Entre el MP3 y el MP4: la(s) identidad(es) juvenil(es) está(n) en otra parte

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J. Igor Israel González Aguirre
@jiigonzaleza

Casi resulta un pleonasmo afirmar que Todo sobre Lily Chou-Chou, filme dirigido por Shunji Iwai en el 2001, es (en el universo constituido por mi catálogo de filias) una de las mejores películas japonesas de los últimos lustros. La manufactura de la cinta recurre a una narrativa discontinua, fragmentada y sofisticada, que comienza in medias res, y se desdobla hacia el pasado y el futuro con facilidad, para contar la historia de dos amigos de la infancia: Shusuke Hoshino (interpretado por Shugo Oshinari) y Yuichi Hasumi (interpretado por Hayato Ichiara). Yuichi es un joven que habita un pequeño pueblo en los márgenes de Tokio, y vive una doble vida: una virtual, y otra real. En el mundo de a “de veras” es un chico tímido y distante, solitario, que es vejado hasta por sus amigos más cercanos. Mientras que en la Internet, “encarna” a Philia, el webmaster de Lily-philia, un foro dedicado a la Lily Chou-Chou, una cantante que obsesiona por completo a Yuichi. Dicha obsesión gira en torno al éter, es decir, a esa especie de aura mística que produce la música de Lily a sus seguidores.

En un primer momento, para quien no ha visto la película, la trama puede sonar un tanto simplona y dominguera, cercana al argumento fácil de Y tu mamá también o de American Piei. Pero pensar que la obra de Iwai se reduce sólo a un pálido asomo la vida de un par de adolescentes implica minimizar y perder de vista su verdadero significado. Éste se despliega cuando menos en dos planos: uno de orden ético; otro de naturaleza estética. Con respecto a este último, puede decirse que en tanto objeto cinematográfico, la arquitectura del filme lo convierte en una joya, y al director, lo sitúa en el Olimpo de los cineastas a los que se les rinde culto. Ambos honores plenamente merecidos. El uso de cámaras digitales durante el rodaje permite el manejo de tonalidades y contrastes excepcionales, que acompañan de manera crucial los sonidos, los silencios, y las imágenes, en una especie de síntesis del fondo con la forma. Si algo destaca del producto de Iwai es que éste constituye un verdadero objeto multimedia.

Pero más allá de toda consideración estética, ¿por qué resulta importante el trabajo de Iwai? Porque pone de relieve y con una profunda crudeza el modo en que se articula el universo de la juventud contemporánea. Desde luego, el filme transcurre en Japón, pero sus ecos resuenan en otras latitudes más cercanas, puesto que lo que allí pasa podría ocurrir en el DF, en Buenos Aires, o en Río. Por otra parte, la propia estructura del discurso cinematográfico de Todo sobre Lily Chou-Chou nos habla de la velocidad, la fragmentación, y la simultaneidad en tanto anclajes a partir de los cuales se construyen los mundos juveniles contemporáneos. Ello no es un asunto de poca importancia, puesto que implica una significativa reorganización de los modelos de socialización tradicionales. En este sentido, resulta inevitable mencionar que hace una década Jesús Martín Barbero ya había intuido al respecto que los padres ya no necesariamente constituían el patrón a seguir para la articulación de las conductas juveniles; que la escuela no era el único lugar legitimado del saber; y que el libro no representaba el centro que estructuraba la esfera cultural. Hoy habría que llevar el argumento hasta sus últimas consecuencias y sugerir que la arquitectura de estos mundos está indudablemente mediada, más bien, por una pantalla (del teléfono inteligente, de la televisión, de la tablet, o de la miríada de gadgets a los que hoy se tienen acceso y de los que están por venir).

Pero además de todo esto, la cinta de Shunji Iwai obliga a efectuar(nos) una interrogación más profunda: ¿cómo ser uno mismo entre los otros? La respuesta, por irónica que parezca, indicaría que hay que ser y hacer lo que hacen los otros. La búsqueda radica en identificarse, en convertirse en otro para ser uno mismo. La potencia narrativa de Todo acerca de Lily Chou-Chou pone de relieve el surgimiento de nuevas formas de sociabilidad en el seno de los universos juveniles.1 En una época como la actual, cada vez es más frecuente que la cultura audiovisual y mediática ocupe un lugar crucial en la producción de la subjetividad y en los procesos identitarios individuales y colectivos. Las coordenadas establecidas por la convergencia del texto, la imagen y la cultura popular resultan fundamentales para que los sujetos jóvenes estructuren sus lenguajes acerca de sí mismos, y doten de sentido a su relación con los otros. Con base en las relaciones que entabla la juventud a partir de las nuevas tecnologías, es posible discernir el surgimiento de experiencias culturales distintas, de diversos modos de articular la relación [sensorial] con el mundo. Desde esta perspectiva, aspectos como el paseo vespertino por el centro comercial, las charlas de café, los conciertos musicales, la televisión, el chat, el whatsapp, etc., adquieren una importancia inusitada: frente a la erosión que experimentan las instituciones estatales en tanto núcleos identitarios, los elementos mencionados articulan “nuevos” núcleos, constituyen poderosos ejes gravitatorios, alrededor de los cuales gira la producción de la subjetividad juvenil.

En la cinta dirigida por Shunji Iwai se muestra, pues, la importancia de las coordenadas delimitadas por la cultura popular contemporánea, la cual representa un lugar donde se consensan y se disputan los significados sociales. Lo anterior no es un asunto menor. Basta recordar que, aún en países como el nuestro, marcados por la desigualdad, los jóvenes son los más equipados en términos tecnológicos y culturales. Tal como lo señala Pasquier para el caso francés, esto es así debido tanto a la alta demanda de bienes culturales (educación y tecnología) que presentan los jóvenes, como a las expectativas educativas que los padres depositan en dichos bienes como un apoyo para el futuro de sus hijos.2 Puede inferirse que el ámbito de la cultura popular es un sitio definitorio que en buena medida está habitado por los jóvenes. Esto se hace evidente en la cinta, puesto que observamos que de la mano de las tecnologías de la información, y de los medios de comunicación en general, dicho ámbito tiene poderosas implicaciones en las negociaciones intergeneracionales (i. e. entre padres e hijos, en términos de los posibles conflictos que las prácticas mediáticas diferenciadas podrían detonar en el seno familiar, o por los distintos significados que cada generación le otorga a los bienes culturales) y en las negociaciones entre pares (i. e. en la conformación de una sociabilidad gregaria, en la ludicidad como virtud, en la programación televisiva como lenguaje compartido, etc.).

Para terminar, me gustaría decir que, tal como lo señala Morduchowicz, la construcción de las identidades juveniles ya no pasa necesariamente por la fábrica, la escuela o el partido. Desde luego, la juventud trabaja, va a la escuela, y se involucra en algunas causas. Pero como lo asevera la mencionada autora, parafraseando a Milán Kundera: la identidad está en otra parte.3 En la actualidad, la cultura se postula como un espacio al que se han subordinado el resto de las esferas constitutivas de las identidades juveniles. Antes la emancipación de la juventud estaba en función del trabajo, el estudio y el matrimonio, hoy se vincula más con la conectividad y el consumo. En otras palabras, tal como lo evidencia Shunji Iwai en el filme que nos ofrece, es precisamente en el ámbito de las expresiones culturales donde los jóvenes adquieren densidad y se hacen visibles en tanto actores sociales.

1 Cfr. Roxana Morduchowicz. “Introducción. Los jóvenes y las pantallas: nuevas formas de sociabilidad”, en Roxana Morduchowicz (coord.). Los jóvenes y las pantallas. Nuevas formas de sociabilidad, Gedisa, Argentina, 2008.

2 Cit. Pos., “Introducción. Los jóvenes y las pantallas: nuevas formas de sociabilidad”, en Roxana Morduchowicz (coord.). Los jóvenes y las pantallas. Nuevas formas de sociabilidad, Gedisa, Argentina, 2008.

3 Roxana Morduchowicz (coord.). Los jóvenes y las pantallas. Nuevas formas de sociabilidad, Gedisa, Argentina, 2008, p. 15.

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Riri Shushu no subete | Todo sobre Lily Chou-Chou
2001 | 146 min | Japonés, okinawense| Japón
Dirección: Shunji Iwai | Guión: Shunji Iwai
Producción: Koko Maeda | Casa productora:  Rockwell Eyes
Reparto: Hayato Ichihara, Shûgo Oshinari y Ayumi Itô
Fotografía: Noboru Shinoda|Música: Takeshi Kobayashi| Edición: Yoshiharu Nakagami


 

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