White god, o la venganza de los perritos asesinos

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Por Kenji Kishi Leopo
@KenjiCosme

El tráiler de la película es prometedor. Una niña juega con su perro de raza criolla de nombre Hagen. Luego se revela el palmarés: «Premio una cierta mirada en el Festival de Cannes», «Selección oficial en Sundance». Después viene el conflicto: al padre de la niña no le agrada el perro,  por ser criollo sus dueños tienen que pagar un impuesto especial y para colmo de males, la casera del edificio tampoco quiere al pobrecito y noble animal. A continuación el drama se acrecenta: raudo, el padre abandona al perro en una avenida, la hija llora, los espectadores también: ¿qué cosa más triste que ver al perrito abandonado correr detrás del automóvil donde su dueña le grita que volverá por él? La imagen se va a negros.

«Solo». «Abandonado». Hagen casi es atropellado por un camión. La niña pega anuncios con su foto. «Temeroso». Una jauría huye de los empleados de la perrera. Algunos son encerrados en cajas. «Y la única manera de regresar…», dicen las letras sobre un fondo negro. Perros lloran, luego otros ladran. Un hombre los mira con miedo. «…es rebelarse». Los perros empujan puertas, rejas, corren libres. Hagen corre por una calle oscura. Leemos los supers : «Una furiosa y hermosa parábola. New York Times review»; «Maestra. Variety», «Notable. Obsesionante y bastante extraordinaria. Deadline Hollywood». Luego nos enteramos que los perros están atacando toda la ciudad, «parecen un ejército organizado» dice el del noticiario. Perro destruye un bolso en medio de la calle. Perros atacan un teatro, corren por las escaleras. Hagen y la niña se encuentran de frente. Una hermosa toma abierta advierte la distancia entre los dos. «Te quiero también», le dice la niña. Sueña una música electrónica. Título: White God. De pilón vemos perros en un paso a desnivel, personas abandonan sus autos y corren temerosas.

Después de un tiempo, la película llega a cartelera. Después de ver el tráiler, corro a verla. Quizás es un poco raro que sea una película en la que el giro es una rebelión canina contra la crueldad e injusticia humana (similar a los que planteó la precuela de El Planeta de los Simios) pero, vaya, ganó en Cannes y estuvo en Sundance y New York Times y Variety dicen maravillas de ella. Así pues, voy emocionado.

La primera parte de la película cumple con las expectativas. Una fábula cuyo trasfondo es el siempre palpitante racismo de los países de Europa. Una estética sombría, cuyo uso de cámara en mano la emparenta con el cine de Lars Von Trier. A pesar de que los personajes parecen un poco cliché, las actuaciones son creíbles y en un código naturalista. Es cine europeo no tan radical del que le gusta a los festivales.

La segunda parte comienza a decepcionar poco a poco. Hagen es abandonado y decide buscar a su dueña. En el camino, cual película de Disney, conoce a otro perrito simpático que lo acompaña en su aventura. También hay perros villanos, pero no tan malos como los de la perrera, esos sí que son malvados. Hagen es atrapado y luego termina siendo entrenado para convertirse en perro de pelea. Al perro se le violenta constantemente y como espectadores nos sentimos sumamente incómodos.

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Lo que sigue después es digno de cualquier película de terror de serie B. Los perros se escapan y comienzan a organizar su venganza, la cacería a los seres humanos. «Eso está bien», pensamos al principio, pero conforme esa cacería se torna más ridícula, con todo y tomas cerradas de patitas de perros escondidos, es imposible tomarla en serio.  Sobra decir que la resolución, tipo flautista-trompetista de Hammelin, tampoco tiene sentido.

Salgo decepcionado del cine pero sobre todo con dudas. ¿Por qué mi crítica no coincide con lo que planteó el festival de Cannes al premiarlas en una categoría importante? ¿Qué le vieron críticos de medios de buena reputación como New York Times o Variety?

La primer pregunta se responde verificando cuáles han sido los premiados en la categoría Una cierta mirada (Un cértain regard) y los criterios para premiarlas. «Propuestas de talentos jóvenes que  sean innovadoras y atrevidas», dice la descripción de la selección. En 2012 ganó Después de Lucía de Michel Franco.  Otra película que, al igual que White God, es incongruente en el desarrollo de la trama.

Precisamente, la incongruencia es el gran defecto de la película de Kornél Mundruczó (el director de White God). La primera parte propone realismo crudo, tanto el uso de la cámara como las situaciones. Que la segunda mitad utilice códigos del cine de terror de serie B es bastante chocante.

Por otro lado, al leer las críticas del New York Times y de Variety ya completas, uno se puede dar cuenta que están bien sustentadas. Los críticos saben de los defectos de la película, pero se deslumbran más ante el subtexto racial (o especista si se es más exacto) y ante los logros técnicos, que ciertamente los tiene.

Caigo en cuenta que fui víctima de las promesas del tráiler. Como la gente que va a ver las 50 sombras de Grey porque fue muy polémica por sus escenas sexuales (ajá). Ciertamente White God no se puede comparar en cuanto a discurso y calidad con las aventuras seudoeróticas de Grey, pero el mecanismo que usa ese tipo de películas («de arte», dicen las salas de Cinépolis que lo exhiben) es similar: darle a su nicho de mercado lo que necesita para consumir su producto, los sellos de calidad de los premios, las frases más convenientes de los artículos de crítica. O como en este caso: un tráiler que supera a la propia película.


Féher isten| White God o  Hagen y yo
2014 | Húngaro | Hungría
Dirección: Kornél Mundruczó | Guión: Kornél Mundruczó, Viktória Petrányi, Kata Wéber
Productor: Viktória Petrányi, Eszter Gyárfás, Malte Forsell | Casa productora: Filmparters
Reparto: Zsófia Psotta, Sandor Zsoter, Lili Monori…
Fotografía: Marcell Rév | Música: Asher Goldshmitr | Edición: David Jancsó


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