo» dice el eufemismo).

Si en Antes del amanecer el futuro de la relación se sintetiza en menos de un día, en Antes del atardecer la resolución tiene que llegar en poco más de 80 minutos, los mismo que dura la película. Tal como el proyecto de novela de Jesse, todo ocurre en un espacio muy limitado de su vida.

Algo importante a notar: los guionistas de la segunda parte ahora son los actores junto con el director. Este hecho dota de cierta dosis de realidad sobre las preocupaciones de la edad. Ya no son los chicos que apenas vislumbran su futuro, ahora lo viven y se preguntan como cualquier nuevo treintañero (incluido el autor de esto que lees): ¿así imaginaba que sería mi vida? ¿Soy más sabio o más cínico?

El escenario ahora es un atardecer en París, un recorrido muy breve por el Sena. El escenario de su vida es otro: él casado (infelizmente), ella con relaciones sin trascendencia.

Dice Arreola en un microcuento: «la mujer toma la forma del sueño que la contiene». Céline toma la forma del sueño de Jesse. Él es la posibilidad de recuperar el romanticismo juvenil de ella.

Implacable, el tiempo sigue su curso. Jesse debe tomar un avión (otra vez), pero algo se atraviesa en sus planes: un pequeño vals, una mirada, una sonrisa, una posibilidad. «Vas a perder ese avión» dice ella durante su sensual imitación de Nina Simone. «Lo sé» dice él. Nos vamos a negros.

Un paréntesis: Linklater tuvo que aferrarse a un final casi abierto, a pesar de la petición de los ejecutivos del estudio de cambiarlo. Querían una resolución, un beso por lo menos, algo que dejara satisfecho al público. No, dijo Linklater, si la vida está llena de incertidumbre por qué el cine no podría ser irresoluto.

III: Chico y chica se desencuentran

before-midnightVolvamos 18 años al pasado. En el vagón de un tren una pareja de mediana edad pelea. Luego, en ese mismo tren un chico le dice a la chica que acaba de conocer algo así como «en varios años, cuando estés aburrida de tu esposo, pensarás:  ¿qué habría pasado si hubiera bajado con el chico que conocí en ese tren? Yo soy tu oportunidad para que te des cuenta que nada hubiera pasado».

Ellos ahora son esos mismos chicos que presenciaron la pelea de la pareja. Él ahora es ese esposo.

El escenario ahora es la costa en Grecia. Jesse y Céline están de vacaciones con sus hijas gemelas. En la primera escena él deja en el aeropuerto (sí, otra  vez) a su hijo, el que tuvo con durante su primer matrimonio. De regreso al aeropuerto comienzan a discutir y ella le dice que en ese justo instante se encendió la mecha de la bomba que terminará con su amor.

¿Qué tanto ha cambiado en esos nueve años en que nos quedamos en el departamento de Céline? La vida, en principio. Ese tiempo que transcurre entre mudanzas, nuevos trabajos, nuevas novelas, hijos y sobre todo nuevas culpas. Además, ahora el mundo se ha transformado a través de la tecnología. Nació esa otra nación llamada Facebook y con ella las relaciones mediadas por las redes sociales. Si esto hubiera existido en 1995 el encuentro entre Jesse y Celine hubiera sido más rápido, eso es un hecho.

Antes del anochecer es probablemente la más realista y ácida de las tres películas. Eso que era la ilusión del amor ya no es semilla que crece, sino una planta que puede llegar a marchitarse. ¿Cómo mantener la chispa con el tiempo? ¿Cómo soportar nuestras manías de tantos años? ¿Cómo no achacar nuestra frustración al otro?

A diferencia de las otras dos películas, ahora el diálogo no es exclusivo de los protagonistas; ahora hay otras voces que representan las diversas perspectivas de las relaciones. Están las voces de dos personas mayores, para quienes las parejas sobrevivían gracias y a pesar de la costumbre, el placer de conocer al otro tan bien se convierte en lo único seguro en un mundo convulso. En el otro extremo está la pareja joven (millenial le dicen), aquella que no se aferra a nada, la que vive el presente de manera intensa, la que está hiperconectada pero que, irónicamente, no se ata a nada (#YOLO le dicen). En medio de esto, los adultos cuarentones, que no son tan individualistas como los más jóvenes ni tan dependientes como los más viejos, que crecieron con la consigna de balancear el éxito profesional con la vida personal.

Al final, después de discutir y pelear un buen rato, de sacar toda la frustración y la desconfianza de años, de lanzar todos los dardos venenosos, se sientan a la orilla del mar y tratan de reír otra vez, juntos. No habrá una reconciliación clara, pero una frase de Cioran nos queda flotando en el aire: «A pesar de todo continuamos amando y ese “a pesar de todo” cubre un infinito».


Before sunrise | Antes del amanecer [título en español]
1995 | 105 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Richard Linklater | Guión: Richard Linklater y Kim Krizan
Producción: Anne Walker McBay| Casa productora: Castle Rock Entertainment
Reparto: Ethan Hawke, Julie Delpy
Fotografía: Lee Daniel | Música: Fred Frith| Edición: Sandra Adair

Before sunset | Antes del atardecer [título en español]
2004 | 80 minutos| Inglés | Estados Unidos
Dirección: Richard Linklater | Guión: Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy
Producción: Anne Walker McBay| Casa productora: Castle Rock Entertainment
Reparto: Ethan Hawke, Julie Delpy
Fotografía: Lee Daniel | Música: Julie Delpy| Edición: Sandra Adair

Before midnight | Antes del anochecer [título en español]
2013 | 110 minutos| Inglés | Estados Unidos
Dirección: Richard Linklater | Guión: Richard Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy
Producción: Richard Linklater, Sarah Woodhatch| Casa productora: Castle Rock EntertainmentReparto: Ethan Hawke, Julie Delpy, Seamus David Fitzpatrick..
Fotografía: Christos Voudoris | Música: Graham Reynolds| Edición: Sandra Adair


 

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