El Grupo de Cali: todo comenzó por el cine

Por Adrián Carrera Ahumada | @acarrahu

 

En los años sesenta y setenta del siglo XX, en América Latina surgieron ideas y prácticas que algunos agrupan con la etiqueta de Tercer Cine y otros con la de Nuevo Cine Latinoamericano. Cada país tenía su corriente —en Brasil el Cinema Novo y en Cuba la idea del cine imperfecto, por ejemplo—, pero compartían el querer hacer películas que abordaran aspectos sociales y políticos de su propia región y se distinguieran del cine canónico y hegemónico, proveniente sobre todo de Estados Unidos. Sin formar parte activamente de dichas tendencias, pero compartiendo algunos principios con ellas, un grupo de jóvenes formaron un grupo en Cali, Colombia. Tenían inquietudes y los medios y energía para explorarlas. Eran inquietudes artísticas, pero también políticas e incluso existenciales. Ahora se les conoce como el Grupo de Cali y son considerados fundamentales en la historia del cine colombiano.

En 1971 Cali fue sede de los sextos Juegos Panamericanos. Entonces fue cuando Luis Ospina y Carlos Mayolo filmaron un documental contrario a los oficiales, que muestran el lado amable y bonito de los juegos. Recogiendo las opiniones de gente de a pie y con tomas desde el punto de vista de los excluidos, desde el otro lado de las rejas que resguardan los recintos deportivos, Oiga vea! (1971) es un manifiesto temprano del Grupo de Cali. Setenta y uno fue el año en que inició una etapa creativa y lúdica que se prolongó por dos décadas.

De izquierda a derecha: Ramiro Arbeláez, Andrés Caicedo y Luis Ospina en la cabina de proyecciónn del Teatro San Fernando de Cali.
Foto: Eduardo Carvajal

Dicho grupo estuvo integrado por personas que permanecieron un periodo y luego salieron, otras que estuvieron desde el principio hasta el final y algunas más que se incorporaron ya pasados los años: Carlos Mayolo, Luis Ospina, Andrés Caicedo, Ramiro Arbeláez, Sandro Romero Rey, Alejandra Borrero, Patricia Restrepo, Hernando Guerrero, Elsa Vásquez, Luiba Hleap, Ricardo Duque y Óscar Campo son algunas de ellas.

Además de filmar películas —documentales y de ficción— una tras otra, el Grupo de Cali incursionó en la literatura, la dramaturgia y las artes plásticas. También, con el escritor Andrés Caicedo a la cabeza, fundaron y mantuvieron el Cine Club de Cali y la revista de crítica cinematográfica Ojo al cine. Vivieron juntos en una casona llamada Casa Solar. Había «mucho entusiasmo, mucha cocaína», dijo Ospina en entrevista para el Festival Internacional de Cine de Morelia.

Luis Ospina, Luis Alfonso Londoño y Carlos Mayolo en la filmación de «Agarrando pueblo».

Quizá su trabajo más conocido es Agarrando pueblo (1977), también llamado Los vampiros de la pobreza, un genial mediometraje satírico que confronta lo que Ospina y Mayolo llamaron pornomiseria: la explotación comercial y estética de la pobreza. El mérito de este filme no se limita a su posicionamiento crítico en sí: es también la forma en que se posiciona. Sus autores juegan con la idea del cine dentro del cine, de la frontera entre (meta)ficción y documental, así como el uso de blanco y negro/color y múltiples puntos de vista. También ahí figuraba ya la metáfora del vampirismo como explotación de clases, que luego Mayolo trabajó más hasta proponer el género «gótico tropical».

El Grupo de Cali apuntaló el término «Caliwood», que se refiere a la producción cinematográficca de la provincia colombiana. Sin embargo, Caliwood no se limita a la vasta filmografía del Grupo de Cali, sino que empezó antes, con La María (Calvo y del Diestro, 1922), Flores del Valle (Calvo y Moreno, 1941) y La gran obsesión (Ribón, 1955), y su legado sigue ahora con el trabajo de, entre otros, Óscar Ruiz Navia, Ángela Osorio y Santiago Lozano.

Aunque Mayolo y Ospina fueron los directores más representativos del Grupo de Cali, y el mito de Caicedo creció enormidades con su suicidio en 1977 —cuando tenía 25 años—, la grupación trabajó en un sentido colectivo. «No hay un autor único sino un grupo de personas en el tiempo que han hecho cosas», dice el director Óscar Campo en el más reciente documental de Luis Ospina.

Meimbros del Grupo de Cali colaboraron con Werner Herzog cuando fue a Colombia a filmar «Cobra Verde». En la imagen, Sandro Romero, Herzog, Mayolo y Ospina.

El cine como vida y documento

«Vivo la angustia por el paso del tiempo, los materiales de aquellos años locos me llevaron a creer que todo instante no captado es un instante no vivido, y por tanto, un anuncio de la muerte». La cita es de Luis Ospina en entrevista para El País, y sirve para establecer las coordenadas de su más reciente película: Todo comenzó por el fin (2015).

Inevitablemente nostálgico, pero actual y directo donde hace falta, el denominado autorretrato del Grupo de Cali es el esfuerzo de Ospina por condensar la vida y obra de aquellos colegas suyos que en los años setenta y ochenta mezclaron creación artística, fiesta y experimentación.

El cineasta Luis Ospina. Foto: Jorge del Campo García.

El documental del cineasta caleño es un amoroso recuento centrado en Carlos Mayolo —fallecido en 2007—, Andrés Caicedo y él mismo. Por esto último, la película adquiere un toque personalísimo y autobiográfico. Hábilmente, Ospina —guionista, director y editor de la película— da saltos al pasado por medio de remembranzas de miembros del Grupo de Cali, la mayoría filmadas durante una reunión que organizó en su casa.

Todo comenzó por el fin presenta, en casi tres horas y media, un diálogo entre los recuerdos platicados y los trozos de realidad documentados, entre lo filmado y la memoria, entre el archivo y las anécdotas; todo lo anterior con el ancla al presente que es el mismo Ospina y su condición de sobreviviente amenazado —en el filme narra el progreso de una enfermedad delicada—.

Con esta pieza, Ospina alimenta la leyenda y constribuye a la preservación del legado de un grupo que hizo muchas cosas, pero sobre todo cine. En algún punto del documental, Ospina visita el Teatro San Fernando, que alguna vez fue sede del Cine Club de Cali. El lugar es ahora un templo y del cineclub solo queda un letrero: sobrevive el mito.

El documental de Ospina es una mirada sobre la mirada del Grupo de Cali, una entrañable pieza creada para que la memoria no sea polvo. Es también un audiovisual de largo aliento sobre la juventud y el cine de un colectivo. En Todo comenzó por el fin, el cine se manifiesta como vida y documento.

En México, el documental puede verse a través de la plataforma de video bajo demanda Filmin Latino.


Fuentes

Batlle, D. (2015). Crítica de Todo comenzó por el fin, de Luis Ospina. Otros Cines.
Calleja, F. (2016). Caliwwod y el Grupo de Cali, una introducción. Festival Internacional de Cine de Morelia.
Marcos, A. (2016). Caliwood: el cine que cambió Colombia desde una provincia. El País.
Ramírez, C.E. (2013). Recordando a Caliwood: Carlos Mayolo y el Grupo de Cali, Parte I. Antropologika.
Ramírez, C.E. (2013). Recordando a Caliwood: Los vampiros de la pobreza, Parte II. Antropologika.
Tapia, T. (2016). ¿Por qué los colombianos seguimos obsesionados con Caliwood? Vice Colombia.


Todo comenzó por el fin
2015 | 208 minutos | Español
 | Colombia
Dirección: Luis Ospina
Guion: Luis Ospina
Producci
ón: Luis Ospina y Sasha Quintero
Reparto: Beatriz Caballero, Andrés Caicedo, Carlos Mayolo…
Fotografía: Francisco Medina
Edición: Luis Ospina y Gustavo Vasco
Departamento de sonido: José Hernán Valenzuela


 

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