Gravity: Entre la Ley de Murphy y la Ley de la Gravitación Universal

GRAVITY

Paulina Reynaga

@poli_semia

Gravity, la película de Alfonso Cuarón que causó furor en el año 2013, recorrió un largo camino antes de llegar a las pantallas IMAX y 3D del mundo. Tras una prolongada espera para que estuviera disponible la tecnología necesaria para su realización, Alfonso y Jonás Cuarón tuvieron que enfrentarse al inframundo de la pre-producción. Ahora, más de un año y siete premios de la Academia después de su estreno, Gravity encara el nuevo reto de sobrevivir en pantallas de dimensiones más modestas.

Cuando el thriller sobre una astronauta (Sandra Bullock) que se encuentra a la deriva en el espacio se estrenó, la mayoría de las audiencias se mostraron cautivadas porque la magia del cine les otorgó una experiencia casi sin precedentes. Sin embargo, ahora que Gravity puede vivirse en la sala de estar, la laptop o los dispositivos móviles, el efecto envolvente que las salas de cine lograron se pierde y da lugar a que se manifiesten sus puntos más débiles.

No busco entrar en detalle sobre la veracidad de la ciencia que sostiene la historia, pues sin duda no estoy capacitada ni para notarla ni para explicarla. Tampoco entraré al debate de si Gravity califica como ciencia ficción o no. Aquello que deseo explorar son las libertades narrativas que ponen a prueba nuestra suspensión de incredulidad y la capacidad de transcendencia de la película.

Alfonso Cuarón ha declarado que Gravity es una ficción, no un documental. Ello justifica la flexibilidad con la cual se presentan algunos de los aspectos más estrictos del viaje espacial. Pese a que lo anterior, aunado a un minimalismo en la presentación de los personajes tiene como objeto que la historia avance y que se dé lugar al desarrollo de los protagonistas por medio de la acción y las interpretaciones de Bullock y Clooney, el efecto logrado es más bien contraproducente.

Por un lado, tenemos una cadena de repetitivas y terribles situaciones de las cuales Ryan Stone sale librada una y otra vez de manera azarosa. Esto no es nada nuevo en el cine, como bien constatan la filmografía de Michael Bay y las adaptaciones del cómic de su elección. Pero sin duda levanta sospechas que, una película que aparenta tomarse a sí misma muy en serio, nos muestre como una astronauta emplea el “tín marín de do pingüe” como método para operar equipo espacial chino y que no importa cuanta destrucción deje a su paso, la seguridad de la siguiente estación espacial siempre está a unos cuantos pasos.

Por otro lado, en Gravity encontramos diálogos que cuando no son crudamente expositivos “Vamos a visitar la estación espacial china” carecen de profundidad “Sé que nunca habías notado lo devastadoramente atractivo que soy”. Así, más que permitirnos construir nuestra versión de cómo son los personajes, cómo llegaron a sus encrucijadas y por qué deciden lo qué deciden, nos dejan perplejos y cuestionando si las personas que tenemos delante realmente tendrían que formar parte de una misión espacial.

En una película en donde la verdadera protagonista es la Ley de Murphy -si algo puede fallar, fallará-, las desgracias físicas que cíclicamente hacen su aparición no logran integrarse convincentemente a las desgracias emocionales de Stone. La pérdida de su hija y de su equipo de misión, el inevitable aislamiento, su obligada resiliencia, entre otros estragos sólo se amontonan al cúmulo de explosiones, choques, cuentas regresivas y la constante falta de oxígeno. Es entonces que el personaje de Bullock se convierte en un estandarte de todo lo que puede salir mal, pero que, como se nos recuerda constantemente, siempre encontrará una manera de superarlo. De este modo, las adversidades internas y las externas de la protagonista se amalgaman en una especie de bulto de mala suerte con fecha de caducidad. Si a eso le agregamos que desde el inicio Gravity nos acostumbra a que cada desgracia se verá conveniente y oportunamente resuelta, la conexión emocional que la audiencia establece con Ryan Stone se torna tan volátil como los respiros que ella toma entre golpe y golpe.

Aunque las terribles situaciones de la película llevan nuestra incredulidad casi al límite, sus logros técnicos, auditivos y visuales son innegables. Gravity ha conseguido transportarnos a un sitio que difícilmente conoceríamos si no fuera por el cine. Ha llevado nuestros sentidos al espacio de una manera en que pocas películas lo han logrado, y tanto visual como técnicamente estableció elevados estándares que no perdonarán a las odiseas espaciales del cine en los próximos años (véase la constante comparación con Interstellar).

Entre los impresionantes planos secuencia que caracterizan a su director, la pericia fotográfica de Emmanuel Lubezki y el impecable uso de las imágenes generadas por computadora (CGI), el ambiente en el que nos adentramos en Gravity nos permite experimentar sensorial e inmediatamente las situaciones de peligro, abismo y reclusión. Además, la banda sonora es en gran parte la responsable de la intensidad con la que se nos presenta el particular entorno y el uso del silencio efectivamente intensifica el terror e incertidumbre que más de alguno imaginamos se encuentra en el espacio.

Ya que la apreciación de dichas hazañas depende en gran medida de las condiciones de su visualización, las crueles secuelas del tiempo en los efectos especiales y la migración de Gravity a nuevas pantallas podrían disminuir su trascendencia. Más aún, que la película no cuente con el sustento de un guión precisamente sólido nos obliga a preguntarnos si ésta es de hecho más que la suma de sus partes.

¿Es Gravity una maravillosa experiencia audiovisual? Sin duda. ¿Una maravillosa experiencia cinematográfica? Que el tiempo lo decida.


Gravity | Gravedad
2013 | 91 min | Inglés | Estados Unidos y Reino Unido
Dirección: Alfonso Cuarón | Guión: Alfonso Cuarón y Jonás Cuarón
Productor: Alfonso Cuarón y David Heyman
Casa productora: Warner Bros., Esperanto Filmoj, Heyday Films
Reparto: Sandra Bullock, George Clooney y Ed Harris
Fotografía: Emmanuel Lubezki |Música: Steven Price | Edición: Alfonso Cuarón y Mark Sanger


Related Post

Trackbacks & Pings

  • La música del espacio | Cine qua non :

    […] espacios y movimientos. Si bien Gravity (2014) de Alfonso Cuarón tiene varias fallas en el guion (como bien expone Paulina Reynaga en este mismo blog), el score hecho por Steven Price logra que nos subamos a una montaña rusa de […]

¿Qué opinas?