«El cine es la vida misma»: charla con Ernesto Rodríguez

Cineforo 3

Foto: Facebook Cineforo.

Por Jardiel Legaspi y Adrián Carrera | @acarrahu
Fotos de Miriam Jiménez | @Mir____I____Am

 

Es un sitio oscuro, apenas alumbrado por el rayo del proyector. En pantalla, James Steward y Doris Day dirigidos por Alfred Hitchcock; en la butaca, un adolescente anonadado, esperando que suenen los platos de la orquesta que ve a cuadro. Su nombre es Ernesto y está viendo, por vez primera, En manos del destino (The Man Who Knew Too Much, 1956). Quizá fue ahí, en ese momento, cuando supo que el cine lo acompañaría el resto de su vida.

Ahora Ernesto Rodríguez Barrera es un cinéfilo consagrado. Dirigió el Cineforo de la Universidad de Guadalajara (UdeG) por 20 años y es todavía el encargado de su programación. Pero su historia comienza un poco más atrás.

 

«Que el mundo se detenga dos horas»

Ernesto nació en Guadalajara, pero creció en Etzatlán, Jalisco, donde vivió con su familia hasta los diez años. Una infancia más bien pueblerina, sin cine ni televisión. Luego se mudaron a Lagos de Moreno y su padre consiguió un pase familiar para ir a las dos salas que allí había. Entonces comenzó la cinefilia que Ernesto aún conserva. Acudía a las exhibiciones junto con sus cuatro hermanos. No le importaba mucho lo que veía: ir al cine era en sí la diversión.

Después el acercamiento de Rodríguez al cine se fue complejizando. La orientación de su padre, así como la lectura de los críticos cinematográficos Francisco Sánchez y Tomás Pérez Turrent, ayudaron a Ernesto a afinar su mirada: «Empezó un gusto por el cine de otra manera. Leí cosas impresionantes que hicieron crecer una pasión que tenía. Podía dejar de ir a fiestas, paseos o lo que sea si la película que había anunciada yo creía que era muy buena. Entre los 11 y los 14 años se me volvió obsesivo eso».

Eran los años setenta y la oferta cinematográfica de Lagos de Moreno, entonces un pueblo no muy grande, pronto fue insuficiente para un ávido cinéfilo, como lo era ya Ernesto. Afortunadamente para él, a media hora de camino estaba León, Guanajuato: «Cuando tenía 15 o 16 años ya hacía mis excursiones para conocer otro tipo de cine. Fueron las primeras veces que vi la obra de Polansky. Mis dos años de preparatoria fueron mucha ida al cine de León. Recuerdo un día que vi Frenesí (Frenzy, 1972) de Hitchcock junto con Los malditos (Les maudits, 1947). Fue todo un descubrimiento ver dos películas de ese tamaño y dificilisimas de ver, de analizar».

Llegó a disfrazarse para tratar de ser admitido en las proyecciones de El ángel exterminador (1962), que era clasificación C, para adultos. Pero siempre lo descubrían.

A pesar de su enorme pasión por el cine, Ernesto estudió contaduría: «Era 1972 y la carrera de cine nomás se daba en la Ciudad de México vía Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) o Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC). No había otras escuelas de cine. Y tanto en el CUEC como en el CCC era requisito tener una licenciatura ya terminada. Aparte de que obviamente mis padres me veían como bicho raro. Decidí venirme a estudiar aquí a la UdeG».

Sin embargo, su cinefilia permanecía: «Cuando estaba terminando la carrera salía de trabajar a las seis de la tarde y me iba corriendo al cine. Llegué a ver toda la cartelera de Guadalajara. Me acuerdo que llegaba, abría el periódico y decía: “chin, ya vi todas”».

Tras ver incontables películas, Rodríguez formó su gusto cinematográfico. Alfred Hitchcock y Luis Buñuel son dos de los directores predilectos del actual programador del Cineforo. Del primero sus películas favoritas son En manos del destino (The Man Who Knew Too Much, 1956), Tuyo es mi corazón (Notorious, 1946), Vértigo (1958), La ventana indiscreta (Rear Window, 1954) y North by Northwest (1959).

«Hitchcock es un director prodigioso en muchos sentidos, con un sentido del humor y un sentido del engaño al espectador impresionante. Por otro lado, Buñuel es un cineasta quizá muy disparejo, pero que si tú le hayas las aristas de lo divertidas que pueden ser sus propuestas y su cine, es genial».

Aunque aprecia a cineastas contemporáneos, él tiene claro que su etapa favorita es la del cine clásico estadounidense. Emocionado, Ernesto platica: «Billy Wilder, Fred Zinnemann, William Wyler, John Ford… esa camada de directores me parecen maravillosos. En El día del chacal (Chacal, 1973), de Zinnemann, por ejemplo, ves una narración perfecta que te motiva y te mete en la película aunque tú sepas desde antes que eso nunca va a pasar. Eso es portentoso. Lo que más me emociona de una película es que su propuesta te vaya llevando y tu tiempo desaparezca. Que la vida se detenga dos horas o lo que dure la película, y al final tener una sensación de bienestar absoluta de lo que tú acabas de ver».

Ernesto Rodríguez en entrevista con Cine qua non. Foto: Miriam Jiménez.

Ernesto Rodríguez en entrevista con Cine qua non. Foto: Miriam Jiménez.

Los engranes de la industria

A los 21 años el amante del cine tomó una decisión importante en su vida: dejó un empleo estable como contador de una empresa y comenzó su camino en la gerencia de salas de cine, todo gracias al llamado de un pariente suyo. Su trabajo, al principio, consistía en suplir a los encargados de cines como el Charles Chaplin, el Cine de la Linterna, la sala Greta Garbo, el Cine del Centro; viejos espacios cinematográficos que guardan sus únicos vestigios en la memoria.

«Nunca entendí por qué acepté. Obviamente por el gusto del cine. Me importaba conocer el cine por dentro. No sabía cómo se contrataba una película, cómo se hacían las labores ni cómo era una película en sí, era un neófito en eso», rememora Ernesto.

Además de los ya mencionados cines, en los años ochenta Rodríguez fungió como programador del Cinematógrafo, el Cine Versalles, las Salas del Ángel, además de cines en Tepic, Tamazula, el cine Clemente Orozco en Ciudad Guzmán y en salas de Veracruz, Monterrey y Tampico.

«Empecé a conocer mucha más gente, mucho más como era la distribución, como era el engranaje de la industria cinematográfica en aquél tiempo. Para mí, todos esos años fueron miel sobre hojuelas».

Ya con la experiencia necesaria, en 1988 inauguró, en la capital de Jalisco, un cine en Plaza Amistad, el cual tuvo un par de características especiales: «Era el primer cine que vendió bebidas alcohólicas en Guadalajara. Teníamos una pequeña cantina dentro del cine. Conseguimos un permiso del Ayuntamiento y fue la novedad en aquél tiempo. Aparte de eso fue el primer cine que tuvo sonido Dolby Digital en todo Guadalajara y yo creo que en todo México».

El éxito de aquel cine duró hasta mediados de los noventa, hasta que un «fenómeno» llamado Cinépolis entró al mercado en 1995. Para Ernesto Rodríguez está muy claro: «Se acabó el cine. Se acabó el cine de conjunto. Obviamente, la oferta de 10, 16, 20 salas era totalmente diferente».

A pesar de esto, a Ernesto Rodríguez se le presentaron otras oportunidades. La primera de ellas en el Instituto Cultural Cabañas (ICC) en 1992, mismo año en el que se fundó el Sistema Jalisciense de Radio, Televisión y Cinematografía (SJRTVyC), perteneciente a la Secretaría de Cultura de Jalisco. La dirección del sistema se dio, primero, a Pedro Matute, quien invitó a Rodríguez para administrar el cine-teatro del ICC.

«Me pareció interesante. Yo había trabajado en iniciativa privada y en cines comerciales. Aunque mi gusto por otro tipo de cine era bien acendrado, mi labor era prácticamente en los cines comerciales. El Cabañas tenía un tipo de cine diferente».

Y es que la oferta de cines que tuvieran propuestas alternas a las salas de cine comerciales en Guadalajara era escasa; entre ellas recuerda que se encontraban los Cinematógrafos, el Cabañas y el Cineforo.

«Se me hizo padrísimo trabajar, por un lado, en una institución gubernamental y, por otro lado, con un cine cuya propuesta no fuera dirigida precisamente a lo comercial».

Pedro Matute duró apenas unos meses en el cargo y luego lo reemplazó Guillermo Vaidovits (aquí se puede leer la entrevista que le hicimos), con quien en ese entonces Ernesto nunca había hablado. Vaidovits citó a Ernesto, lo que hizo que dudara de su futuro. «Dije “me va a pedir el puesto”. Llevé mis números, llevé mis cosas y dije, “pues ahí le entrego ya todo”».

Pero las cosas no salieron como él lo esperaba: para el entonces director del SJRTVyC la labor de Ernesto Rodríguez había sido espléndida. Vaidovits le dio total libertad de programación a Ernesto. Lo mismo sucedería con el siguiente director, quien incluso le encomendó dirigir la barra de películas del Canal 7 (canal de televisión del Sistema).

En 1995 (mismo año que la entrada de Cinépolis), Alberto Cárdenas, candidato del Partido Acción Nacional (PAN), ganó las elecciones a gobernador estatal y nombró  director del Sistema a Víctor Eugenio Wario Romo, quien en la primera junta con el cinéfilo le comentó: «A nosotros no nos interesa la cinematografía: el Sistema va a ser Sistema Jalisciense de Radio y Televisión (SJRTV). Ve al Cabañas y a ver cómo te arreglas, nosotros nos hacemos a un lado totalmente de eso».

«Después de tres años de labor, el Cabañas se acabó». Pero lo que vino después fue algo que marcó su vida para siempre.

Vista de la sala del Cineforo de la UdeG. Foto: Facebook del Cineforo.

Vista de la sala del Cineforo de la UdeG. Foto: Facebook del Cineforo.

Cineforo: proyecto de vida

También en 1995 la UdeG creó una Coordinación de Medios, entre los que se encontraban Radio UdeG, la escuela de cine y el Cineforo. Guillermo Vaidovits fue nombrado coordinador y llamó a Ernesto para dirigir el Cineforo. Pero a Rodríguez no le resultó una decisión fácil de tomar: «La verdad tenía un cúmulo de muchísimo trabajo en aquél tiempo, así que lo analicé bien. Le hablé a Guillermo y le dije “sabes qué, sí me interesa, pero siempre y cuando tú me des la libertad. El trabajo se va a hacer y va a ser una sala de primerísima, pero necesito libertad”».  La respuesta de Guillermo Vaidovits fue certera: «Quiero que dirijas el cine como debe ser».

El Cineforo era un espacio que ya había comenzado funciones en 1988. Creado por Lorenzo Figueroa, el espacio sólo tenía una programación al año: la Muestra de Cine Mexicano (ahora Festival Internacional de Cine en Guadalajara).

A Lorenzo y Ernesto, con una buena relación, los unía una persona: José Guerra, cácaro del Cine Versalles que dirigía en aquel entonces Ernesto. Entre risas comenta: «Lorenzo me lo había pirateado porque era su cuñado, entonces lo convenció y se lo llevó. Era mi cácaro y mi mano derecha en el Cine Versalles».

Ernesto comenta que, en sus inicios, en el Cineforo «no le prestaban atención al cine y era muy difícil porque no tenían el contacto con las distribuidoras». No había confianza en el espacio, además de que era utilizado para diversos tipos de actividades.

Después de Lorenzo Figueroa llegó Lucy Virgen a la dirección del recinto, quien intentó hacer cosas «pero por lo mismo del espacio y no tener la experiencia con distribuidoras, también se le complicó muchísimo la situación. Le metió una remodelación al Cineforo, de alguna manera interesante». Estos cambios no fueron suficientes estar a la altura de la oferta alternativa de cine en la ciudad: la sala del Cabañas, el Cinematógrafo, manejado por Eugenio Arias, y el Cinematógrafo 2 y el 3, además de las salas Lux.

Ernesto Rodríguez sabía del potencial de la salal y decidió aceptar la oferta de Vaidovits. «Para mí era un espacio maravilloso, porque me gustaba mucho desde antes y se me figuraba en lo particular que tenía muchas posibilidades de ser muy potente. No me equivoqué».

Iniciaron los éxitos y la oferta característica del recinto: sala llena en varias funciones y reconocimiento de la comunidad universitaria y de la ciudad. La Muestra Internacional de Cine de la Cineteca Nacional se comenzó a proyectar completa desde 1996. Jóvenes y adultos se interesaron en la propuesta del Cineforo, que poco a poco iba posicionándose en Guadalajara.

La experimentación fue importante para el crecimiento del lugar. Los programas dobles de las películas de Tarantino Reservoir Dogs (1992) y Pulp Fiction (1994), por ejemplo, fueron un éxito.

«Y todo mundo de “¿qué onda?, ¿qué está pasando con el cine?” Hice muchas propuestas de cambiar a una forma de programación distinta y empecé a mostrarle los resultados a los dueños de las películas. Todo mundo empezó a ver otra opción diferente».

Área común al interior del Cineforo. Foto: Facebook Cineforo.

Área de ingreso al Cineforo. Foto: Facebook Cineforo.

Sorteó de buena manera la competencia con las salas de los Cinematógrafos y la programación se diversificó. El Foro de la Cineteca salió por primera vez al resto de la república en el Cineforo. El Tour de Cine Francés llegó al recinto en 1997, un año después de su creación, gracias a un amigo de Ernesto que trabajaba en una distribuidora de películas francesas. La respuesta del público confirmó su estadía.

«Cinépolis lo presentó en tres complejos y yo nomás en el puro Cineforo; tuvimos mayor audiencia que Cinépolis. El cuate, en paz descanse, me dijo “el Tour de cine Francés va contigo siempre, yo me arreglo”. Otro evento más a nuestro favor en el año».

Se sumaron la Semana de Cine Alemán, la Muestra de Cine Jalisciense, el Ciclo de Cine y Política en coordinación con el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC) y cuanto proyecto se vaya añadiendo a la agenda del Cineforo, que ahora tiene una dinámica de trabajo mucho más rápida. Esto se ha logrado gracias a las relaciones de amistad y trabajo que Ernesto ha forjado a los largo de los años y el contacto con instituciones educativas y culturales, con distribuidores y con todo aquél que tenga cosas interesantes para mostrar: una labor constante y de búsqueda de buen material.

De toda la oferta, hay dos ciclos que resaltan por su importancia: el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, del cual el Cineforo ha formado parte desde la primera edición, y el Ciclo de Aniversario, que se realiza desde 1998. En ese año La vida es bella (La vita è bella, 1997) se presentó por primera vez en toda la República Mexicana. En otro de los aniversarios se proyectó Dancer in the Dark (2000), de Lars von Trier. «Fue una función impresionante; el cine lleno y en los últimos 15 minutos no se oía un respiro de la gente. Nunca en mi vida había sentido eso».

Y es que las condiciones de trabajo para el cinéfilo de toda la vida fueron las idóneas: «En el Cineforo sí fue mi marca. Tuve las manos libres para hacer mis propuestas como yo las quería, como yo las interpretaba».

Con una sonrisa en el rostro, el ahora director de programación recuerda algunos de los momentos más emblemáticos que ha vivido en el recinto del piso -1 del edificio administrativo de la UdeG.

«Aquel programa doble que hicimos entre Trainspotting (1996) y El Odio (La Haine, 1995). Fueron cuatro semanas con el cine lleno en todas las funciones. Como ese momento no ha habido otro en el Cineforo y creo que difícilmente lo puede haber en algún otro cine por el tipo de propuesta. No eran dos películas cualquiera, eran dos propuestas fuertes cinematográficamente hablando, eso es bien importante».

Además, cual película de acción, habla sobre las vicisitudes que vivió para presentar Crash (1996), de David Cronenberg. La cinta estaba programada para exhibirse en una Muestra Internacional de Cine, el único problema era que no había copias en el país: apenas se estaban realizando en la Ciudad de México.

«La Cineteca no había conseguido la película. Yo la conseguí directo con Columbia Pictures, que era el distribuidor. Me habla el director de ventas de Columbia y me dice: “Ernesto, no va a ir la película, apenas estamos en el laboratorio haciendo las copias”».

Pero eso no detuvo al entusiasta del cine para presentar el filme en estreno nacional. Preguntó por la hora de salida de la primera copia de la cinta, le indicaron que a las dos de la tarde y ahí comenzó su plan. «Si te pongo una persona que cargue la película y la traiga aquí a Guadalajara, ¿tú das la autorización?».

No importaba perder dos funciones ya anunciadas, a las 12 y a las cuatro de la tarde. Lo importante era presentar la cinta el día que se había programado. Con la autorización del representante de la distribuidora, Ernesto comenzó a mover sus piezas. Llamó a un amigo suyo en la capital del país para que recogiera la carta de autorización en las oficinas de la distribuidora y después la copia de la película, la cual le entregaron finalmente alrededor de las dos y media de la tarde.

Una llamada a la UdeG para conseguir un boleto de avión a las cuatro y media, la llegada de su amigo a Guadalajara una hora después, y la cinta ya estaba en la ciudad

«Les hablé al Cineforo y les dije “vendan boletos para las 6 de la tarde, la película ya llegó”. Íbamos llegando al cinco para las seis de la tarde, íbamos pasando por lo que es ahorita el Museo de las Artes y vimos que la cola del Cineforo daba la vuelta a la manzana».

El asombro del amigo de Ernesto, y de él mismo, lo demuestra todavía al contar la historia. Al ver a tanta gente afuera del cine, su cómplice en esta labor le dijo «me siento realizado de que hayamos hecho este esfuerzo», y vaya que valió la pena.

Sin embargo la tarea no había terminado aún. Tuvieron que unir todas las partes del 35 milímetros de la película, que finalmente «entró a las 6:20 con el cine total y absolutamente lleno; la función de las ocho lleno absoluto, la función de las 10 lleno absoluto. Al día siguiente se estrenó la película con dos gentes en la primera función en el Centro Magno. Esos esfuerzos eran maravillosos y no te la jugabas por cualquier cosa, te la jugabas por un producto en el cual creías».

El Cineforo durante una proyección. Foto: Facebook Cineforo.

El Cineforo durante una proyección. Foto: Facebook Cineforo.

Si hay algo en lo que Ernesto Rodríguez cree es en el Cineforo, que se ha convertido en «el mejor trabajo que he tenido, el mejor proyecto de vida que he tenido. Para mí es un espacio único en Guadalajara, un espacio que quiero mucho y un espacio que, de alguna manera, siento que todavía está presente y que va a seguir estando presente. Para mí eso es lo importante».

Sin embargo, el Cineforo no está exento de las transformaciones tecnológicas y sociales. La primera década del siglo XXI todavía fueron años buenos para el recinto, pero las salas multiplex localizadas en centros comerciales empezaban a consolidarse, a esto se le sumaron los sistemas de televisión por cable, seguidos de la oferta por internet.

La cada vez mayor escasez de películas en 35 milímetros trajo tiempos difíciles para el Cineforo, por lo que su oferta se basó principalmente en proyecciones con video. Los cambios fueron brutales a partir de 2011, por lo que tuvieron que buscar medidas para seguir vigentes. «Se le tuvo que echar un montón de imaginación, un montón de cosas para lograr sobrevivir esos años».

En 2013, al final del rectorado de Marco Antonio Cortés Guardado, Ernesto Rodríguez le planteó la situación de la sala y el retraso tecnológico que tenía, sin embargo Cortés Guardado no podía hacer nada ya para mejorar las condiciones del lugar, lo que sí hizo fue dejar una recomendación para el siguiente rector de la UdeG.

Tonatiuh Bravo Padilla fue electo y Ernesto le planteó la situación de la sala. El rector le dio instrucciones y le prometió que para el siguiente año se tendrían los recursos para la remodelación del recinto. En marzo de 2014 se aprobó el presupuesto y comenzó el trámite; unos meses después, en agosto, se instaló un proyector 4K, lo que trajo consigo también un nuevo sistema de ventas y exhibición.

Los cambios tecnológicos son algo que Ernesto vivió en un rubro diferente pero también ligado al cine: la venta y renta de videocasetes.

Del video al streaming

En los años ochenta y noventa Ernesto no solo conoció la industria de la exhibición cinematográfica, sino también la de distribución de video. Su primera incursión fue en 1986 montando un videoclub en San Francisco del Rincón, Guanajuato. Mantuvo ese lugar por cinco años, hasta que se decidió a poner un videoclub en Guadalajara, teniendo como socio a Pedro Matute.

«El mercado estaba muy cerrado porque estaba Videocentro, que tenía convenio de exclusividad con todas las majors, y los poquitos videoclubes independientes tenían un montón de películas bien chafas. Pero luego surgieron compañías que empezaron a distribuir cine de más propuesta, de más calidad. Eso, aderezado con una colección que yo estaba haciendo de películas de cine de arte que nadie compraba a nivel videoclubes, me permitió ofrecer diferentes cosas».

Casetes VHS. Foto: Facebook Video Diversión.

Casetes VHS. Foto: Facebook Video Diversión.

Así, en 1991, nació Video Diversión: «Aquello fue un éxito inmediato. Puse un local en Plaza Amistad. Ya tenía el cine, entonces me quedaba a la mano. En los primeros ocho días ya tenía 600 personas inscritas. Fue un éxito que duró varios años y me permitió hacer tres tiendas más de video. En el 2003 abrimos una sucursal en Niños Héroes, que fue un éxito también muy bueno, aunque un poquito más tardado que Plaza Amistad. Tuve otra sucursal en la Glorieta Chapalita y otra en Plaza Terranova».

El surtido especializado y amplio de Video Diversión hizo que se convirtiera en un videoclub muy conocido en la ciudad. Algunos lo llegaron a considerar un sitio de culto: tenía películas que no se conseguían en ningún otro lugar. Incluso se inscribía gente de Chapala y otros municipios fuera de la zona Metropolitana de Guadalajara.

«El éxito de Video Diversión me permitió resistir transiciones brutales. Por ejemplo cuando entró el cable a Guadalajara; fue una estocada casi de muerte pero se sobrevivió. Me tocó la transición del VHS al DVD y me tocó el nacimiento del Blu-Ray, que nunca se consolidó como tal, nunca sustituyó al DVD. Y me tocó la tristeza de ver la transición del streaming, las descargas por internet y que se acabara el negocio, que de plano ya no pudiera ser factible económicamente».

En su última etapa, Video Diversión casi no captaba nuevos suscriptores, y los que llegaban eran personas adultas, ya ningún joven. En marzo de 2016 cerró la sucursal Niños Héroes de Video Diversión. Era la única que sobrevivía (aquí una crónica sobre el cierre de Video Diversión).

Los públicos del cine han cambiado, pero sobre todo la forma de consumirlo. Hoy los jóvenes se van más por las descargas y el streaming por internet que por acudir a la sala o conseguir una copia en video. Así lo ve Ernesto Rodríguez, que añade: «Los jóvenes viven en la facilidad del internet. Ellos nacieron con eso. Esa generación mató a los videoclubes, pero está equivocada en el sentido de apreciación: no consume en los canales que permiten ver la película como debe ser. Es muy triste porque nunca se podrá apreciar una obra cinematográfica como en el cine o como en un disco de buena calidad».

Más allá del soporte que use para acercarse al cine, Rodríguez considera que el público tapatío es variado y, en general, adulto. Asimismo, para quien fundara Video Diversión algo central en la relación público-cine es la existencia de autores con un peso específico: «Se necesita un director potente que a nivel mundial le diga a la gente “aquí estoy yo” y la gente se enamore de él».

Ernesto Rodríguez considera que el cine mexicano actual no crea empatíacon el público. Imagen: Ernesto en charla con Cine qua non. Crédito: Miriam Jiménez.

Ernesto Rodríguez considera que el cine mexicano actual no crea empatía con el público. Imagen: Ernesto en charla con Cine qua non. Crédito: Miriam Jiménez.

Las vicisitudes del cine mexicano

Para Ernesto Rodríguez  esas figuras de las cuales el público se enamora se han acabado en el cine mexicano. Además señala otros aspectos que no favorecen al crecimiento de la industria cinematográfica nacional, como el poco espacio de exhibición para las producciones mexicanas.

«Es muy difícil que tengan un espacio para exhibición porque están cooptados todos los espacios por las cadenas, por los distribuidores americanos especialmente. Ya en los cines yo veo muy poca llegada de películas mexicanas». Por lo cual el cinéfilo cree que se deberían buscar espacios alternativos para las propuestas nacionales.

Pero esto no es el único obstáculo que Ernesto Rodríguez identifica. De hecho, para él, el gran problema es el nivel de las historias: «Generalmente las realizaciones técnicas pueden ser muy buenas, ¿y eso qué te gana si la propuesta, de lo que se nutre la película, es una tristeza? El problema, especialmente del cine mexicano, son los guiones: las situaciones no son nada creíbles».

Rememora la Época de Oro del cine mexicano: «Generalmente los guiones eran de gente que sabía mucho de literatura y de buena escritura. Ahí veías a José Revueltas de guionista cinematográfico, a Mauricio Magdaleno, a Luis Espota, a Vicente Leñero. Ahora generalmente los pocos que saben escribir terminan yéndose. Un Guillermo Arriaga termina yéndose a filmar a otras partes, por decirte un nombre».

Además, Ernesto Rodríguez señala que «Las propuestas que tienen un cierto eco o un éxito absoluto en el cine mexicano en realidad se dan, igual que los directores, a cuentagotas. Una o dos cada dos años, tres años. Es bien difícil».

«Por otro lado, no se ha enraizado el gusto del público por el cine mexicano. No tiene actores emblemáticos y si surge alguno lo hacen repetir el papel 500 mil veces hasta que aquello queda exhausto».

En la memoria quedan las figuras de Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix, Cantinflas y hasta Mauricio Garcés. Las diferencias en la manera de consumir cine también han repercutido en esta formación de nuevos públicos y en la creación de nuevos ídolos que atraigan a los mexicanos a ver el cine que se hace en este país.

ernesto-rodriguez-cineforo2

Al cine mexicano le falta más espacio en las salas, mejores historias y un adecuado sistema de mercadotecnia, opina Ernesto Rodríguez. Foto: Miriam Jiménez.

Aunque películas mexicanas recientes como No se aceptan devoluciones (2013), Nosotros los nobles (2013) y ¿Qué culpa tiene el niño? (2016) han tenido buenos ingresos en taquilla, Ernesto considera que no están creando un público fiel: «Todo es válido, aun esas propuestas. Por ejemplo la de Derbez me parece infumable como propuesta cinematográfica, aunque le reconozco la forma en que capta al espectador. Pero es muy vacua para tratar de hacer un público que funcione de otra manera. No está creando un nicho de público. No crean esa empatía por el público».

Ante el cuestionamiento de qué tanta responsabilidad recae en quienes van, o no,  al cine, Ernesto afirma que «el público quizás sea el menos culpable», y explica: «Tú como espectador te condicionas a ver unas películas muchas veces por la empatía con las actrices o actores. Hay un error de concepción de cómo armar las cosas para promover que 120 películas se vean en el año. Está dificilísimo; no pasa en México, en Francia ni en ningún país, excepto Estados Unidos. Ellos tienen un sistema de marketing que también nos falta a nosotros. ¿Cómo le hacen ellos? Posicionar actores, posicionar géneros, posicionar todo eso».

En sus palabras se evidencia una perspectiva del cine como industria, misma que adquirió a través de las casi cuatro décadas que lleva en el medio.

 

La vida misma

A pesar de no haber estudiado formalmente cine, Ernesto ha hecho de este su vocación. El interés siempre permaneció en él; llegó incluso a tomar un curso de dirección de cine por correo. Ernesto Rodríguez, a pesar de los impedimentos que se le presentaron, puede decir con orgullo: «No me frustra eso. La verdad, me hubiera frustrado no haber hecho todo lo que he hecho: tuve cines en Tepic, en Guadalajara, programé un montón de partes de la ciudad, tuve películas, la distribución, tuve el video, o sea toda mi vida profesional ha girado sobre el cine».

Sus conocimientos le han permitido dirigirse a la audiencia y lo han mantenido en una larga trayectoria: «Ya son 40 años de estar metido en esto y no tan fácil. De aquí han pasado un montón de gentes que yo he conocido, que eran unos genios para eso y luego se dedicaron a otras cosas. Ya no les interesó y yo sigo interesadísimo: mi pasión por el cine todavía no ha muerto».

Su pasión sobrevive, y con ella el interés por nuevas propuestas, nuevos directores, nuevas formas de atraer al público y adaptarse a los cambios.

«El cine es la vida misma», afirma Ernesto. El cinéfilo de corazón dice, convencido: «Para mí es una maravilla haber conocido, disfrutado y trabajado en el cine; haber hecho mi vida profesional, toda mi vida, girar en torno a él. Fue una suerte vivir el cine en todas sus facetas y hacer de mi pasión una forma de trabajo. Todo ello me ha dado una satisfacción que no hubiera tenido de otra manera. Palabra de honor».

Related Post

Trackbacks & Pings

  • FIL: Una mirada al cine latinoamericano :

    […] Para Ernesto Rodríguez, programador del Cineforo, en este ciclo destaca «la presencia de países que no vemos seguido en una exhibición normal». Y es cierto. No solo proyectarán cine mexicano, argentino o brasileño: también habrá cintas provenientes de Puerto Rico, Guatemala, Panamá, Colombia y El Salvador, entre otros países. La diversidad de géneros es otra característica del programa, que incluye cine animado, ficción y documental. […]

¿Qué opinas?