La Naranja Mecánica: retrato de violencia y sexo

Fernando Barragán Franco
[colaborador invitado]

Hablar sobre parte del legado de uno de los directores de cine más importantes y reconocidos de todos los tiempos jamás será sencillo y traerá un sinfín de opiniones y perspectivas encontradas; habrá opositores y seguidores, así como reclamos o reconocimientos. Sin embargo, más allá de las prefencias o los gustos, el propósito del siguiente texto es rescatar una opinión sincera, y al mismo tiempo respetuosa, de una de las cintas más polémicas pero al mismo tiempo más conocidas de Stanley Kubrick, me refiero a La Naranja Mecánica.

La trama de la cinta se centra en Alex DeLarge (Malcolm McDowell), un joven de 17 años, aficionado al sexo, la violencia y la música clásica compuesta por Ludwig van Beethoven. El protagonista está acompañado por un grupo de amigos, con quienes —sin importales las consecuencias de sus acciones— comete asaltos y violaciones a mujeres. Tras la muerte de una de sus víctimas y la traición de sus compañeros, Alex es encarcelado por homicidio y, posteriormente, puesto bajo un experimento conductista para reformarlo y eliminar por completo los deseos violentos de su personalidad.

A pesar de la violencia física y sexual tan explícita e incómoda que se muestra a lo largo de la primera mitad de la película, me parece que el ritmo es constante y dinámico. Si bien es difícil digerir lo que se está presenciando, la trama avanza con bastante fluidez, permitiéndonos conocer a los personajes principales, así como sus motivaciones, personalidades y deseos. Además, aquí encontramos imágenes y escenas que se han convertido en parte importante de la cultura cinematográfica actual, como la secuencia inicial y el experimento en el cual Alex no puede cerrar los ojos.

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Alex con sus “drugos”

Por otro lado, me parece que la segunda mitad de la cinta decae un poco en cuestión de dinamismo, ya que volvemos a revivir escenarios, personajes y situaciones; es decir, después de las fuertes escenas se sexo y violencia que presenciamos, la última parte ya no resulta tan sorprendente. Sin embargo, esto no implica la ausencia de varios momentos emocionantes, pero entre cada uno de ellos existe un largo camino recorrido, por lo que la película puede llegar a sentirse pesada y lenta.

Sobre el rubro de las interpretaciones, todo el elenco cumple con su propósito, aunque quiero destacar algunos claroscuros; si bien Malcolm McDowell lleva a cabo una actuación más que destacada, los personajes de algunos actores, pese al poder de las escenas, se sienten algo caricaturizados y no tan realistas.

En el ámbito estético, me parece que decorados, vestuario, escenarios y fotografía sobresalen de manera destacada y ayudan a crear y moldear el arcoiris de emociones que provoca la cinta. Sin embargo, me gustaría señalar que pese a la sobresaliente ejecución de algunas coreografías en la primera mitad de la cinta, se sienten fuera de lugar y nada realistas, así como el uso de algunos instrumentos para llevar a cabo las escenas.

Cabe señalar que uno de los elementos más importantes de la película es la música, tanto la original como la compuesta por Beethoven. Este componente genera un contraste destacado en las explícitas escenas de sexo y violencia que provoca combinaciones de ansiedad, malestar e impotencia.

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Sobre la dirección de Stanley Kubrick, quiero resaltar que, pese a los detalles mencionados, logra sacar el máximo provecho a los componentes de la cinta, que goza de todos los elementos característicos del estilo personal del legendario director y que más adelante veríamos reflejados en películas como Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados en Hispanoamérica).

A manera de conclusión y a pesar de lo poco desarrollados que estuvieron los puntos que toqué anteriormente, quisiera dejar en claro que no detesto la película ni mucho menos; siempre he sido el primero en respetar el legado de Kubrick y las repercusiones que ha tenido en la manera de hacer y ver cine hoy en día.

Actualmente, la mayoría de los estrenos, tanto comerciales como no comerciales, son juzgados de una manera contundente, como si hubiera una verdad absoluta que todos compartiéramos. La Naranja Mecánica fue criticada severamente y censurada tras su estreno, y aún así se ha convertido en un referente obligado de la cinematografía mundial que sigue cosechando buenos comentarios. Personalmente, no es una de mis películas favoritas y he señalado por qué es así, pero reconozco que mi percepción cambió al verla por segunda ocasión; sin embargo, me parece sensato señalar que no es una cinta apta para cualquiera y que debe ser vista con una mente abierta que quiera probar algo muy distinto a lo que hemos visto en años recientes.

La prueba del tiempo ha juzgado a esta cinta candidata a cuatro premios de la Academia (Mejor Película, Mejor Director, Mejor Guión Adaptado y Mejor Montaje) y tres Globos de Oro (Mejor Película Dramática, Mejor Director y Mejor Actor Dramático), y la ha catalogado como una de las mejores películas jamás realizadas.


Fernando Barragán Franco. Gusta de las artes audiovisuales y escénicas, además de los videojuegos. Amante del PlayStation 4, Pokémon, Netflix y las películas de Disney. Su correo electrónico es: fernando.barragan.franco@gmail.com


A Clockwork Orange | La Naranja Mecánica
1971 | 136 min | Inglés | Reino Unido
Dirección: Stanley Kubrick | Guión: Stanley Kubrick, basado en la novela homónima de Anthony Burgess
Productor: Stanley Kubrick | Casa productora: Warner Bros., Hawk Films
Reparto: Malcolm McDowell, Patrick Magee, Michael Bates
Fotografía: John Alcott |Música: Wendy Carlos, Erika Eigen | Edición: Bill Butler


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