Daniel Johnston y el demonio de las enfermedades mentales

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Por Flora Elena Sandoval | @florabuk
[colaboradora invitada]

 

La primera vez que escuché a Daniel Johnston tenía 18 años, un buen amigo me recomendó el disco Hi, How Are You, y después de escucharlo varias veces, empezó una época en mi vida en la que estuve bastante obsesionada con su música. Al googlear su nombre para encontrar su discografía, encontré también el documental The Devil and Daniel Johnston (2005) de Jeff Feuerzeig. El documental revisa la vida y obra del músico, poniendo especial énfasis en los síntomas de sus enfermedades mentales, así como en todas las consecuencias que han tenido en su vida. Para escribir sobre Daniel Johnston empiezo con mi adolescencia, porque su vida y sus canciones parecen estar atrapadas en esta etapa llena de angustia, sufrimiento y amor no correspondido.

La estructura del documental es convencional: cuenta la vida de Daniel Johnston en orden cronológico, desde su infancia con videos familiares y el testimonio de sus padres y hermanos, después su juventud donde inicia su interés por el arte y la música, su paso por la escena indie de Austin y su aparición en MTV, hasta su situación actual, fuertemente medicado y viviendo en casa de sus padres.

Además de utilizar videos y fotos familiares, el documental usa videos y cintas de audio grabadas por el propio cantante, algunos como ejercicios artísticos y otros a modo de diario. De esta forma, Daniel Johnston realizó una autobiografía desde su trastorno bipolar y Jeff Feuerzeig lo supo aprovechar muy bien para construir su documental.

En muchas de sus cintas, Daniel Johnston parece fascinado por sí mismo, por su talento, por su creatividad y por el desarrollo de la narrativa del «pobre artista incomprendido por el mundo». Un ejemplo es la canción «Story of An Artist», donde tiene versos insufribles como: «They sit in front of their TV / Saying, “Hey! This is fun!”/ And they laugh at the artist / Saying, “He doesn’t know how to have fun”». Recordemos que uno de los síntomas de los maniaco-depresivos son las desilusiones de grandeza. En otras cintas, el ánimo es simplemente juguetón, el de un niño al que le acaban de regalar su primera cámara de video. Este mismo sentimiento infantil aparece en su música, por ejemplo, una de sus canciones más famosas dice: «Speeding motorcycle, the road is ours / Speeding motorcycle, let’s speed some more / ‘Cause we don’t need reason and we don’t need logic».

Los principales temas de la música de Daniel son: el amor no correspondido, el amor desesperado y obsesivo, ser un artista incomprendido, su propia enfermedad (sobre todo sus episodios depresivos), ciertos personajes de la cultura pop (como el fantasma Casper), la muerte, y temas religiosos como el bien, el mal y el diablo. Hay una canción de The Magnetic Fields que dice «I could make a career of being blue», esto describe a la perfección la carrera de Daniel, o más bien «I could make a career of being a manic-depressive». En casi toda su música hay un tono de desesperación y obsesión que la vuelven muy genuina, ya que es difícil escuchar esta sinceridad en el arte, muy pocos son capaces de hablar sobre sí mismos sin ningún tipo de vergüenza; por otro lado, es la música de una fanático religioso rozando en la esquizofrenia.

Como en sus videos caseros, las mejores canciones de Daniel Johnston son las más neuróticas («Man Obsessed», «Funeral Home», «Desperate Man Blues») o las más sencillas («True Love Will Find You In The End», «Speeding Motorcycle», «Walking The Cow»). En el documental, Jeff Feuerzeig logra nivelar bien estas dos facetas del cantante, por un lado su locura y su ego, y por otro su talento y autenticidad como músico.

Las canciones que no tratan sus delirios de grandeza o sus obsesiones amorosas, son las que tienen que ver con sus delirios religiosos. Daniel Johnston pasa de ser el niño obsesionado con sí mismo y con su obra a ser un músico real, cuando empiezan a presentarse todos los síntomas de su enfermedad. Una parte que me divierte especialmente es su obsesión con la temática y los símbolos religiosos, que surgen dado el contexto en que fue criado: una familia cristiana fundamentalista. Su obsesión con dios y el demonio lo hacen un artista auténtico, ya que alimenta una obsesión que no está hecha para complacer a nadie y que surge de su enfermedad.

En el documental, el personaje del músico se construye también a partir de ciertos episodios extravagantes, narrados por amigos del artista, que son mis partes preferidas de la película y que construyen su leyenda: el hecho de que su primer amor (a quien le sigue escribiendo canciones) se casó con un embalsamador, la época en que se fue con el circo para escapar de su familia, cuando vivió en Austin y triunfó en pocos meses como músico indie, su trabajo en McDonald’s, su aparición en MTV, y todos sus colapsos mentales.

Otro tema que toca el documental, aunque no con mucha profundidad, es la dificultad para encontrar los medicamentos adecuados para tratar este tipo de padecimientos psicológicos. Según muchos testimonios de pacientes y médicos, vivir tomando medicamentos te pone en un estado parecido al de un «zombie», incapaz de tener sentimientos ni mucho menos pensamientos creativos. Aunque como en todas las quejas, siempre hablan los más afectados, casi nunca escuchamos las voces de los más favorecidos, y el artista siempre tiene que sufrir.

Una escena del documental que siempre me ha hecho cuestionarme este tipo de aproximaciones a los medicamentos psiquiátricos, es cuando en un video familiar le preguntan a un fuertemente medicado Daniel Johnston si puede escribir canciones bajo ese estado. La respuesta de Daniel, «no podría escribir una canción aunque lo intentara», es contradictoria porque responde en forma de rima, cantando y tarareando lo que bien podría ser una canción de Daniel Johnston.

Este tipo de reacciones me hacen creer en la construcción de un personaje por parte del artista, un performance de músico enfermo y atormentado. Esta idea se apoya por el hecho de que por mucho tiempo Daniel Johnston dejaba de tomar sus medicamentos algunos días antes de sus presentaciones en vivo, ya que interpreta mucho mejor su música cuando tiene un episodio maniaco depresivo. Por supuesto, hay otros episodios extraños que demuestran que lo que hace Johnston no es un performance, como cuando ataca a una anciana, o sus canciones a Mountain Dew, o cuando en mitad de vuelo arroja las llaves del avión de su padre por la ventana.

Los coprotagonistas de la historia son los papás del músico y son quizá los que merecen, más que ningún otro, este lugar privilegiado dentro del documental, ya que son ellos los que han tenido que soportar las crisis de su hijo, así como cuidar de él hasta la fecha. El documental muestra bastante bien todos los síntomas que el músico va presentando, desde que es un adulto joven hasta sus episodios más tristes, y su actual vida bajo medicación. Es una representación de la enfermedad de forma no-idealizada, y muestra las dificultades a las que se enfrentan las personas cercanas a quienes sufren este tipo de padecimientos.

Volviendo al inicio de este texto, Daniel Johnston parece atrapado en la adolescencia, en un cuarto que, según palabras textuales de su mejor amigo, es una réplica del que tenía cuando iba a la preparatoria. Cuando tienes una enfermedad mental, vences muy fácilmente al monstruo de las responsabilidades o de la vida de adulto, porque ya no tienes que hacer nada, o como dice una de sus canciones: «I am a baby in my universe / I’ll live forever». El final del documental concluye bastante bien su tema principal: las enfermedades mentales no son bonitas.

En la actualidad, Daniel Johnston tiene una gran cantidad de fanáticos y coleccionistas. Grupos como Sonic Youth, Half Japanese y The Flaming Lips, y músicos como Tom Waits y Beck son fanáticos de Daniel Johnston y han hecho covers de sus canciones. Y por supuesto, la canción que todo el mundo ha cantado: «True Love Will Find You In The End». El documental de Feuerzeig es para fanáticos de Daniel Johnston, y también para los que disfrutan de conocer personajes excéntricos, o descubrir nueva música.


Flora Elena Sandoval nació en Monterrey en 1991. Estudió Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara. Fue becaria del FONCA (2015-2016) en la categoría de poesía. Ganadora del III Concurso de Crítica Cinematográfica (2016), organizado por Corre Cámara, IMCINE y la Cineteca Nacional. Actualmente escribe un libro de ensayos sobre cine como becaria del PECDA.


The Devil and Daniel Johnston | El demonio y Daniel Johnston [título en español]
2005 | 110 minutos | Ingl
és | Estados Unidos
Dirección: Jeff Feuerzeig
Guion: Jeff Feuerzeig
Producci
ón: Henry S. Rosenthal
Casas productoras: 
Complex Corporation y This Is That Productions
Reparto: Daniel Johnston
Fotografía: Fortunato Procopio
Edición: Tyler Hubby
Música: Daniel Johnston


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