Fight Club: una contradicción disfrazada de sátira

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Bryan Guevara
(@BryGuev)

 

Somos consumidores. Día con día y entre más pasan los años, salen al mercado nuevos y más variados productos que nos esclavizan de alguna u otra forma. Vivimos en una época en la cual siempre vamos a ser adictos a algo: café carísimo de calidad aparentemente alta, comida rápida procesada de precio accesible, alcohol barato, cigarros de tabaco o marihuana, cocaína, drogas sintéticas, alimentos azucarados, programas de televisión, deportes, negocios, apuestas, poder, sexo, el glorificado smartphone, la pantalla de pornografía y ocio, mejor conocida como tablet. La lista sigue.

Era 1999 cuando salió a la luz la cuarta película del director estadounidense David Fincher. Este filme es una adaptación de la novela llamada Fight Club (El club de la pelea) de otro autor estadounidense: Chuck Palahniuk, un hombre cuyo estilo al narrar historias se apega a la sátira y al humor negro. Palahniuk tenía otro libro en mente, uno que no pudo publicar debido a la negativa de su editor. Lo que había escrito Palahniuk era bastante perturbador y tras la negativa el escritor concibió Fight Club. El propósito de una nueva novela fue perturbar aún más al editor, quien irónicamente le vio mucho potencial al borrador y decidió publicarlo. La obra salió en 1996 y poco después la 20th Century Fox se interesó en adaptarla al cine. Fincher fue quien más ánimo tuvo para dirigir la adaptación; sabía que en Fight Club iba a encontrar su obra maestra.

La película nos cuenta la historia de un hombre estadounidense común (Edward Norton), quien lleva una vida rutinaria e intrascendente. Cansado de su estilo de vida y frustrado, enfrenta un problema que lo lleva a pedir ayuda psiquiátrica: el insomnio. El doctor considera que su condición no requiere de medicamentos, por lo que le aconseja asistir a grupos de ayuda. Ahí, el protagonista, de quien no conocemos su nombre, se inscribe al grupo de pacientes con cáncer testicular. De manera inesperada, vive un momento catártico cuando Bob, uno de los pacientes cuyos pechos han crecido grotescamente debido a un desequilibrio hormonal, lo abraza y llora sobre su hombro. El protagonista encuentra el placebo perfecto y decide inscribirse a más grupos de auto ayuda. Su vida parece retomar un rumbo agradable, hasta que una mujer llamada Marla Singer (Helena Bonham Carter), quien claramente no padece enfermedad alguna, se inscribe a los mismos grupos que él.

El protagonista regresa a su vida llena de frustraciones, atormentado por la presencia de la auto destructiva Marla. Sin embargo, conoce a Tyler Durden (Brad Pitt), un vendedor de jabones cuya personalidad termina por atrapar al protagonista. Tras una serie de sucesos, ambos terminan viviendo en la casa de Tyler, quien una noche afuera de un bar reta al protagonista a golpearlo lo más fuerte que pueda. El acto repentino de violencia atrae la atención de varios hombres que se reunían en el estacionamiento del lugar. La violencia se traslada al sótano del bar y es así como inicia el club de la pelea. Tyler organiza los brutales combates entre desconocidos, quienes tienen prohibido comentar en público sobre el club. La campaña violenta de Tyler tiene como propósito el «despertar» a los hombres y alejarlos de sus vidas controladas por el capitalismo y entretenimiento barato. Un desahogo para el hombre de mediana edad del mundo globalizado de finales del siglo XX. El protagonista se da cuenta que muchas personas que conoce de vista —meseros, trabajadores de limpieza, oficinistas, etcétera— se inician en el club de la pelea y pronto ve cómo un nuevo proyecto se alza en la mente revolucionaria y anarquista de Tyler: el proyecto Mayhem, cuyo fin es el de colapsar la economía mundial, crear un caos y así liberar a todos los hombres encarcelados por «el sistema».

La película fue un fracaso comercial durante su estreno. A los productores no les gustó el producto final y decidieron promocionar la cinta de una forma más discreta. Por si fuera poco, la crítica se vio muy dividida; a la película se le calificó de violenta, perturbadora y rebelde. El mensaje contestatario provocó que varios años después surgieran grupos de fanáticos, haciendo de Fight Club una obra de culto. El tiempo favoreció a la película, pero ¿realmente es una joya infravalorada? ¿La cinta de Fincher merece ser considerada un hito en el cine contemporáneo? ¿Es Fight Club una de las mejores películas de la historia, o por lo menos la mejor de la última década del siglo XX? Al Club de la pelea se le considera La naranja mecánica de los noventas y a Fincher se le compara con Kubrick. En mi opinión, ambas afirmaciones son erróneas y completamente gratuitas.

Fight Club es, a mi parecer, una película tramposa que hace completamente lo opuesto a lo que predica. La obra de Palahniuk adaptada por Fincher pretende ser antisistema y nihilista, pero no es más que una película comercial cuya ejecución es una calca de todos los elementos que critica. Empecemos por el argumento: el protagonista inicia siendo un esclavo de su vida de oficinista y termina esclavizado por el club de la pelea. Su adicción inicia con las terapias de grupo y busca el placebo con sus compañeros como un alcohólico busca una cerveza en una cantina. Con el club de la pelea, cambia un vicio por otro y ya en el proyecto Mayhem, por más que los participantes se vistan y se traten como iguales, olvidándose hasta de su identidad, siempre se le dará un trato especial al líder de la manada —siempre confía en Tyler—, al pez gordo, a aquél que ahora controla las vidas de quienes que se hacen llamar libres.

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El personajazo de Tyler Durden también suele contradecirse en su discurso; criticando modas y modelos, y exhibiendo su torso desnudo durante las peleas mientras presume su corte juvenil. «No eres tu trabajo, no eres tu cartera ni lo que hay en tu cuenta bancaria. No eres el auto que conduces…» y más cosas nos dice Brad Pitt, casi como burlándose de nosotros. Incluso el guión de la película es tan fácil, tan rápido, tan fast food como una Big Mac cualquiera. Fincher se encarga de servirnos todo el discurso en bandeja y sin pausa para intentar encontrar algo más allá de lo que nos dicen. La voz en off de Norton nos dice las cosas de manera explícita y obvia. No hay nada qué reflexionar, el protagonista te lo cuenta todo —I’m Jack’s easily manipulated mind—, te dice qué y cómo pensar, justo como cualquier medio masivo de comunicación. Hollywood, patrocinador oficial de historias polémicas que nos hacen quedar mal para darles la ilusión de que nuestros autores tienen total libertad de expresión, trajo para usted El club de la pelea. Disfrute la función y vuelva pronto. No olvide visitar la dulcería del complejo; cada mes contamos con promociones diferentes.

Quizás Fight Club sea la sátira de la sátira y yo esté equivocado. Lo cierto es que no es más que una obra confusa y autocomplaciente que no se cansa decirnos que no consumamos, pero no nos da alternativas. Es una película hecha por un director muy comprometido por decorar sus planos para que se vean imposibles de realizar, pero que se olvida por completo de su narrativa. Fight Club elevó a David Fincher a un nivel semidivino. Sus fans no se cansan de decir que es el Stanley Kubrick de esta generación, catalogándolo de incomprendido y complejo para el público general. Al menos en Fight Club, sigue estando en un nivel bastante alejado de lo que aparenta. La adaptación de la obra de Palahniuk es entretenida e intrigante, con un giro interesante, buenas dosis de acción y humor negro. Es ideal para acompañarla con un bote de palomitas y una bebida de la compañía refresquera capitalista de tu preferencia.


Fight Club | El club de la pelea
1999| 139 minutos| Idioma original: Inglés | País: Estados Unidos
Dirección: David Fincher | Guión: Jim Uhls
Productor: Ross Grayson Bell, Cean Chaffin, Art Linson| Casa productora: 20th Century Fox
Reparto: Brad Pitt, Edward Norton, Helena Bonham Carter
Fotografía: Jeff Cronenweth |Música: The Dust Brothers| Edición: James Haygood.

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