La cabezaborradora de Lynch

Jardiel Legaspi Gutiérrez

Hay películas icónicas que son fácilmente identificables por su historia, su sonido, su vestuario, sus actores o cualquier otro elemento dentro la misma que le da un toque único. Hay otras que sobresalen por lo malas que son; sin embargo, existe otro grupo de producciones que son difíciles de clasificar, entender y asimilar. En este último conjunto entra la ópera prima de un director que, si por algo se caracteriza, es por filmar películas que van  más allá de la simple imagen en pantalla.

Él nació en 1977, su creador en 1946. El primero vivía en un mundo surrealista industrializado, oscuro y bizarro, el segundo también. Uno luchó para poder conseguir lo que quería, el otro tuvo que vérselas con los otros para poder sobrevivir. Al final, los dos obtuvieron, cada uno a su modo, lo que querían y merecían.

La vida de Henry Spencer (Jack Nance) transcurre entre lo ordinario y lo grotesco. La gente a su alrededor es sombría y extraña, al punto de no saber exactamente qué es lo que están diciendo. El repentino nacimiento de su hijo, una especie de criatura deforme, con su querida Mary X (Charlotte Stewart) hará que la mente de Henry comience a trabajar a marchas forzadas, buscando salidas y encontrando, cada vez más frente a él, obstáculos que lo harán cuestionarse acerca de todo lo que lo rodea.

Lynch y Nance en rodaje

David Lynch y Jack Nance durante el rodaje de la cinta

Por su parte, la historia de David Lynch (Montana, 1946) nos lleva del norte de Estados Unidos al lado este de dicho país, en Carolina del Norte, y después a la capital para ir luego Virginia y Boston, sin olvidar el viaje fallido a Europa. Fue en Filadelfia donde comenzó a enfocarse en el cine y en donde también grabó sus primeros trabajos. No es de sorprender que tanto David como Henry hayan tenido experiencias en sus vidas que cambiaron su manera de pensar. No sorprende, tampoco, que la obra de Lynch explore diferentes visiones sobre aquello que está ahí pero que no siempre tiene el aspecto que todos esperamos. Esto no se limita al cine, es también pintor, músico, actor y escritor

Erasehead, o Cabezaborradora (1977) requirió de cinco años para ser terminada. David Lynch (escritor, productor  y director de la cinta) no pudo terminar su primer largometraje por falta de dinero. Es por eso que tuvo que conseguir el recurso a través de préstamos de su padre, amigos y de vender periódicos. La película por fin se terminó de grabar en 1977 y desde entonces ha recibido diferentes críticas y apreciaciones.

Mientras algunos pensaron que la película era horrible, otros la elogiaron. Stanley Kubrick (director de quien se han reseñado en este blog sus cintas Lolita, 2001: Odisea del espacio y La Naranja Mecánica) llegó a declarar que Eraserhead era una de sus películas favoritas. El mismo Lynch resaltó la importancia de esta película, «créanlo o no, Eraserhead es mi película más espiritual». El cineasta comenzó a meditar poco después de comenzar a filmar esta película, «y de hecho, eso podría ser cuando la señorita en el radiador nació».

Radiator lady

Radiator lady

Este texto no pretende fijar una postura sobre el significado de la cinta porque, como el mismo Lynch declaró en una entrevista el año pasado «es difícil de decir. Yo siempre digo lo mismo: cada espectador es diferente. La gente se adentra a un mundo y tienen una experiencia y traen consigo mucho que los hace reaccionar; es algo que ya está dentro de ellos».

Paulina Reynaga ya lo definía: «Una mente brillante es la que corresponde a alguien excepcional, sobresaliente, genial». En el caso de Henry y David todos los adjetivos calzan muy bien.

Henry pareciera que no nos ofrece mucho como personaje. Es un hombre demasiado tímido, que casi no habla; «I don´t much about anything» le dice al padre de su novia, mientras los dos guardan un silencio incómodo. Es, además, torpe en sus movimientos y en su manera de actuar. Pero Henry, en su interior, tiene mucho más claro qué es lo que quiere, aunque no lo logre expresar con palabras. Mientras su cabeza trabaja a miles de revoluciones por segundo, su cuerpo apenas puede seguirle el paso. Es por eso que los sueños de nuestro protagonista son las pistas que nos ayudan a entender(lo) todo aquello que está a su alcance. Sus miedos, preocupaciones y la atracción, casi pecaminosa, que siente hacia una bailarina de rostro peculiar.

David no dista demasiado de su creación. Es un director que expresa mucho más con sus películas que con sus palabras y basta hacer una revisión de su obra para darse cuenta que cada cinta encierra cierto misticismo, extravagancia y también su lado bizarro (lúcido y arriesgado). Lynch es un director que ha sido nominado en varias ocasiones, con algunos premios obtenidos. Curiosamente, su ópera prima no recibió ninguna nominación ni premio, pero sigue siendo la obra más difícil de comprender del artista.

Henry Spencer

Henry Spencer

Tanto el personaje ficticio como el real sobresalen por su sencillez aparente, pero no hay que subestimar a ninguno de los dos, pues ambos nos pueden sorprender en más de una forma. Eraserhead es una película a la que hay que adentrarse de manera libre sin esperar algo convencional.

Para adentrarse en la mente de Henry y David sólo hace falta seguir este enlace.


Eraserhead | Cabeza Borradora
1977 | 89 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: David Lynch | Guión: David Lynch
Productor: David Lynch, Fred Baker | Casa productora: American Film Institute
Reparto: Jack Nance, Charlotte Stewart, Allen Joseph
Fotografía: Herbet Cardwell, Frederick Elmes | Música: David Lynch | Edición: David Lynch


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