Las chicas también sentimos la punzada: Excítame ¡Maldición!

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Paulina Reynaga

@poli_semia

Alma tiene 15 años, muchos sueños y una cuenta de teléfono de más de 6000 coronas. Entre la lista de sus anhelos se encuentran Artur (el guitarrista del coro del pueblo), ir de fiesta con sus amigas, estudiar en Oslo y vivir en Nueva York. La lista de teléfonos en su recibo es otra historia. En ella, un único número resalta entre todos: el de la sex line a donde marca con tanta frecuencia que su operador de confianza se preocupa cuando pasa un solo día sin llamar.

Las llamadas a la línea sexual son sólo uno de los medios que Alma emplea para desatar su imaginación, aunque prácticamente cualquier cosa la echa a andar: la compañía de Artur, la visita de una amiga, el recuerdo de su jefe, el anaquel de revistas del súper. Por medio de las recreaciones de estos sueños, la cinta Excítame ¡Maldición! nos adentra en la cabeza de una chica adolescente, quien natural e inevitablemente se topa con el deseo y el amor.

El centro de la historia (basada en una novela homónima) se da entre alcoholes de contrabando en una fiesta cualquiera. Alma planeó hasta el último detalle en su cabeza: su hermoso vestido, la flor de su cabello, la forma en que Artur la tomaría de la mano por el bosque. Lo que nunca imaginó fue la forma tan inusual en que Artur le diría que le gusta: se topó con ella a solas y sin decir nada, la tocó con su pene. Lo que para Alma fue un momento increíble, para el resto del pueblo fue su ruina. A partir de ese instante se convirtió en Pikk-Alma (Alma-pito), y aunque la mayoría juraba que lo inventó todo, pocos se resistieron a burlarse de ella y orillarla a un solitario rincón.

El lugar donde todo ocurre se llama Skoddeheimen. Está en Noruega, pero bien podría ser cualquier pueblo del mundo, pues la serie de situaciones incómodas (e injustas) que el “toque” desencadenó para Alma tienen en su núcleo temas por demás cotidianos y entrañablemente humanos. Por un lado está la dificilísima tarea, tanto para Alma como para su madre, de reconocer la inevitable necesidad de afecto y placer. Por el otro, el rechazo social al ver dicha necesidad satisfecha. Poco extraña el doble estándar con el cual las amistades, los compañeros y los vecinos de nuestra heroína reciben el chisme. Mientras que ella es una mentirosa, una enferma o lo que es peor, une enferma mentirosa, nadie se inmuta por enfrentar a Artur. El chico sigue con su vida, sus amigos y su pegue. Alma por otro lado, es soslayada y humillada. El colmo es cuando hasta la más sensata de sus amigas cae en el juego y tiene que verla en secreto cada vez que desea consolarla.

El camino de Alma es difícil, pues además de enfrentar las típicas situaciones de la edad de la punzada (la independencia de su madre, su primer trabajo, las chicas pesadas de la prepa, las drogas blandas como accesorio de moda, incertidumbre sobre su futuro), se encuentra doblemente alienada. No tanto por haber tenido pensamientos y deseos sexuales, sino porque el incidente con Artur los hizo evidentes, innegables. El suceso trasladó algo privado al espacio público y,  aunque no es la primera ni la última chica calenturienta, la experiencia sí la hizo sentir como la única de la Tierra. La manera en que Alma le hace cara a esta afronta se representa en la película por medio de un bello y conocido recurso estético de transformación: el blanco, rojo y rosa de su vestuario; colores que nos señalan en cuál etapa del recorrido se encuentra.

La cinta tiene muchos otros aciertos. Uno muy grande es la complementariedad entre la ambientación musical (¿Kings Of Convenience les dice algo?) y los hermosos paisajes nórdicos, los cuales contextualizan tanto los sueños como las ambiciones que mueven las jóvenes historias del filme. Otro punto a favor son las interpretaciones de los no-actores que genuinamente encarnan a los protagonistas, especialmente la carismática Helene Bergsholm, quien interpreta a Alma. (Por cierto, otro trabajo actoral excepcionalmente logrado con adolescentes de la vida cotidiana es Somos Mari Pepa del director Samuel Kishi. Pueden leer la entrevista que le hicimos aquí).

Indudablemente hay que reconocer el trabajo de Jannicke Systad Jacobsen, la guionista y directora. Su adaptación de la novela y las divertidas sutilezas narrativas que eligió lograron contar una historia llena de franqueza y de gracia. No hace falta recordar que el tema del ejercicio de la sexualidad adolescente contada con la voz equivocada puede tener resultados escatológicos (American Pie, 1,2,3…9¿?) o terminar adscribiéndola exclusivamente a las prácticas de riesgo.

Es más que evidente lo terriblemente compleja que la vivencia de la sexualidad puede ser en la adolescencia (o a cualquier edad), pero el logro de esta película está en la simplicidad con la cual logra sacarla del cajón de los tabués y la deconstruye como lo que es: una parte más de la vida.


Få meg på, for faen  | Excítame ¡Maldición!
2011 | 76 minutos | Noruego, inglés | Noruega
Dirección: Jannicke Systad Jacobsen
Guión: Jannicke Systad Jacobsen y Olaug Nilssen (novela)
Producción: Brede Hovland | Casa productora: Motlys
Fotografía: Marianne Bakke | Música: Ginge Anvik | Edición: Zaklina Stojcevska
Reparto: Helene Bergsholm, Malin Bjørhovde, Matias Myren


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