«El documental no es un género, es una forma de ver la vida». Charla con José Balado

Por Adrián Carrera Ahumada | @acarrahu
[con la colaboración de Kenji Kishi | @KenjiCosme]

 

La calle es importante. Se trata del mayor insumo de historias. Aunque a él, más que narrar a través del lenguaje audiovisual, le interesa detonar procesos y «compartir humanidades». Su nombre es José Balado Díaz, documentalista puertorriqueño que desde 1999 vive en Perú. Ahí fundó y dirige el proyecto Documental Peruano, mejor conocido como DocuPerú. Esta iniciativa lo ha llevado a diversos sitios del país andino y también a otras naciones de América Latina. Para José, el cine es una forma de comunicarse que le ha servido para conectar con otras formas.

En 2015, Balado vino por vez primera a Guadalajara, la capital de Jalisco, en el occidente de México. Impartió un taller sobre documental participativo. Luego coordinó un equipo que fue a Santa Cecilia, colonia popular de la ciudad, donde trabajaron en diversos documentales. En septiembre y octubre de este año visitó de nueva cuenta la perla tapatía. Aprovechamos para tener una charla con él.

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José Balado Díaz durante su primera visita a Guadalajara, en 2015. Foto: CUAAD / Universidad de Guadalajara.

José Balado creció en un barrio popular de Puerto Rico, muy cerca de la playa del mar Caribe. Ahí aprendió la relevancia de la calle y fue testigo de la diversidad cultural, que se manifestaba a través de la fiesta, el cuerpo, la sexualidad, los territorios, el cine.

De pequeño, José iba mucho con su padre a ver películas. A pesar de que Puerto Rico es un territorio no incorporado de los Estados Unidos, Balado consiguió nutrirse con cine distinto al de Hollywood. Vio cine iraní, de la india. Conoció el trabajo de Federico Fellini, de Luis Buñuel, de Abbas Kiarostami.

Esos primeros años perfilaron las inquietudes del joven Balado: una preocupación social y un interés por el lenguaje audiovisual. En los setenta estudió psicología social en su país de origen. Luego, atraído por la efervescencia cultural y política del país, en el 84 se mudó a Brasil, donde hizo su maestría en comunicación social. Ahí realizó su tesis sobre video popular. Posteriormente fue a Boston, donde estudió una maestría en artes visuales. Finalmente, Balado llegó a Perú en el 99 y, retomando ideas que desarrolló, sobre todo, durante su estancia en Brasil, planteó hacer un proyecto de video participativo.

 

«Todos tienen derecho de inscribirse en la historia»

«DocuPerú no salió como un diseño, salió como una necesidad visceral», dice su fundador y director. Dicho proyecto no siempre ha sido como es: fue creciendo y evolucionando de a poco, y lo sigue haciendo. Comenzó en 2002, cuando el Centro Cultural España le dio dinero a Balado para que hiciera una Muestra de documental peruano. Así lo hizo. Pero no solo proyectaron 13 películas, también hubo talleres y conversatorios. A cada edición la muestra se hizo más grande. Llegaron a exhibir 90 documentales a lo largo de una semana.

«Y seguimos creciendo y creciendo y nos dimos cuenta de que no solamente hace falta proyectar contenidos de comunicación: hace falta generar contenidos de comunicación de forma participativa. Entonces fue que metí mi tesis de Brasil al Centro Cultural España y surge el segundo proyecto de DocuPerú. Me dan dinero para hacer una Caravana documental y empezar a hacer video participativo viajando por el Perú».

Lo participativo consiste en involucrar a los miembros de la comunidad documentada en el proceso mismo de la creación audiovisual. Los sujetos ya no son solo personajes, sino partícipes activos: escogen tema, escriben, filman… El documentalista es menos autor y más asesor. Se trata de una metodología que apela a la horizontalidad.

«No vamos a enseñar a hacer documental. Nosotros vamos a compartir humanidades, vamos a compartir subjetividades. Y cada uno con sus saberes y su punto de vista genera un conocimiento y da la casualidad que ese conocimiento que se genera, se plasma en un soporte mediático. Eso es lo que hacemos. En Santa Chilla (como se le conoce al barrio de Santa Cecilia) no fuimos a ser documentalistas, fuimos a generar procesos humanos de conocimiento, de conocer gente adentro».

Niño de Santa Cecilia durante el rodaje de un documental participativo, en 2015. Foto: Faceboo de "La Calle Cuenta".

Niño de Santa Cecilia durante el rodaje de un documental participativo, en 2015. Foto: Facebook de “La Calle Cuenta”.

Luego de tres años de Caravana documental (llamada así como guiño a la cinta Bye bye Brasil de José Wilker y en honor a la experiencia de Balado en aquél país) el equipo de DocuPerú que consideró que hacer documental participativo no era suficiente. Entonces crearon un espacio educativo de formación enfocado en documental «con otro filo político» y no tanto de mercado. Así surgió El otro documental.

Sobre el eje de la formación está también Mochila documental, línea de trabajo de DocuPerú que beca a líderes comunitarios para que acudan a un taller donde les enseñan a utilizar los medios estratégicamente para sus luchas.

«Si no hay un componente educativo y político, la intervención audiovisual viene siendo un ejercicio meramente psicológico, personal. No es que no sea válido, pero se limita solamente a eso. Cuando queremos transgredir y llegar a otros niveles, tiene que haber educación. Tiene que haber transferencia de conocimiento».

Finalmente, está Medios que conmueven, línea enfocada en la creación de documentales que abordan temas sociales —como el daño al medio ambiente, el desplazamiento humano o las esterilizaciones forzadas— y su posterior discusión y difusión: «Generamos los productos y los insertamos en una lógica de incidencia política».

José Balado durante la edición de "El otro documental" de 2016. Foto: Facebook de DocuPerú.

José Balado durante la edición 2016 de “El otro documental”. Foto: Facebook de DocuPerú.

Detrás de todas estas líneas de trabajo de DocuPerú hay una idea clara, que Balado transmite con seguridad: «Creemos que no hay un representación mediática de todos los sectores de la sociedad. Las páginas de la historia del país casi siempre son construidas por los saberes fácticos, por los medios de producción tradicionales. Pero nosotros sabemos que la historia se produce de mil formas y niveles. Antes había más limitantes, pero ahora la tecnología nos da la posibilidad de liberarnos y crear. Trabajamos en empoderar todos los sectores que son parte de esta sociedad. Todo el mundo tiene derecho de inscribirse en la historia».

Sin embargo, considera que no todos tienen que ser documentalistas o entrar de lleno a la producción audiovisual. Explica: «Si abogamos porque siempre la gente debe escribir y leer, pues debemos abogar también porque la gente pueda generar contenidos de comunicación. No todo el mundo es novelista o ensayista, pero usa la letra, la palabra, como una forma de comunicarse. Nosotros planteamos eso también: no todo el mundo tiene que ser cineasta, documentalista, pero que sepa cómo se articulan los mensajes, por qué se crean los mensajes, cómo son los artificios internos de creación del mensaje. Cuando la gente sabe el detrás de las cosas, se desmitifica».

 

La mirada documental

Cuestionado por su definición de documental, Balado cita la frase de John Grierson que dice «documental es el tratamiento creativo de la realidad». Y añade: «Para mí es una definición tan sencilla y tan profunda porque tiene tres elementos bien importantes: el tratar, el manipular; la creación es lo subjetivo, cada cual desde su perspectiva; y la realidad como insumo, ¿y qué realidad?, la mía, mi vida».

El documental entonces como realidad documentada, intervenida creativa y subjetivamente. Sobre el aspecto de la manipulación, el comunicador dice: «La gente no vive con una cámara. El simple hecho de poner a una cámara a filmar una situación ya está alterando la realidad. En el documental tenemos que asumir que todo el tiempo intervenimos la realidad. La cuestión es cómo negociamos con el espectador, de qué forma yo explico y dejo manifiesto que estoy alterando y manipulando la realidad».

Para José Balado el documental no es una ventana al mundo, sino una mirada: «es cómo yo veo la ventana al mundo». Esa particularidad, ese comunicar a través de una realidad personal, es lo que ha enganchado al fundador de DocuPerú, que ha hecho música, ficción y teatro, pero prefiere sobre todo ser documentalista.

El portorriqueño continúa: «Documental no es trabajar un género, es trabajar una forma de ver la vida. Para mí no es que estamos haciendo un trabajo puntual. Usamos ciertos personajes y situaciones para hablar de la condición humana. Las historias son una excusa. El documental es una manera de ver y de relacionarse con nuestra realidad. Es la forma como yo me ubico en el mundo. Por eso me encanta».

A esta particular mirada sobre el documental —la mirada sobre la mirada—, Balado incorpora el eje de lo participativo y la empatía con el otro: «No estamos haciendo ficción. Cuando hacemos documental tenemos que tomar en consideración al otro o la otra, que al final no es la otra o el otro, somos nosotros mismos».

El documental abreva de la ficción para desarrollar mejor sus mensajes. Los referentes de Balado son cineastas iranís como Abbas Kiarostami y Jafar Panahi, o los griegos Theo Angelopoulos y John Cassavettes.

«Necesitamos elementos de la ficción para contar la vida. Elementos para crear una dramaturgia. Cómo actúa un personaje, cuáles son los personajes secundarios, cuáles son las motivaciones, las frustraciones, el desarrollo: la geografía existencial de los personajes. Necesitamos de la ficción tanto en términos técnicos como ideológicos, narrativos y estéticos».

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José Balado en el taller de asesoría a documentales en desarrollo que impartió el pasado octubre en Guadalajara. Foto: Facebook La Calle Cuenta.

 

«Necesitamos redefinir lo que es documental»

Como género, el documental de Latinoamérica está entrando en una lógica de mercado. Así lo advierte José Balado, quien lo ve como algo peligroso, ya que encamina a una única forma de hacer documental. Por ello, conmina a replantear la forma en que se piensa y hace documental.

«Hay una necesidad de redefinir lo que es documental. No podemos seguir pensando que lo documental es estrictamente lo que es teatrica, lo que va al cine, lo que está en una pantalla, lo que va a un sistema mercadológico de distribución, festivales, muestras, videocasete, Blu-ray… Eso es una fórmula de documental. No hemos aprendido que en el documental hay muchas formas y soportes, incluyendo el transmedia».

Balado, que ha trabajado como diseñador sonoro, considera también que el sonido es un aspecto al que se le presta poca atención, a pesar de su importancia y las posibilidades que brinda.

«Vivimos en una cultura predominantemente visual, una dictadura de lo visual. Pero el mundo también es una dimensión sonora, no solamente visual. Tanto el sonido como la experimentación sonora han sido trabajados históricamente. Y es que el sonido es mucho más que música. El sonido, por sí mismo, es un elemento mediante el cual también es posible documentar, comunicar, expresar».

Los documentales sonoros son una más de muchas formas de documentar la realidad y que desafían la idea del documental únicamente como género cinematográfico. Balado llama a voltear la mirada a esas otras formas y ampliar la noción de documental.

«Existen un montón de manifestaciones que ahora usan de forma creativa la realidad, pero no necesariamente un soporte de cine, sino de otra forma, otro paradigma, otro público, otro espacio de proyección. El documental está expandiéndose de una manera interesante. Y seguimos de una manera reaccionaria pensando en 35 milímetros y cuestiones de distribución. Tengo amigos que han trabajado documental toda la vida y lo que hacen son cortos, instalaciones, performances. Están trabajando de forma creativa y su insumo de trabajo es la realidad. No son menos o más documentalistas que Patricio Guzmán».

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