Ensayo sobre los sentidos

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Por Kenji Kishi Leopo | @KenjiCosme

 

¿Y si imaginamos al fin del mundo no como algo externo que termina con la vida sino como un hecho que sucede y limita o destruye nuestra posibilidad de relacionarnos con los otros? Imaginemos entonces que perdemos el olfato. Que de un momento a otro ya no podemos oler el café caliente por la mañana, la tierra mojada en un bosque de pino o las guayabas que recién cayeron al piso. Que no podemos percibir el aroma de la piel de los otros. ¿Cuántos recuerdos perderíamos?

Precisamente ese es el detonante de El final de los sentidos (2011) película de David Mackenzie en la que, de manera inexplicable, las personas comienzan a perder el olfato y, posteriormente, cada uno de sus sentidos.

A diferencia de otras películas sobre la posible extinción de la humanidad, en El final de los sentidos la amenaza no proviene, o por lo menos no de forma evidente, de un elemento externo: no hay catástrofes naturales ni mounstros ni meteoritos. En ese sentido, Mackenzie genera un retrato más intimista cuyo tema principal no se vincula con la salvación de la humanidad por medio de héroes, sino con la pérdida de la posibilidad de relacionarnos con quienes nos rodean y el mundo que construimos a través de los sentidos.

En la catástrofe emerge la historia de amor entre una epidemióloga, Susan (interpretada por Eva Green) y un chef, Michael (interpretado por Ewan McGregor), quienes se conocen cuando comienza a desatarse la epidemia global. Al igual que Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago (novela en la cual se basaron para crear Blindness dirigida por Fernando Meirelles), nunca se explican las causas de la enfermedad, lo cual convierte al hecho en un mero pretexto para hablar sobre la condición humana. Así, la película también podría haberse llamado «Ensayo sobre los sentidos».

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Olfato

El primero de los sentidos que comienza a esfumarse es el olfato. La pérdida de éste es precedida por un ataque de tristeza que llega de golpe. De repente las personas comienzan a llorar desconsoladas, recordando aquello que todavía los hiere. A partir de entonces, no más perfumes ni desodorantes, no más pan recién horneado.

Paréntesis:

El bulbo olfatorio es la región del sistema nervioso central que procesa la información procedente del epitelio olfatorio, el cual se encarga de detectar olores. Este bulbo codifica la información y la dirige al cerebro, este a su vez traduce la información conforme a referencias previas. Así, podemos juzgar los olores y clasificarlos, así también podemos generar un compendio de memorias que se activarán cuando detectamos esos olores.

Michael le dice a Susan que le hubiera gustado haberla olfateado antes de perder por completo este sentido, para así tener algunos recuerdos más nítidos sobre ella. El olor es también el halo de las personas, no es gratuito que «esencia» es uno de sus sinónimos.

 Gusto

Con el olfato se fue más del 60 por ciento del gusto. El segundo dependía del primero en gran medida, lo completaba y ayudaba a traducir. ¿A qué puede saber una naranja que no huele? ¿Podemos siquiera imaginar eso? De hecho, las partículas gaseosas de los alimentos pasan a la mucosa lingual desde las fosas nasales, lo cual impresiona a las papilas gustativas; asimismo, algunas de las partículas en la saliva pueden ascender hasta la pituitaria olfativa e impresionar al nervio olfativo.

En la película, el otro 40 por ciento se va precedido de una peor crisis: las mujeres y hombres son atacados repentinamente por un hambre inexplicable. Comen flores, harina, pescado crudo, aceites, lo que sea. Luego, el gusto ha desaparecido para siempre. Para Michael, que trabaja en un restaurante, puede significar la ruina. ¿Qué sentido tiene servir para clientes que no saben distinguir entre un vino de las mejores cosechas y un Padre Kino?

Pero el mundo sigue su curso, al menos eso parece. Ahora es la textura lo que salva a los alimentos. Sin embargo, nadie niega que se pierde la variedad inmensa de los sabores. Supongo, porque obviamente que eso no lo explican, que es una de las mayores tragedias que podría vivir un pueblo como el mexicano, habituado a la intensidad del sabor, a las combinaciones duras entre dulce y salado, al masoquismo con el exceso del picante.

Oído

A la pérdida del oído la precede un ataque de ira. Las personas rompen, balbucean, hieren. El final es evidente e incontrolable. Uno a uno son aislados en sus casas. La sordera aísla más que la ceguera en muchas ocasiones. Así, Susan y Michael se alejan, se pierden uno del otro.

A partir de entonces, el espectador también se vuelve sordo ante el universo interno de la película. Todo sonido diegético se va también. Leemos la desesperación en los ojos, vemos la tristeza de un grupo de instrumentistas que sólo pueden transmitir las vibraciones de sus instrumentos sin que éstas se traduzcan en sonido.

Paréntesis: el oído es uno de los órganos más fascinantes y complejos. Traduce las vibraciones del aire (ondas sonoras) en impulsos eléctricos que el cerebro percibe como sonido. Gracias a esos impulsos es que tenemos sentido del equilibrio también. La traducción de estas ondas acústicas articuladas en significados y más aún en sentimientos, eso todavía es más fascinante y complejo.

Vista

Y así se apagan las luces. Pero antes, una avalancha de felicidad los cubre a todos. Mucho de ese mundo que percibían era hermoso. Contemplábamos la luz filtrada entre los árboles, los atardeceres rosas y azules, los ojos del otro.

Paréntesis: la visión ocurre cuando la luz es procesada por el ojo e interpretada por el cerebro. La energía lumínica pasa por la retina y ésta a su vez la traduce en impulsos nerviosos. El sentido de la vista se convierte en un problema filosófico cuando hablamos de colores. Así, una persona puede ver un vestido dorado o azul dependiendo cómo su cerebro interprete la luz. El color también pude variar en cada estación del año o inclusive por el humor en que nos encontremos.

En medio de esa avalancha de dicha, los amantes se buscan y se encuentran en la confusión. Ya es demasiado tarde. La mirada se nubla y sólo les queda el calor del otro cuerpo y la humedad de las lágrimas resbalando en sus mejillas.


Perfect Sense | El final de los sentidos [título en español]
2011| 93 minutos| Inglés | Reino Unido, Alemania
Dirección: David Mackenzie
Guión: Kim Fupz Aakezon
Producción: Gillian Berrie, Tomas Eskilsson
Casas productoras: Zentropa
Reparto: Ewan MacGregor, Eva Green
Fotografía: Gilles Nuttgens
Música: Max Richter
Edición: Jake Roberts


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