La lucha cinematográfica de Pablo Larraín

Por Jardiel Legaspi Gutiérrez

 

América Latina, esa zona de grandes riquezas y de grandes injusticias. De historias que atrapan sin siquiera pedirlo, de claroscuros inmediatos y de personajes entrañables. Zona que nunca deja de avanzar, a pesar de todo.

De esta parte del mundo se pueden contar un sinfín de cosas. Para el director Pablo Larraín Matte (Santiago, Chile, 1976) el objetivo es hablar de su país desde una perspectiva que envuelve un periodo de control y abusos.

Existen elementos que no escapan al cine hecho por Larraín: la dictadura militar, personajes siempre en busca de una mejor opción, una especie de escape o de supervivencia en todo caso; además de una suerte de actor fetiche que nunca falta en sus producciones.

Tony Manero (2008) comienza el devenir del cineasta por mostrar el Régimen Militar (nombre de la dictadura que el general Augusto Pinochet lideró en Chile de 1973 a 1990). En esta cinta el personaje principal es Raúl Peralta, un hombre común y corriente que admira, con obsesión desmedida, a Tony Manero, personaje que John Travolta interpretara en 1977 en la película Saturday Night Fever.

Con una visión oscura (y un humor del mismo tono) y controladora del ejército y carabineros, Larraín, a través de las acciones del Tony Manero chileno, muestra una sociedad poco esperanzada, con dificultades para sobrevivir y, sobre todo, con miedo.

Post Mortem (2010) es tal vez la película más poderosa en el aspecto visual de la filmografía del chileno. Una historia de amor entre Mario Cornejo, un trabajador de la morgue del Servicio Médico, y una bailarina que vive en frente de ella. Su fallido amorío se encuentra enmarcado en pleno golpe de estado, en donde la muerte ronda en cada esquina y la rebelión es atacada por todos lados.

Si con Tony Manero había llamado la atención, con Post Mortem Pablo Larraín confirmó su capacidad de contar historias en la pantalla y de continuar su crítica hacia el régimen. Por cierto, el final de Post Mortem contiene uno de los mejores del cine de Larraín, lleno de simbolismos que bien pueden definir casi todo el trabajo del director.

Con altas expectativas hacia el director llegó la película más famosa (que no la mejor) del nacido en la capital chilena, de nuevo, con el tema de la dictadura como telón de fondo.

René Saavedra (Gael García) es un publicista al que se le encomienda la labor de crear una campaña para detener el legado de Pinochet en la presidencia y llamar a elecciones en Chile. No (2012) resulta una cinta muy diferente de lo antes presentado por Pablo; en ésta, el tono es mucho más esperanzador y su desarrollo deja ver el fin de ese período de control y opresión (puedes leer un análisis más extenso sobre dicha película en este enlace).

Larraín siempre parte desde una perspectiva nacional, lo cual es comprensible, pues nació y creció durante la dictadura, lo cual seguramente marcó mucho de su personalidad e ideología. A pesar de que su padre fue senador y presidente de la Unión Demócrata Independiente (partido político chileno de derecha), el cineasta deja ver con su obra el repudio hacia esta ala política y muestra también todas las carencias (de expresión sobre todo) que tuvo el país durante más de 20 años de poder pinochetista.

Quizás esa una de las características más rescatables de la obra de Pablo Larraín, el hecho de que, aunque siempre actúa y muestra las vicisitudes de su país de origen, lo mostrado no se limita a Chile, sino que bien se puede acoplar a toda la región latinoamericana.

Aunque maneja temáticas similares, las películas del cineasta no dejan ver un tono demasiado personal, más allá del antes mencionado rechazo al régimen. Quizás no se puede encontrar un retrato completo en una sola obra, sino que hay fragmentos del director en cada película que graba, como si de piezas de rompecabezas se tratara, para poder completar el plano general.

Hasta aquí se ha hablado de tres películas que, desde tres puntos de acción diferentes, comparten el mismo contexto. Son también cintas ambientadas en la época del régimen, una característica más del cine de Larraín. Sin embargo, en su siguiente entrega se deslinda de esa ambientación y hasta del contexto citadino y nos presenta una de los mejores trabajos que ha realizado hasta el momento.

Situado en la comuna de Navidad, en la Región de O’Higgins, El Club (2015) nos introduce a un microcosmos en el que cuatro sacerdotes viven escondidos en una pequeña casa cerca de la costa, acompañados de una monja que los cuida y un galgo que los mantiene distraídos. Todos ellos, encerrados en su purgatorio terrenal, tienen un pasado oscuro que han tratado de olvidar pero que sale a flote cuando un nuevo inquilino, un pedófilo, llega a la casa.

El pasado de los sacerdotes revive y con él, lo que cada uno de ellos sabe hacer mejor, y no se trata de dar misa. Todo a consecuencia de Sandokan (Roberto Farías), quien se convierte en el recordatorio permanente  de sus tropelías.

Un elenco de primera y un desarrollo que no permite comodidad alguna al espectador, como sucede en Post Mortem. Esta película no deja de lado el abuso del poder, como en el resto de su filmografía, y hasta los intentos por esconderlos. Es también una cinta que deja ver un aspecto diferente de los interéses de Larraín: abordar situaciones complicadas (que suceden en la realidad) que no dejan indiferentes a las personas, aunque así lo quieran demostrar.

Pablo Larraín vuelve a contemplar la relación entre Estado y sociedad con la cinta Neruda (2016) —puedes leer el cácaro de esta cinta aquí—, donde el personaje principal es el escritor Pablo Neruda (Luis Gnecco), quien tendrá que emprender la huida de su país y refugiarse en Argentina ante la búsqueda del policía Óscar Peluchonneau (Gael García Bernal) enviado por Gabriel González Videla para encontrarlo y encarcelarlo.

Neruda se siente como una película romántica que, al igual que No, mantiene un estilo y acercamiento más positivo y lleno de anhelo por salir avante. Caben destacar los cambios en el estilo de dirección de Larraín, que se vuelven más íntimos y en el que juega más con las luces para crear atmósferas de suspenso y hasta humor negro.

La relación del poder y la opresión no es el único elemento que distingue la filmografía de Larraín. Es posible encontrar personajes que también comparten similitudes sin importar la película que se está viendo.

En todos existe una obsesión por lograr una meta difícil de conseguir, y hasta inalcanzable. Ahí está Raúl Peralta tratando de ser el mejor Tony Manero en un programa de televisión; Mario Cornejo y su amor platónico por su vecina vedette; René Saavedra y su deseo (oculto) por derrocar el régimen, cosa que no sale tan mal para él; cada uno de los sacerdotes de El Club enclaustrados en su escondite y reviviendo viejos tiempos y Eliécer Neftalí Reyes buscando, a como dé lugar, ser libre para seguir luchando.

La obsesión es acompañada de la lucha, de la supervivencia y de, a pesar de todas las adversidades, demostrar de lo que uno es capaz, aunque eso no baste. Los personajes de Larrín son entonces una especie de héroes anónimos que no lucen por sus éxitos, sino por el pundonor para salir adelante. En ese sentido, sus protagonistas, todos hombres, son figuras románticas que buscan su satisfacción personal pero que trae consigo un bien mayor.

Han sido varios los directores que recurren, una y otra vez, a una relación estrecha con algún actor o actriz para encarnar a sus personajes. Ahí están Martín Scorcese y Robert De Niro, Penélope Cruz y Pedro Almodóvar, Scarlett Johansson y Woody Allen. A la lista también debería sumarse la dupla Larraín – Castro.

El actor Alfredo Castro

El actor Alfredo Castro

Alfredo Arturo Castro Gómez (Santiago, Chile, 1955) es un dramaturgo y actor de teatro, cine y televisión que ha colaborado en cada una de las películas de Pablo Larraín. Estuvo ahí en su debut cinematográfico Fuga (2006). Fue Raúl Peralta en Tony Manero, Mario Cornejo en Post Mortem (protagoniza en ambas cintas); Lucho Guzmán, el jefe de René Saavedra en No; el padre Vidal en El Club y encarnó al presidente Gabriel González Videla en Neruda.

Si bien su participación ha ido disminuyendo en cuanto a protagonismo, es innegable la relación que han creado y mantenido ambos artistas. Algo que se agradece, pues el trabajo de Castro siempre destaca, sin importar si se trata de un papel principal o apariciones mínimas.

Otras actrices que han colaborado en repetidas ocasiones con el director son Amparo Noguera Portales (Santiago, Chile, 1965) y Antonia Zegers Oportot (Santiago, Chile, 1972). Noguera ha aparecido en Tony Manero (en el papel de Cony), Post Mortem (como Sandra), en No (donde fungió como psicóloga integrante de la campaña) y en Neruda.

La actriz Amparo Noguera

La actriz Amparo Noguera

Por su parte Zegers estuvo también Tony Manero (con un personaje pequeño como productora de televisión), en Post Mortem es Nancy Puelma, la bailarina de la que se enamora Mario Cornejo; en No interpreta a Verónica Carvajal, la exesposa de René y en El Club es la madre Mónica, la monja que cuida de los sacerdotes en Navidad.

La actriz Antonia Zegers

La actriz Antonia Zegers

Pablo Larraín es ya uno de los directores chilenos más reconocidos y exitosos. Ha ganado premios en diferentes festivales del mundo, de los que destacan el Art Cinema Award dado en la Quincena de Realizadores de Cannes en 2012 por No y Oso de Plata y Gran Premio del Jurado del Berlinale en 2015 por El Club. Además ha estado nominado en dos ocasiones al Óscar

Si bien es un director con varios logros, pareciera que hace falta esa gran obra que lo afiance como uno de los mejores directores ya no sólo de Chile, sino también de Latinoamérica.

El cineasta chileno ya incursionó en otro tipo de producciones. En septiembre de 2016 estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia Jackie, una película biográfica sobre Jacqueline «Jackie» Kennedy Onassis, interpretada por Natalie Portman. Cabe destacar que en dicho festival la cinta ganó el León de Oro al mejor guión.

Si bien esto es un logro alcanzado por el chileno, una nueva producción hecha desde la entrañas de Chile es algo que también se espera; quizás resulte ser su consolidación. Pablo Larraín puede ser un director versátil, sin duda, y también uno que puede posicionar la cinematografía de un país y una región en la mira de muchas personas.


Tony Manero
2008 | 97 minutos | Español | Chile, Brasil
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Pablo Larraín, Alfredo Castro
Producción: Juan de Dios Larraín y Pablo Larraín
Casa productora: Fábula Productios, Prodigital
Reparto: Alfredo Castro, Amparo Noguera, Héctor Morales…
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Miguel Hormazábal
Edición: Andrea Chignoli

Post Mortem
2010 | 98 minutos | Español | Chile, México, Alemania
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Pablo Larraín, Mateo Iribarren
Producción: Juan de Dios Larraín, Andrea Carrasco Stuven
Casa productora: Fábula Productios, Canana Films, Autentika
Reparto: Alfredo Castro, Antonia Zegers, Jaime Vadell…
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Juan Cristóbal Meza
Edición: Andrea Chignoli

No
2012 | 118 minutos | Español | Chile
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Pedro Peirano (adaptación de obra de teatro El plebiscito de Antonio Skármeta)
Producción: Juan de Dios Larraín y Pablo Larraín
Casa productora: Fábula
Reparto: Gael García Bernal, Alfredo Castro, Luis Gnecco…
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Carlos Cabezas
Edición: Andrea Chignoli

El Club
2015 |98 minutos |Español | Chile
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Guillermo Calderón, Daniel Villalobos, Pablo Larraín
Producción: Juan de Dios Larraín, Pablo Larraín
Casa productora: Fábula
Reparto: Alfredo Castro, Antonia Zegers, Jaime Vadell…
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Carlos Cabezas
Edición: Sebastián Sepúlveda

Neruda
2016 | 107 minutos | Español | Chile, Argentina, Francia, España, Estados Unidos
Dirección: Pablo Larraín
Guión: Guillermo Calderón
Producción: Renan Artukamc, Javier Beltramino…
Casa productora: Fábula, Funny Ballons, AZ Films, Sentembro Cine, Participant Media
Reparto: Luis Gnecco, Gael García Bernal, Alfredo Castro…
Fotografía: Sergio Armstrong
Música: Federico Jusid
Edición: Hervé Schneid


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