Expo D23: Pasado, presente y futuro del cine de Disney

Por Oscar Chavira | @Oscar_Chavira

 

El pasado 14 de julio se realizó la Expo D23 de The Walt Disney Company, un evento bianual creado en 2009 donde la empresa se celebra a sí misma y, entre otras actividades, muestra los avances de las películas que estrenarán en los siguientes dos años.

En cada edición el evento ha crecido en trascendencia conforme Disney ha configurado su imperio mediático. Este año en particular el evento se ha convertido en una pasarela donde la empresa de Anaheim se exhibe con los blasones de líder de la taquilla mundial.

Durante 2016, las empresas ligadas a Disney obtuvieron poco más de 7 mil millones de dólares, aproximadamente el 18% de la taquilla mundial total —cercana a los 38 mil millones de dólares—. Este es el nuevo récord de recaudación de un solo conglomerado cinematográfico a vencer en los próximos años. Un récord que probablemente sólo pueda romper la misma empresa.

Disney no sólo lidera la recaudación. Mucho más importante que ello: rige el calendario de estrenos anual de Hollywood, como parte de una estrategia de dominio mediático en salas de cine en todo el mundo. Por ello la pasarela de próximas películas a estrenarse de la pasada Expo D23 ha tenido una mayor trascendencia en medios y redes sociales.

Pero no todo está resuelto en el plan comercial de Disney. Cada división que produce cine tiene su propia dinámica y ello implica que, en una lectura con perspectiva a mayor plazo, en estos tiempos triunfantes de la empresa salgan a relucir sus ventajas y desventajas.

 

Disney Animation: tutela y evolución

La D23 despejó todas las dudas sobre qué división es la joya de la corona. La empresa que fundó Walter Elias «Walt» Disney en 1923 —de ahí el emblema D23 del evento— es el puntal del imperio mediático.​​

La división animada le ha dado al cine dos épocas doradas de cine de animación. La primera de ellas se dio bajo la tutela del fundador Walt Disney. Comenzó con el estreno de Snow White and the Seven Dwarfs (1937) y culminó con The Jungle Book (1967), precisamente tras la muerte del líder fundador.

Walt Disney dibujando a su más icónico personaje: Mickey Mouse. Foto: dominio público.

La segunda época dorada del estudio inició con la llegada de Jeffrey Katzenberg como responsable de la producción cinematográfica en los años 80. En 1989 se estrenó The Little Mermaid y dio inicio una etapa de éxito creativo. Se sucedieron Beauty and the Beast (1991), Aladdin (1992) y The Lion King (1994). Katzenberg salió abruptamente de Disney a mediados de los noventa, pero dejó en proceso The Hunchback of Notre Dame (1996) y Mulan (1998).

Después de estas dos etapas Disney Animation siguió produciendo películas, pero ya no con el éxito de crítica y gusto popular. Este punto es el talón de Aquiles de la división: la necesidad de un tutor que dirija la creatividad del estudio —que, sin duda, la tiene. Cuando hay ausencia de esta tutela, a la división le cuesta trabajo encontrar la forma de crear cintas que conecten rotundamente con el gusto del público y, sobre todo, acaban por no evolucionar las historias para adaptarlas a un público que cambia en gustos y perspectivas con el transcurso del tiempo.

Por eso la llegada de John Lasseter, genio creativo de Pixar, a la tutela de Disney Animation.

Lasseter llegó cuando Wreck-It Ralph (2012) y Frozen (2013) ya estaban en proceso. La primera resultó ser un éxito comercial sin la necesidad de una princesa en la historia; la segunda, la invención de la princesa moderna que llevó al estudio a su primer filme de mil millones de dólares en taquilla.

Bajo la tutela de Lasseter estrenaron Big Hero 6 (2014), Zootopia (2016) y Moana (2016). Tres años de tutelaje que han dejado dos Premios Oscar y otra cinta de mil millones en taquilla. Nada mal para el inicio de este periodo.

En la Expo D23, Lasseter anunció Ralph Breaks the Internet: Wreck-It Ralph 2 para 2018, con la mayor reunión de princesas de la historia. La única cinta sin princesas ahora las tendrá. Es Disney al fin y al cabo. Frozen 2 vendrá en 2019. La división animada se entregará a explotar las franquicias creadas antes de la llegada de Lasseter.

Lasseter parece ser la solución a la necesidad de tutela creativa de Disney Animation, por el momento. Con la división entregada a las secuelas quizá no haya una tercera época dorada de animación, pero mantendrá la audiencia y la taquilla.

Sin embargo, John Lasseter no es eterno.

 

Disney Pictures: el potencial emergente

Si la Expo D23 dejó en claro que Disney Animation es la joya de la corona, la empresa parece también comenzar a reconocer el potencial que tiene en su división de cintas de ficción live-action: Disney Pictures.

Disney Studios siempre ha sido relegado a un segundo plano porque el éxito comercial y de crítica siempre ha estado ligado a la animación. Pero ello no debería opacar los méritos de esta empresa.

En 1950, Walt Disney inició a incursionar en las cintas de ficción con Treasure Island. La cinta se convirtió en un clásico de sus tiempos. Cuando la empresa abrió su primer parque de diversiones había una atracción basada en la película que se convirtió en una de las favoritas de los asistentes.

La cinta demostró que Disney era capaz de competir con los grandes estudios hollywoodenses, sobre todo en el aspecto de los efectos técnicos, que después derivarían en efectos visuales.

Esta área, los FX han sido la marca registrada de Disney Studios, que ha legado al cine adelantos tecnológicos para volver realidad cualquier historia.

20,000 Leagues Under the Sea (1954), Mary Poppins (1964), Escape to Witch Mountain (1975), The Black Hole (1979), TRON (1982), Who Framed Roger Rabbit (1988) y Honey, I Shrunk the Kids (1989) dan cuenta de la tradición en la vanguardia de efectos visuales de esta división.

También dan cuenta de su esporádica producción y éxito, que tuvo un gran bache en los años noventa y principios del nuevo milenio. Curiosamente la producción que reencausó a Disney Studios fue una cinta de piratas, como la que le dio vida a la división.

Johnny Depp como Jack Sparrow. Imagen: fotograma de «Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest».

Disney quería reproducir el éxito del filme de 1950 para promocionar su nueva atracción de bucaneros en su parque de diversiones. Contrató a Jerry Bruckheimer, con larga carrera en cintas de acción, para producir la cinta. Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl estrenó en 2003. Gore Verbinski dirigió la cinta protagonizada por Jhonny Depp, Geoffrey Rush, Keira Knightley y Orlando Bloom.

La película no sólo consiguió el objetivo de promocionar la atracción en los parques de diversiones de Disney: fue un éxito de taquilla y obtuvo una nominación al Oscar para Depp.

Más importante que el éxito momentáneo, la cinta de Jerry Bruckheimer le dio al estudio su primera franquicia exitosa en el nuevo milenio y la fórmula de producción para continuar la racha triunfadora.

Disney Pictures comenzó a ser una especie de división becaria. Bienvenidos directores consagrados o noveles que cumplan el perfil para una película específica —familiar, con un gran elenco y grandes efectos visuales.

La saga de Piratas del Caribe siguió rindiendo frutos en taquilla, quizá ya no tanto de crítica. Vino TRON Legacy en 2010. Y luego la cinta que inauguró un nuevo concepto en Disney.

Alice in Wonderland estrenó en 2010. La película en acción real basada en la cinta animada de 1951 era el retorno de Tim Burton a su casa productora de origen. Protagonizaron Johnny Depp, Mia Wasikowska, Anne Hathaway y Helena Bonham Carter. La recreación visual y efectos, impresionantes. Fue la primera cinta del estudio de mil millones de dólares en taquilla.

El remake live-action de películas animadas se convirtió en la segunda franquicia de la división. Siguieron Cinderella (Kenneth Brannagh, 2015), The Jungle Book (Jon Favreau, 2016) y Beauty and the Beast (Bill Condon, 2017).

No todo ha sido éxito en Disney Pictures. Tomorrowland (2015), Into the Woods (2014) y The Lone Ranger (2013) tuvieron resultados decepcionantes a pesar de seguir la fórmula de producción.

Disney Pictures anunció sus nuevos estrenos en la Expo D23. A Wrinkle in Time estrenará en 2018. Es Disney y sus fijaciones: en animación son las princesas; en ficción, el viaje en el tiempo. Mary Poppins Returns, una gran apuesta por modernizar a la nana victoriana, estará en cines en 2019. Luego vendrá The Lion King en live-action. Con Jon Favreau en la dirección, un nuevo éxito y récord, por lo menos.

Disney Pictures parece encaminarse a su época de oro en la producción. Es el único estudio de la empresa que no está atado a un género o una sola franquicia, eso le da un mayor potencial que sus divisiones hermanas.

A la izquierda, fotograma de «Mary Poppins» (1964); a la derecha, «still» de «Mary Poppins Returns» (2018).

 

Pixar: en busca de nuevas glorias

En la pasarela Expo D23 Disney anunció los próximos estrenos de Pixar Studios. Coco (Lee Unkrich), otro filme animado sobre la muy peculiar idiosincrasia mexicana sobre los muertos, para octubre de 2017. The Incredibles 2 (Brad Bird), por fin después de una larga petición y espera por parte de los fans, para 2018. Toy Story 4 (Josh Cooley), apostando por una tetralogía perfecta, para 2019.

Pixar entregará una cinta con historia original y luego dos secuelas. Después, como se anunció, la división se comprometerá únicamente con relatos nuevos. Esta nueva directriz es una respuesta necesaria tras el largo debate entre realizadores y audiencia sobre si acaso Pixar había perdido el rumbo.

Cuando, en noviembre de 1995, se estrenó Toy Story (John Lasseter), es indudable que la historia del cine cambió, sobre todo del género de la animación. Pixar ya había demostrado previamente el potencial de la animación digital con varios cortometrajes auspiciados por las ganancias que tenía el estudio como una empresa de efectos visuales.

Ese potencial fue vislumbrado por Jeffrey Katzenberg cuando era jefe de los estudios cinematográficos de Disney. Katzenberg fue el más entusiasta promotor de la alianza entre las dos empresas para que el pequeño estudio pudiera producir el primer largometraje totalmente hecho en animación digital.

Disney pagó cinco filmes de Pixar a un precio fijo. De esta forma Toy Story, A Bug’s Life (1998), Toy Story 2 (1999), Monsters, Inc. (2001) y Finding Nemo (2003) pasaron a ser cintas distribuidas por Disney y obtuvieron impresionantes ganancias en taquilla.

Cuando Pixar quedó libre de su deuda con Disney, tuvo un breve periodo independiente durante el cual estrenó The Incredibles (2004), Cars (2006) y Ratatouille (2007).

En 10 años Pixar produjo ocho largometrajes animados, siete de ellos con una historia original. Ganó dos Premios Oscar como mejor largometraje animado y algunos más por música y sonido. Poseía una franquicia, Toy Story, que, junto con Cars, tienen un merchandising impresionante.

Era imposible que Disney no se quedara con semejante potencial creativo y de taquilla. La compra de Pixar se anunció en enero del 2006. La primera pieza en un plan a largo plazo para convertirse en un gigante del entretenimiento en pantalla.

John Lasseter —miembro fundador de Pixar y ahora jefe de Disney Animation Studios— retratado en 2012. Foto: Matt Hoyle / Getty Images.

Diez películas ha producido Pixar bajo la dirección de Disney. Cinco han sido historias originales: WALL-E (2008), Up (2009), Brave (2012), Inside Out (2015) y The Good Dinosaur (2015). Las cuatro películas más exitosas de Pixar han tenido secuelas o precuelas bajo la tutela de Disney: Toy Story 3 (2010), Monsters University (2013) y Finding Dory (2016). Por último, la franquicia con el mayor merchandising ha tenido dos secuelas Cars 2 (2011) y Cars 3 (2017).

En este periodo el estudio ha conseguido seis Premios Oscar como mejor largometraje animado. Pero, si a finales de los años 90 y principios del nuevo milenio era indudable el lugar de Pixar en las nominaciones de la Academia de Hollywood, hoy día ese puesto ya no se tiene asegurado del todo. Ha habido ceremonias del Oscar en que Pixar ha estado ausente por completo.

Es indudable que Pixar inició una nueva etapa de bonanza de la animación, sobre todo de la que se realiza por computadora. Y esa bonanza ha sido secundada por nuevos estudios que emulan la fórmula de entretenimiento moderno para adultos y niños. La animación se ha convertido en un mercado tan competitivo que ha revolucionado la forma de producir cine en toda la industria.

Desde que inició la década reciente se ha generalizado el debate de si acaso Pixar ha perdido el rumbo creativo. Es un hecho que actualmente las propuestas cinematográficas de otros estudios acaparan el interés de aquellos que buscan novedad dentro de la animación. Pixar en ese sentido ya no es la vanguardia del gremio, sino uno más de los competidores.

Pixar tiene un gran reto por delante: ser fiel a sus principios de cine de animación de vanguardia al tiempo que cumple sus obligaciones financieras con Disney. Este último punto es, quizá, la mayor atadura que tiene el estudio.

Sus últimas tres películas han tenido un costo entre 175 y 200 millones de dólares. Un precio carísimo si se tiene en cuenta que con 30 millones más Lucas Film hizo Rogue One (2016). Este costo tan elevado de las cintas obliga a que la taquilla sea mayor de 500 millones de dólares para que el proyecto tenga salud financiera. Ello ejerce una fuerte presión al decidir en qué tipo de historias se va a arriesgar tanto dinero.

El hecho de que los más fuertes competidores de Pixar tienen un costo promedio de película tres veces menor agrega un extra a los compromisos presupuestales de la división. Por citar un ejemplo: Minions (2015), de Illumination Entertainment, costó 75 millones de dólares y rebasó la barrera de los mil millones de dólares en taquilla. Esta situación tuvo un gran peso para que Pixar, bajo la dirección de Disney, apostara por lo seguro y la mitad de sus producciones fueran secuelas.

El problema no es que Pixar haya perdido el rumbo. Las cinco películas que no han sido historias originales desde 2007 dan muestra de que el ingenio ahí está. El problema es que las obligaciones financieras de la empresa han canalizado esa creatividad en fórmulas repetitivas de ganancia asegurada.

Tal parece que la nueva bonanza en Disney Animations liberará un poco a Pixar de dicha responsabilidad. El anuncio de que a partir del 2020 la división dejará las secuelas es la mejor noticia para los fans y para el cine en general.

Entonces será el momento que Pete Docter, Lee Unkrich, Brad Bird, Ronnie del Carmen, entre otros, demuestren que pueden llevar a Pixar a nuevas glorias, dentro de Disney, y sin la tutela de su mentor John Lasseter.

 

Marvel Studios: fórmula agotada

Nadie como Kevin Feige se sintió a sus anchas en la pasarela Expo D23 de Disney. El CEO de Marvel Studios en la plenitud del poder.

Kevin Feige participó en uno de los hechos fundacionales de la época de oro del cine de superhéroes: fue productor asociado de X-Men (Bryan Singer, 2000). Esa experiencia le sirvió a Feige, fanático de los cómics, para vislumbrar que los avances en efectos visuales habían llegado al nivel de poder realizar cualquier historia de superhéroes con una realidad sorprendente.

Esa visión fue la que le vendió a Marvel cuando todavía era una empresa que se dedicaba casi en su totalidad a su negocio editorial y tenía como una actividad menor administrar los derechos de sus personajes —cedidos a varios estudios de Hollywood que habían hecho intentos mayormente fallidos para hacer una cinta de superhéroes.

Marvel había pasado por crisis financieras recurrentes durante los años 80. Ello le había obligado a conseguir financiamiento fuera de su negocio editorial. Así pues, se aprestó a vender los derechos para cine de algunos de sus personajes a Hollywood. 20th Century Fox se quedó con la mayoría de los X-Men. Sony Pictures, tras varias adquisiciones de estudios menores, se hizo de los derechos de Spider-Man.

Ambos estudios habían tenido experiencias exitosas en cine cuando inició el auge del cine de superhéroes. Bryan Singer dirigió dos cintas memorables de los X-Men. Sam Raimi, dirigiendo dos filmes de Spider-Man, había demostrado que las películas de superhéroes no sólo podían ser memorables sino enormemente taquilleras.

En 2007 X-Men: The Last Stand (Brat Rettner, 2006) y Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007) fueron un fracaso en la opinión de los fans y la audiencia en general. Parecía que el modelo de franquicia del cine de superhéroes sólo había tenido una efímera relación sana con la audiencia. Es el momento en que la visión de Kevin Feige apostó por el modelo pero con una fórmula narrativa renovada.

Marvel anunció que Hollywood no entiende a sus personajes y que Marvel Studios pasaba de ser simplemente una división administradora de derechos a una división cinematográfica completa bajo la tutela de Kevin Feige.

La división debutó como estudio formal en la gran pantalla con Iron-Man en 2008. Dirige Jon Favreau, que ya había fracasado estrepitosamente en Daredevil (2003). Protagonizaron Robert Downey Jr., tras salir de una de sus tantas rehabilitaciones de drogas, y la cuasi retirada Gwyneth Paltrow. Todos ellos bajos la producción de Kevin Feige.

Iron-Man no tuvo la taquilla de las cintas de Spider-Man de Raimi. Estuvo más cercana a los ingresos de los X-Men de Bryan Singer. El gran logro es otro: la fórmula narrativa. La épica de la historia era más relajada y se permitía una cantidad de gags como no había tenido nunca el género. La cinta tiene los mejores adelantos en efectos visuales y la acción es asombrosa. El superhéroe de Marvel es un personaje más cool, por ello Robert Downey Jr., como Tony Stark, consigue un personaje icónico del cine.

Kevin Feige y su visión del cine de superhéroes aprobaron con honores su examen inicial en Marvel Studios, en Hollywood y en el género. Eso no pasó desapercibido para Disney, que supo entender a cabalidad la visión de Feige.

En 2009 Disney anunció la compra de Marvel —su negocio editorial, derechos de personajes y estudios. Kevin Feige se convirtió en el CEO de Marvel Studios, con luz verde para llevar a cabo la mayor expansión en la historia del cine de un universo de personajes.

La era de Marvel Studios, bajo la dirección de Disney, inició con Iron-Man 2 (Jon Favreau, 2010): la cinta logró 620 millones de dólares en taquilla, acercándose a los niveles del Spider-Man de Raimi.

La «Fórmula Marvel» inició con Iron Man y tres cintas de Tony Stark, le dio vida a Thor y Capitán América en sus respectivos filmes y consiguió el primer crossover superheróico de la nueva época de oro del cine de superhéroes.

«Still» de «The Avengers» (2012).

The Avengers (Joss Whedon) se estrenó en 2012. En esa cinta convergen Thor, Capitán América y Iron Man. Aparecen también Hulk, Black Widow, Hawkeye y otra gama de personajes que conforman la corporación S.H.I.E.L.D.. La cinta le dio su primera producción de mil millones de dólares en taquilla a Marvel Studios.

Tras el éxito de The Avengers vinieron Guardians of the Galaxy (James Gunn, 2014), Ant-Man (Peyton Reed, 2015) y Doctor Strange (Scott Derrickson, 2016) y personajes secundarios a sumarse a la expansión del universo de Marvel (mejor conocido como Marvel Cinematic Universe). Luego un par de cintas para consolidar el crossover de superhéroes con Avengers: Age of Ultron (2015) y Captain America: Civil War (2016).

Son ocho años en que Marvel Studios ha sido fundamental para alargar la época dorada del cine de superhéroes. Su expansión de personajes dicta cátedra de cómo llevar exitosamente un conjunto de franquicias cinematográficas.

Pero así como ha sido frenética la producción de la división, en la misma proporción ha desgastado la «Fórmula Marvel» (previamente abordada en este texto) que antes era la novedad en el género y hoy es cotidianidad cada vez más aburrida.

Spider-Man: Homecoming (Jon Watts, 2017) ha evidenciado como ninguna otra película el agotamiento de la «Fórmula Marvel». La cinta abusa del gag, pierde la épica del superhéroe, no sorprende mucho en efectos visuales y es en una buena proporción un infomercial de los Avengers. El consenso es que no es mejor que el Spider-Man de Sam Raimi.

Resulta más evidente el agotamiento de la «Fórmula Marvel» con el hecho de que sus competidores han encontrado éxito realizando cintas contestatarias a esta narrativa.

20th Century Fox presentó Deadpool (Tim Miller, 2016) y Logan (James Mangold, 2017). Cintas de clasificación para adultos, políticamente incorrectas, con tratamiento del personaje decadente y oscuro. La única similitud con la «Fórmula Marvel» es el protagonista cool.

Warner Bros. parece haber encontrado los equilibrios necesarios para su fórmula de superhéroes en Wonder Woman (Patty Jenkins, 2017), épica dramática un cuanto exagerada, imagen oscura. Nuevamente el protagonista cool es la única similitud con las cintas de Marvel.

A pregunta expresa de un reportero sobre si Marvel Studios estaba considerando replantear el tono de sus cintas tras el éxito de otros estudios, Kevin Feige fue enfático: el rumbo está definido y no habrá modificación a la «Fórmula Marvel».

Nadie en la Expo D23 de Disney se sintió tan pleno como Kevin Feige al presentar lo que viene de Marvel Studios. Thor: Ragnarok (Taika Waititi) estará en salas en noviembre de este año; Black Panther, para febrero del 2018; y, por fin, Avengers: Infinity War, para mayo del próximo año.

Kevin Feige se ufana. Avengers: Infinity War tendrá la mayor reunión de superhéroes de la historia del cine: son las nuevas «princesas» de Disney.

Hay quienes piensan que la época dorada del cine de superhéroes está llegando a su fin. Marvel Studios, la vanguardia del género, da argumentos comprobados para ello.

Kevin Feige se regodea en la pasarela de la Expo D23 de Disney. Recuerda mucho a Jeffrey Katzenberg como CEO de Disney en los 90. Todo lo que sube, tiene que caer.

Poster promocional de «Avengers: Infinity War» revelado en la más reciente Comic Con.

 

Lucas Film: las ilusiones de un culto

En el día de Halloween de 2012 Disney anuncia que ha comprado a George Lucas sus empresas de cine, entre ellas Lucas Film, poseedora de los derechos de la saga de Star Wars.

La respuesta generalizada de la fanaticada fue de decepción. Una minoría  aplaudió la medida.

Antes de esta compra el consenso era que la continuidad de la saga de Star Wars no debía seguir en manos de George Lucas. El divorcio entre los miembros del culto de Star Wars y su creador son uno de los grandes dramas tras bambalinas de la historia del cine.

La ortodoxia del culto de Star Wars no le perdona a Lucas la manipulación digital y alteración de escenas que hizo de la trilogía original para la actualización de video casero en DVD y formatos posteriores. Tampoco le perdonan películas, personajes, tratamiento y protagonistas de la segunda trilogía.

Fue George Lucas contra el culto que creó. Un monstruo de millones de cabezas que acabó la posibilidad del retorno de Lucas como director. Por eso la larga pausa entre las dos trilogías. Por eso la venta para dejar de lado el hándicap en contra que ya representaba George Lucas para la franquicia. Cuando Lucas firmó la venta de Lucas Film, estaba también firmando su carta de renuncia a la división.

Al frente de Lucas Film, ya dentro de Disney, quedó Kathleen Kennedy, la segunda al mando en tiempos de George Lucas. Kennedy quedó a la par de John Lasseter de Disney Animation y Kevin Feige de Marvel Studios. En ellos están las mayores apuestas de la empresa.

La misión de Kennedy no era nada sencilla. Lucas Film representaba la última pieza de Disney para tener control del calendario de estrenos de Hollywood y llegar a la supremacía de la taquilla de cine en gran pantalla. Si fracasaban Kennedy y Lucas Film, el imperio mediático de Disney tendría un gran tropiezo y habría necesitado más del lustro que le llevó llegar a un récord de taquilla mundial sin parangón.

Esa era la misión de Lucas Film al interior de Disney. Pero el reto de la división para con el culto era aún mayor. La siguiente película de Star Wars sentaría un precedente para el futuro de la saga. Un error en la cinta y la ortodoxia del culto se vendría encima de la empresa como lo hizo con Lucas.

Kathleen Kennedy no es una novata del cine de blockbusters. Ella, junto con su esposo Rob Marshall, perfiló gran parte del cine taquillero de los años 80 y varios de los éxitos de la carrera de Steven Spielberg. Kennedy fue ascendiendo posiciones en el escalafón de producción hasta convertirse en la voz directiva de Lucas Film.

Tras ser ratificada como jefa de Lucas Film, Kennedy le dio forma al futuro de Star Wars y anunció Episodio VII con el exitoso J.J .Abrams en la dirección y el retorno de John Williams para la banda sonora. Las expectativas se fueron por las nubes entre la audiencia y el culto.

Es el primer minuto del viernes 17 de diciembre de 2015. Estreno mundial de Star Wars: Episode VII – The Force Awakens. Y es una decepción. La historia parece más un remake del Episodio IV, pero con una protagonista.

¿Qué sucedió dentro de Disney, Lucas Film y el grupo de Kathleen Kennedy?

La respuesta es una sola: miedo. Miedo a que la cinta se sintiera muy diferente a lo que defendía el culto de la saga y que ésta se fuera contra la cinta, contra la empresa y contra el futuro de la franquicia. Del tamaño del miedo fueron las ataduras que les impusieron a los guionistas y a J.J. Abrams para la realización de Star Wars: Episode VII – The Force Awakens.

Al final la cinta dividió opiniones. Hubo decepción, sí, pero había premisas que anticipaban algo mejor para el futuro de lo que hubiera podido ofrecer la saga bajo la tutela de George Lucas.

Entonces vino Rogue One (2016).

Poster promocional de «Rogue One».

Lucas Film anunció una historia que se situaba cronológicamente posterior a las Guerras Clónicas, realizadas en una serie animada, y el tiempo del Episodio IV. Los personajes principales no serían ninguno de los protagonistas importantes de la saga.

Era la apuesta de Lucas Film por libertad creativa, por brindar algo más allá del concepto original de Star Wars. Era la cinta que apostaba por una nueva relación con el culto y la historia que podía enganchar nueva audiencia ausente de ese fanatismo.

La cinta no levantó el revuelo que podría esperarse de una de Star Wars. El proyecto tuvo más tropiezos que el Episodio VII. Terminada la película hubo un llamado a volver a filmar algunas secuencias. Alexandre Desplat fue removido de la composición del score; en su lugar entró, a quemarropa, Michael Giacchino.

Rogue One estrenó el primer minuto del 16 de diciembre de 2016. Gareth Edwards entregó la que para muchos es la mejor película de Star Wars en décadas. En la cinta no hay miedo: hay apuestas narrativas que funcionan estupendamente.

La cinta levantó aplausos al final de las funciones. Las expectativas por la llegada de los episodios VIII y IX tomaron nueva dimensión. La fanaticada y el culto parecieron coincidir en esa nueva relación con los derroteros de Lucas Film.

En la Expo D23 la presentación de Lucas Film no tuvo la misma trascendencia que las presentaciones de Pixar, Marvel o Disney Animation. No es necesario. Star Wars tiene su propia convención donde se hacen los anuncios y paneles más importantes para seguir el culto.

El primer minuto del 13 de diciembre estrenará el Epsiodio VIII ya nombrado Star Wars: The Last Jedi, con Rian Johnson en la dirección. En mayo de 2018 llegará el spin-off de Han Solo, aunque primero el proyecto tiene que sortear varios traspiés en la producción.

En 2019 estrenará el Episodio IX. Disney moverá los estrenos de la franquicia de Star Wars de diciembre a mayo. Así la saga retornará al cine de verano, presumiblemente a liderar la taquilla de la temporada.

Lucas Film está dedicada por entero a expandir una franquicia. En ese sentido es la división más limitada de Disney, pero es la que mayores ilusiones para el futuro levanta en el culto más grande del cine.

Agenda de lanzamientos de Disney Studios de 2017 a 2019.

Disney es hoy por hoy el mayor recaudador de taquilla de cine del mundo y la voz mandante del calendario de estrenos. Sólo le costó cinco años y adicionarse tres empresas para consolidar un imperio mediático. Son tiempos que estarán en los libros de historia de la industria del cine.

En 2019 vendrá la siguiente Expo D23. Habrá que ver cómo manejan su tablero los directivos de Disney.


Oscar Chavira. Ingeniero químico, lector y cinéfilo.


 

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