Lolita: un acto de amor perverso en dos tiempos

Lolita 1997

Lolita 1997

Jardiel Legaspi Gutiérrez

Hacer dos versiones cinematográficas de un mismo libro, en dos épocas distintas, traerá comparaciones que hay que saber situar en su justa medida y considerando las posibilidades de cada contexto. El asunto se vuelve más complicado cuando se trata de una obra emblemática del autor y cuando esta misma obra causó polémica al momento de ser publicada, algo de lo cual las películas inspiradas en ella también enfrentaron. En esta ocasión se mostrarán dos abordajes al mundo de la fantasía y la manipulación infantil, aunque también podría decirse que al mundo de la decadencia adulta.

La sensualidad, ese obscuro objeto del deseo que toca las fibras de quien cae en sus redes y que inhibe todo pensamiento lógico. El sentimiento que despierta se vuelve tan fuerte que remite a la memoria de aquel momento en que la vida parecía que apenas empezaba tener sentido.

Un hombre de mediana edad, el sufrimiento lo envuelve de tal manera que el deseo pasa a ser una necesidad, una obsesión, mientras que para la ninfa es un juego de poder y control. Para ambos, sin embargo, es una nueva experiencia.

Lolita, light of my life, fire of my loins. My sin, my soul. Lo-lee-ta:

the tip of the tongue taking a trip of three steps down the palate to tap,

at three, on the teeth. Lo. Lee. Ta.

«Lolita» es el deseo, es el sexo que busca ser consumado, es pecado para algunos y la gloria para otros. Es, también, el nombre de tres diferentes obras, todas basadas y llevadas a cabo bajo la idea del autor ruso Vladimir Nabokov, quien en 1955 presentó al mundo la novela que mostraba el viaje sentimental y el sufrimiento de Humbert Humbert, un profesor de inglés que llega a establecerse a Nueva Inglaterra a la casa de una mujer soltera, quien se enamora del visitante de inmediato. Pero al profesor le interesa otra mujer, o mejor dicho, una niña de apenas 12 años, hija de la madre soltera: Dolores Haze, «Lolita».

Portada Lolita 1962

Portada Lolita 1962

La nínfula fue retratada en dos diferentes películas, la versión de 1962 de Stanley Kubrick y la más reciente de 1997 de Adrian Lyne. Ambas abordan la obra literaria de diferente manera. Ambas, también, tienen aciertos y fallas. En las comparaciones siempre habrá uno mejor que otro, pero antes de pasar a dar un veredicto, exploremos a las dos Lolitas.

La versión en blanco y negro de Stanley Kubrick nos presenta a James Mason en el papel de Humbert Humbert, Shelley Winters como la madre Charlotte Haze y la entonces debutante Sue Lyon como Dolores Haze.

Lo primero a destacar es la notable diferencia de edad entre la actriz y el personaje ficticio. En la cinta Lyon mostraba un cuerpo mucho más desarrollado al de una niña de 12 años (Lyon tenía entonces 16); esto salta a la vista desde el primer momento en que vemos a Lola tendida en el pasto del jardín de la casa, chupando una paleta y observando algunas revistas. A pesar de la diferencia de edad, Lyon ganó el globo de oro por su interpretación, premio que quizá pudo haber venido más por la excitación que provoca el mismo personaje que por lo hecho por Sue.

Escena pies Lolita 1962

James Mason hace una interpretación acertada del personaje y logra adentrar al espectador en su sique y el conflicto que vive el profesor al momento de lidiar con su querida nínfula. Uno bien podría pensar que quien vive esa sensación del primer amor, la emoción del primer beso y la excitación pura e instintiva del ser humano no viene por parte de la pequeña de 12 (16 en realidad) años, sino por el hombre de mediana edad quien vive un resurgimiento de esta pasión desmedida y hasta dañina.

Uno de los elementos más destacados de película de 1962 es la actuación de Peter Sellers, actor que trabajó también en la producción Dr. Strangelove (1964) del director neoyorquino. Sellers interpreta a Clare Quilty, un escritor que queda fascinado por Lolita y que completa el triángulo amoroso entre los tres personajes. De igual manera, Quilty funge como el doble de Humbert, la diferencia radica en que este escritor tiene un aura más oscura y recibe el cariño sincero de Dolores, mientras que a Humbert sólo le queda luchar una batalla perdida por el amor de Lolita.

Stanely Kubrick logra crear una atmosfera adecuada para los momentos de mayor tensión en la historia. Los planos que emplea nos adentran en la intimidad que se da entre el profesor y Dolores Haze. La iluminación destaca también en varios momentos, sobre todo en las tomas que se desarrollan en el hotel y la mansión de Quilty.

Sin embargo, la Lolita de Kubrick no es perfecta. La película no logra mantener un ritmo constante durante los 152 minutos de duración que tiene. Por momentos pierde la tensión que había logrado crear previamente, esto sucede sobre todo cuando Lolita no aparece a cuadro. La relación entre Humbert y Charlotte (madre de Dolores) no termina de convencer.

Kubrick tuvo la oportunidad de trabajar con el mismo Nabokov para el guion de la película, de hecho el autor ruso le pasó a Stanley una primera versión del mismo; resulta extraño entonces que esta versión no se haya apegado mucho más a lo que el libro describía y se haya optado por una adaptación más libre. A pesar de esto, el guion fue nominado al Oscar en la categoría de mejor guion adaptado en 1962; To Kill a Mockingbird de Horton Foote ganó en esa ocasión.

Sin ser una de las mejores películas de la corta pero sustanciosa filmografía de Stanley Kubrick, Lolita es una buena película para adentrarse en este tipo de temáticas en las que la sexualidad aflora y en donde la obsesión se convierte en un viaje peligroso.

En 1997 Lolita volvió a las pantallas, ahora a todo color, bajo la dirección de Adrian Lyne (Fatal Attraction, 1987) quien decidió emplear a Jeremy Irons como el profesor Humbert Humber. Melanie Griffith como Charlotte Haze y a Dominique Swain como la pequeña nínfula.

Lolita banana 1997

Dominique Swain interpretando a Dolores Haze

Una vez más la edad de la niña fue un factor a tomar en cuenta. Al momento de grabar la nueva versión, Swain tenía ya 17 años, sin embargo y a diferencia de Sue Lyon, la actriz aparentaba menos años y se acercaba más al retrato de la niña de 12 años que se describe en la novela.

Jeremy Irons realiza una interpretación aceptable del profesor Humbert. Logra apropiarse del personaje sin hacer una copia de lo que en su momento James Mason hizo con el profesor de inglés. El oriundo de la Isla de Wight, Inglaterra, le da una nueva cara al personaje y logra que el espectador se adentre en su fantasía y sufrimiento ocasionado por su amada Lo.

Algo que cabe destacar en ambas producciones es el que el papel de Charlotte Haze, además de ser un tanto efímero, nunca destaca de ninguna manera en las dos versiones. Es posible afirmar que la actuación de Shelley Winters es mejor que la de Melanie Griffith, sobre todo al momento en que la madre de Lolita descubre el enamoramiento de su amado Humbert Humbert con su hija. La manera en que muere la Charlotte de 1962 también está mejor elaborada que en la adaptación más reciente.

Frank Langella es el encargado de darle vida a Clare Quilty en la película de Lyne. Si bien el trabajo de Langella no tiene mucho que menospreciar, la comparación con la interpretación de Sellers lo deja en una posición inferior en cuanto a calidad se refiere. Es importante mencionar también que la participación de Clare Quilty en esta versión es menor que en la primera, lo que también redujo las posibilidades de Langella para poder destacarse todavía más.

A pesar de que las actuaciones de esta nueva «Lolita» no defraudan, el tratamiento que Lyne hace de la película deja mucho que desear, especialmente con una historia que tiene elementos para abordarse de formas más interesantes.

La adaptación de 1997 se apega más al libro, incluso muestra el primer acercamiento de amor que Humbert tuvo con una chica a la que conoció cuando era apenas un joven. Esto ayuda al espectador que no ha leído la obra a conocer un poco más sobre el origen de la obsesión del profesor de inglés.

Jeremy Irons y Dominique SwianPero a pesar de ser una película más “fiel” al libro, no termina de concretar un producto emocionante ni entretenido en muchos momentos. El ritmo de la cinta es lento y no termina de enganchar todos los elementos de la historia, incluso inserta características que poco ayudan a la película, como enfocar tres veces a una anciana que ve el momento en que Charlotte Haze muere.

Esta versión dura 137 minutos (15 menos que la adaptación de Kubrick), sin embargo se siente mucho más larga. El haber incluido más elementos de libro no representó que esta nueva versión fuera mejor que la anterior.

Ambas películas tienen finales distintos lo cual también representa la manera en que cada director decidió llevar a cabo su película. Al final, lo mejor es observar ambas adaptaciones y juzgar cuál logra concretar un mejor producto audiovisual.

Un par de consejos, 1) escuche la música de ambas cintas, la primera compuesta por Nelson Riddle y la otra por Ennio Morricone; 2) sin importar que adaptación prefiera, lea el libro.


Lolita
1962 | 152 min | Inglés | Estados Unidos y Reino Unido
Dirección: Stanley Kubrick | Guión: Vladimir Nabokov, Stanley Kubrick
Productor: James B. Harris y Eliot Hyman
Casa productora: MGM, Seven Arts, Anya Productions, Transworld
Reparto: James Mason, Sue Lyon, Peter Sellers, Shelley Winters
Fotografía: Oswald Morris |Música: Nelson Riddle | Edición: Anthony Harvey

Lolita
1997 | 137 min | Inglés | Estados Unidos y Francia
Dirección: Adrian Lyne | Guión: Stephen Schiff
Productor: Mario Kassar, Joel B. Michaels
Casa productora: Guild, Lolita Productions, Pathé
Reparto: Jeremy Irons, Dominique Swain, Frank Langella, Melanie Griffith
Fotografía: Howard Atherton |Música: Ennio Morricone | Edición: David Brenner, Julie Monroe


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