La langosta y otras bestias buscan compañía

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Paulina Reynaga

@poli_semia

David es un hombre de mediana edad. Tiene una ligera barriga, cabello oscuro, cejas espesas y es corto de vista. Cuando su esposa lo abandona por otro hombre, lo primero que le pregunta es si su nueva pareja usa gafas o lentes de contacto. Esa misma tarde, dos hombres llegan a su casa y lo escoltan hacia un extraño establecimiento.

El lugar en el que David (Colin Farrell) se encuentra es claramente un sitio de hospedaje, pero su naturaleza dista mucho de ser acogedora: el personal del hotel es altivo, las reglas son estrictas y a los huéspedes se les despoja de todas aquellas pertenencias que no sean absolutamente indispensables. Es extraño que David se adentre en este mundo en donde todo es blanco o negro. Todavía más extraño es que David llegara a este sitio en búsqueda del amor.

En La Ciudad, los habitantes están obligados a vivir en pareja. Si en algún momento de la vida un ciudadano se encuentra soltero, viudo o divorciado, éste es transferido al Hotel, en donde contará con 45 días para enamorarse de otra persona y regresar a La Ciudad con su nuevo acompañante. Si pasados los 45 días no lo consiguen, serán transformados en el animal de su elección.

Una vez que es admitido en el Hotel, David decide que si llega el día terrible, le gustaría ser convertido en langosta. No obstante, se empeña, como casi todos, en encontrar a la persona adecuada para él. Así, se incorpora a los ejercicios por medio de los cuales el Hotel ayuda a que sus huéspedes alcancen su cometido: reuniones “educativas”, bailes, actividades deportivas y sesiones de cacería de Solitarios.

En este dicotómico universo, los Solitarios son aquellos rebeldes que se rehúsan a seguir las reglas del Hotel. Ellos viven segregados en el bosque, en donde se exponen a ser capturados por los inquilinos del hotel para luego ser convertidos en animales. Cuando David comete un grave error que lo lleva a integrarse a la comunidad de Solitarios, éstos lo aceptan de inmediato, pero apenas se libera de las restricciones de un sitio comienza a adentrarse en las condicionantes de otro.

Aunque se apoyan como comunidad, entre los Solitarios todo tipo de relaciones afectivas están prohibidas y son cruelmente castigadas. Es justamente ahora, cuando David no lo tiene permitido, que comienza a enamorarse de una de las mujeres del ascético grupo (Rachel Weisz). La creciente atracción entre ambos personajes no sólo los orilla a explorar su vínculo en secreto sino que también les invita a desprenderse de las estructuras amorosas que imperan en su mundo.

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En la distópica sociedad de La Langosta (2015) poco importan las cualidades de los enlaces afectivos —si heterosexuales u homosexuales; si matrimonios, amoríos o uniones libres—. Lo que importa es vivir en compañía de otra persona y que exista una evidente compatibilidad entre ambos. La manifestación de esta sincronía es tan crucial en dicha sociedad, que cualquier defecto —cojera, miopía, afición por las ciencias sociales— o virtud en común —la cabellera, la sonrisa, la aptitud musical— basta para legitimar las uniones y asegurar la aceptación social.

Es así que el miedo a ser capturado o a que se agoten los 45 días reduce la búsqueda de un compañerismo genuino a la búsqueda de esa cualidad, a la búsqueda de cualquier semejanza que le demuestre al mundo entero que dos personas son, en efecto, la una para la otra. Estas normas sociales que encaminan la trama nos invitan a cuestionarnos la facilidad con la cual el amor —esa aterradora y vergonzosa palabra— se llega a confundir con la convención, el miedo a estar solo y la evasión de la sanción social.

En un mundo en donde sólo hay una forma correcta de amar y una forma correcta de estar solo, se limitan las posibilidades de expresarse íntimamente, de encontrarse con libertad en el otro, de construirse continuamente en el círculo más privado y de definir —solo o en conjunto— lo que constituyen el afecto y  la vida compartida. Al mismo tiempo, la decisión de no vivir acompañado se convierte en un estigma o en una lucha. En algo a lo que hay que evitar o a lo que uno se resigna con pesar. Como si la soledad no tuviera matices, goces y bellezas.

Inevitablemente, este sistema basado en la casualidad y la apariencia hace un fuerte eco en las uniones afectivas de este lado de la pantalla: ¿cuáles permitimos y cuáles no? ¿Cuáles son capaces de demostrar su legitimidad? ¿Por qué accedemos a los contratos amorosos tácitos o en papel? ¿Cuáles son nuestras reglas para vivir en soledad?

Si se habla de sus características estéticas, La langosta es una cinta de ciencia ficción que de forma discreta y sutil hace una fuerte crítica social sin imponer un deber ser. La construcción del mundo alterno en donde transcurre la película se desvela poco a poco, se demuestra con las acciones que ocurren en pantalla y no con diálogos ni con exposiciones groseras. De este modo, la historia se desarrolla al mismo ritmo que el espectador va comprendiendo las reglas del mundo que se representa. Otro acierto del género cinematográfico del filme reside en que, al presentarnos una sociedad que no funciona, se nos invita reconocer a la pantalla como espejo y a preguntarnos si otros mundos son posibles.

La langosta es además una comedia de humor seco, lo cual le ha ganado cierta incomprensión. Sin embargo, su puesta en escena casi robótica encaja perfectamente con las múltiples reglas que se empeñan en regir al amor dentro de la cinta y que además se instaura orgánicamente con su fotografía grisácea, fría, casi lúgubre, ad-hoc.

Al igual que con su reconocida cinta Kynodontas (Canino, 2009), el director y guionista Yorgos Lanthimos nos invita de manera prácticamente sociológica, a repensar aquella trama invisible que sostiene nuestras decisiones más privadas. En el caso de La langosta queda la discusión de si en la búsqueda de una pareja se encuentra la compañía romántica o la compañía de la sociedad.

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The Lobster | La langosta
2015 | 118 min | Inglés y francés | Irlanta, Reino Unido, Grecia, Francia, Países Bajos
Dirección: Yorgos Lanthimos | Guión: Yorgos Lanthimos  y Efthimis Filippou
Productor: Ceci Dempsey, Ed Guiney y Yorgos Lanthimos
Casa productora: Element Pictures, Scarlet Films
Reparto: Colin Farrell, Rachel Weisz, Léa Seydoux
Fotografía: Thimios Bakatakis |Música: Steven Price | Edición: Yorgos  Mavropsaridis


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