«Easy Rider». La voz de la contracultura: ¿sexo, drogas y Rock & Roll?

Easy Rider

Graciela Ríos Vázquez

A finales de los años sesenta y principios de los setenta, en Estados Unidos el monstruo televisivo acaparó la atención de la audiencia. Las grandes compañías hollywoodenses empezaron a sentir las cuantiosas pérdidas y las salas de cine comenzaron a vaciarse y nunca volvieron a lograr retomar el auge que alcanzaron en sus inicios; parecía que el cine estadounidense sería víctima del estancamiento y ya no volvería a reinventarse. Como consecuencia, se buscó una manera de renovar el cine, con la finalidad de apuntar los reflectores nuevamente hacia la industria cinematográfica. Con ello, se generó el movimiento conocido como Nuevo Cine Hollywoodense, del cual surgieron una serie de jóvenes realizadores (la mayoría de ellos estadounidenses, aunque hubo también algunos extranjeros que encontraron oportunidad en Estados Unidos) pertenecientes a distintas escuelas de cine, y que hoy en día se han convertido en clásicos, cuya obra no deja de destacar, entre ellos: Martin Scorsese, Francis Ford Coppola, Robert Altman y Dennis Hooper.

Habiendo dicho esto, ahora sí toca hablar sobre una de las películas pioneras del ya mencionado movimiento, que se atreve a llevar a cabo una producción de bajo presupuesto, o a lo que posteriormente se le clasificara como cine independiente y que, contrario a lo esperado de una película independiente, obtuvo un gran éxito en taquilla. Easy Rider —dirigida y protagonizada por Dennis Hooper— es una road movie llena de simbolismos que retrata temas que el cine no se había atrevido a proyectar hasta entonces. La juventud se impone y decide alzar la voz, poner las cosas en perspectiva y hacer presente la contracultura.

La historia da inicio con dos jóvenes, Wyatt (Hooper) y Billy (Fonda), cuyo deseo es participar en el conocido carnaval Mardi Gras. Para lograr su objetivo se ven involucrados en el negocio del tráfico de cocaína, la cual guardan en sus motocicletas antes de emprender el viaje. Durante el trayecto se encuentran con una serie de personajes un tanto inusuales, o pertenecientes a minorías, culturas segmentadas, que no solían ser el orgullo de la nación, pero tampoco dejaban de formar parte de la misma. Es por ello que Wyatt —una personificación del capitán américa— en su moto con el estampado de la bandera estadounidense, visita a estas comunidades excluidas y, en más de una ocasión, se une a ellas.

Entre estos personajes, destacan un ranchero con su esposa latina, una comunidad de hippies, un abogado ebrio y la convivencia con prostitutas. Todos ellos tabús siendo desmitificados.

La banda sonora también es un símbolo de la rebelión. A lo largo del recorrido suenan canciones de Rock que le añaden potencia a la imagen, aunque en más de alguna secuencia podría parecer un recurso sobreexplotado, no deja de formar parte de un conjunto de elementos representativos.

El montaje es otro de los recursos narrativos que se presta a la experimentación, que pretende reinventarse a la par de la trama que construye. Es dinámico, fluye con los movimientos de cámara y también sirve como pauta para indicar que algo nuevo está por aparecer. Se vuelve un leitmotiv, una especie de jump cuts, en los que se insertan imágenes de lo que está por ocurrir, antes de que termine la acción que se encuentra en primer plano. Son miradas distintas, atemporales.

El personaje del abogado ebrio, George Hanson, interpretado por un magistral Jack Nicholson que le añade su característico humor negro, se convierte también en una especie de gurú: es el que saca a flote la esencia de la película. Al detenerse en un pequeño café para desayunar, siendo señalados y decidiendo, por fin, abandonar el lugar sin probar bocado se convierten en víctimas de la intolerancia y humillación públicas. Como consecuencia, Billy se cuestiona el porqué, ¿por qué es tan odiado por lo que aparenta ser?, por vestir distinto, por no traer el cabello corto, por no ser un típico sedentario asalariado. A lo que Hanson responde que no es a él al que temen, sino lo que él representa para ellos: libertad. “Es muy difícil ser libre cuando te compran y venden en el mercado”, le explica Hanson a Billy. Nadie puede escapar de un sistema capitalista, todo aquel que lo intenta es rechazado.

Las drogas son una manera de huir de la realidad. Hooper hace una alegoría visual a ello, utiliza diferentes efecto: un panteón como escenario, prostitutas como compañía… y crea un escenario surrealista que nos invita a acercarnos a las vivencias de sus personajes. Intenta responder un poco a una de las preguntas que tal vez era común entre los jóvenes (e incluso no tan jóvenes) de la época: ¿qué se siente estar drogado?

La trama se construye a partir de conceptos utópicos, como la libertad, la convivencia armónica entre personas con distintas ideologías y/o modos de vida, y la ruptura del sistema. Sin embargo, el desenlace no es feliz ya que todas estas son cuestiones utópicas y, al final, la fantasía siempre se enfrenta a una realidad más fría e intolerante.

Easy Rider es, sin duda, un símbolo de la contracultura en el cine. Un llamado a la libertad, una motivación a hablar de aquello de lo que tal vez muchos no quieren que hablemos. Y una muestra de que se puede hacer buen cine y generar un gran impacto, con poco presupuesto.


Easy Rider| Busco mi destino [título en español]
1969 | 95 minutos | Inglés | Estados Unidos
Dirección: Denis Hooper | Guión: Peter Fonda, Denis Hooper, Terry Southern
Producción: Peter Fonda, William Hayward, Bert Schneider, Rob Rafaelson
Casa productora: Columbia Pictures, Pando Company Inc y Raybert Productions
Reparto: Denis Hooper, Peter Fonda, Jack Nicholson…
Fotografía: Lázsló Kovács, Baird Bryant | Música: Mike Deasey | Edición: Donn Cambern


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