«Dunkirk»: una guerra experimental

Por Bryan Guevara | @BryGuev

 

Entre el 26 de mayo y el 4 de junio de 1940 se realizó la evacuación de más de trescientos mil soldados británicos y franceses en la ciudad portuaria de Dunkerque, Francia. La evacuación, parte de la Operación Dínamo, significó un punto de inflexión en el curso de la Segunda Guerra Mundial, que cinco años más tarde vería su fin gracias a la victoria de los Aliados.

Dunkirk (2017), película realizada por el británico Christopher Nolan (The Dark Knight, Inception, Interstellar) registra los hechos antes mencionados en tres formas particulares: el muelle (una semana), el mar (un día) y el aire (una hora). En la primera historia, un soldado logra colarse en un barco gestionado por las tropas inglesas para escapar de Dunkerque. En la segunda, un padre navega un yate con su hijo y otro muchacho en dirección a la playa francesa, como parte de una incursión civil para agilizar la evacuación. Finalmente, en la tercera historia los pilotos Farrier y Collins surcan los cielos en busca de aviones enemigos que invadan la playa para bombardear barcos y soldados en tierra. La tres historias se desarrollarán a un ritmo específico hasta converger durante el tercer acto.

Nolan, fiel a su estilo, presenta un trabajo de proporciones gigantescas. El cineasta británico regresa a la pantalla grande en medio de una guerra personal en contra de los servicios de streaming. Y lo hace con una película que se caracteriza por retratar, de la manera más realista posible, el campo de batalla. Dunkirk es un deleite visual, un evento cinematográfico recreado en locaciones, filmado en 70mm y sonorizado con el recurso del tono de Shepard. Estos elementos construyen una puesta en escena llena de tensión que va creciendo con el paso del tiempo (que se delimita explícitamente con ayuda de los efectos de sonido creados por Hans Zimmer).  Dunkirk se observa como una película silente donde sus personajes hablan apenas lo suficiente. La cámara, en lugar de narrar e hilar conceptos, se limita a registrar hechos concretos. Bombardeos a lo largo y ancho de la costa y del mar. El enemigo toma forma a través de las palabras de quien lo describe, en lugar de mostrarse explícitamente en pantalla.

Es esta carencia de diálogos y el establecimiento de una narrativa un tanto experimental lo que puede resultar contraproducente en algunas escenas de la película. Nolan escribe acertadamente, pero siempre deja huecos que deben ser asumidos o ignorados por el espectador. Además, se debe tener paciencia para darle seguimiento a las tres líneas temporales; Nolan suele montar sus películas con cierto frenesí, cortando cada dos o tres segundos entre tomas. Por si fuera poco, el escaso desarrollo de todos los personajes, tanto principales como secundarios, es una arriesgada decisión que puede gustar o no gustar sin puntos intermedios.

Dunkirk no es una película de guerra tradicional. Es un interesante ejercicio técnico y narrativo hecho por uno de los cineastas más importantes de la actualidad. El nivel de dirección de Christopher Nolan alcanzó la perfección, pero lo hace a costa de otros elementos que, de haberse pulido con más cuidado, pudieron enriquecer más esta cinta. Dunkirk es lo mejor que ha realizado el director británico durante esta década. No obstante, aún no alcanza la calidad de largometrajes pasados como Memento (2000) o The Prestige (2006).


Dunkirk | Dunkerque [título en español]
2017 | 106 minutos | Inglés | Estados Unidos, Reino Unido, Francia…
Dirección: Christopher Nolan
Guión: Christopher Nolan
Producción: Emma Thomas, Christopher Nolan
Casas productoras: Warner Bros, Syncopy, Dombey Street Productions
Reparto: Fionn Whitehead, Mark Rylance, Tom Hardy…
Fotografía: Hoyte Van Hoytema
Música: Hans Zimmer
Edición: Lee Smith


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