Cine, comunidad y resistencia: entrevista con Luna Marán

 

Adrián Carrera (@acarrahu), Jardiel Legaspi Guitiérrez y Kenji Kishi (@KenjiCosme)

Guelatao, un pueblo en la sierra de Oaxaca donde viven menos de 500 personas. Ahí nació Luna Marán, joven cineasta que creció de la mano de un proceso de medios comunitarios. De niña fue actriz y locutora. Más tarde, en su adolescencia, practicó la fotografía. A diferencia de otras mujeres nacidas en comunidades rurales de México, Luna tuvo la posibilidad de estar, desde chica, muy cercana a formas de comunicación más comunes en entornos urbanos. Es hasta la preparatoria que Marán salió de su pueblo y se fue a estudiar a la ciudad de Oaxaca. Sus primeros acercamientos a la creación audiovisual fueron más bien experimentales, casi lúdicos. Luego dejó su estado y llegó a Jalisco para estudiar en el Departamento de Imagen y Sonido de la Universidad de Guadalajara. Era una joven con aspiraciones artísticas en una ciudad extraña. Como hacen muchos estudiantes foráneos, decidió compartir techo. Su roomie se llamaba Sofía.

En 2011, Luna Marán realizó el corto documental Me parezco tanto a ti (puede verse en este enlace), que trata sobre seis mujeres del sitio donde creció. Su ópera prima, titulada Tío Yim, es un retrato de su familia y se encuentra en proceso (clic para ver el trailer). Una particularidad de este proyecto es que los personajes están codirigiendo la película, un poco sobre la misma línea de trabajo de Carolina Platt con La hora de la siesta.

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Luna Marán (izquierda) durante la edición pasada del Campamento Audiovisual Itinerante.

El cine como espacio de comunidad

El arraigo de Marán con Oaxaca está patente no sólo en sus inquietudes como cineasta sino también en el hecho de haber fundado —junto a Carlos Espinoza, Laura Ramírez y Mariana Musalem— el Campamento Audiovisual Itinerante (CAI). Cuando Luna y Laura egresaron de la licenciatura se plantearon lo que harían. Se les ocurrió dar talleres de cine en su natal Oaxaca. Metieron un proyecto a concurso para una beca del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes y la ganaron. Al principio la propuesta estaba dirigida a comunidades indígenas, pero luego la ampliaron. El primer año hubo 25 maestros invitados y 25 participantes: «Al final se generó un grupo heterogéneo y esa cosa da algo bien chingón. Al principio la convocatoria era solo para Oaxaca y ese primer año llegó gente de varios estados. El contarnos las cosas y sentirnos como semejantes y con ganas es una cosa bien padre y nos emocionó mucho».

Durante el primer año del CAI filmaron cuatro cortometrajes. El campamento, con periodicidad anual, continúo y fue evolucionando hasta el punto en que se convirtió en un punto de encuentro entre cineastas, miembros de la comunidad sede del campamento y creadores provenientes de diversas disciplinas. Iniciación, capacitación, exhibiciones, asesorías y convivencia en torno al cine es lo que se vive en cada edición del CAI: «La idea ha sido trabajar sobre lo heterogéneo, sobre la diversidad, como el cruce de disciplinas. Una de las cosas que tiene muy fallida la formación de los cineastas es que buscan especializantes, entonces terminamos solo hablando de cine y entre puros cineastas y es la cosa más endogámica, horrible y asfixiante. Lo que está chido es entender otros procesos de otras disciplinas; además el cine necesita de todas. Eso ha estado muy padre: juntar a mucha gente de muchos rollos y también en un rollo de los medios comunitarios».

«El cine para hacer comunidad, el cine haciendo comunidad, el cine como espacio de comunidad», dice Luna, casi como un mantra. Ejemplo de ello no es únicamente el CAI, sino las producciones fílmicas en las cuales ha estado involucrada. Actualmente Marán es productora de la película independiente Los años azules (los ojos de Schrödinger), que trata de un grupo de jóvenes de distintos orígenes, todos con pretensiones artísticas, que comparten casa. La directora se llama Sofía, Sofía Gómez Córdova.

Los años azules se rodó los últimos meses del año pasado en una casa vieja del tradicional barrio El Santuario, en Guadalajara; actualmente se encuentra en fase de posproducción. Sobre dicho filme, Marán cuenta: «La peli no podría hacerse si no hubiera una comunidad de gente que quiere hacerla. Con Sofía (Gómez) siempre ha habido mucha claridad en creer que el cine es un proceso de creación colectiva: todos son entes creativos; no es el director autoral, el genio que sabe todo del mundo, sino más bien es un proceso donde el director dirige una suma de talentos, como en una orquesta. El momento en que dejas de pensar que tú tienes que saberlo todo de tu propia historia, sino más bien donde aceptas que pones una línea y todos empiezan a cultivar sobre ella, es un chingonería. Es partir desde otros lugares, creer que entre todos podemos hacer algo increíble».

Una característica de la producción de Los años azules es que tiene gran participación femenina: «Hay cabezas de departamentos que son mujeres, lo cual genera otra relación, pero no te podría asegurar si es mejor o peor. Simplemente es otra cosa. Lo importante no es que una mujer esté detrás de la cámara o escribiendo un guion, sino que el discurso que se cuente en esa historia sea de un universo complejo de la relación hombre-mujer, del ser mujer y del ser hombre, en complejidad y en profundidad. No tiene ningún sentido que haya muchas directoras si todas objetivizan el cuerpo de la mujer o dicen que todos los hombres son unos canijos. Para mí eso no sería significativo».

Participantes de la más reciente edición del Campamento Audiovisual Itinerante en filmación. Foto: CAI.

Participantes de la más reciente edición del Campamento Audiovisual Itinerante en filmación. Foto: CAI.

«Cualquier película es discurso»

Para Luna lo más importante, entonces, está en el discurso que propone, dinamita o fortalece una película. Aunque considera que el cine mexicano pasa por un buen momento, advierte que el tema monetario condiciona la diversidad de las historias, de los discursos: «Cuando se mete la lana de por medio se posicionan ciertas historias sobre otras. La diversidad de historias que existen en nuestra realidad son muchísimas, pero la que existe en el cine no es tanta. ¿Por qué? Porque la gente que tiene acceso a hacer cine pertenece a ciertos universos particulares y nos retratan desde esa particularidad. Es difícil que la gente que pertenece a ciertos círculos pueda transgredir sus propias historias, pero es su responsabilidad cuestionarse qué están contando, y es que cualquier película es discurso».

Marán contínúa: «Falta ese análisis del discurso: qué historias están contando y qué están retratando con lo que están contando. Hay muchas pelis que han sido galardonadas internacionalmente y lo que hacen es ser clasistas, donde minimizan esta realidad. Por ejemplo las películas de Reygadas, que son son profundamente clasistas. Tienen una propuesta visual interesante, tiene procesos de atmósfera bien chingones, pero están diciendo: “los jodidos (pobres) son jodidos porque quieren ser jodidos y los ricos nos sentimos temerosos de los pobres”. En todas sus pelis siempre hay una situación donde hay una relación de poder entre los blancos y los morenos en este México. Es racismo puro. Es muy cabrón que son esas pelis las que están siendo de prestigio; no está de la nada el hecho de que esas películas se validen al contrario de otras».

Luna Maran es productora de «Los años azules». Foto: Lucero González.

Por eso es que Luna cree que es responsabilidad de los nuevos cineastas desarrollar la diversidad y la autocrítica en las historias que cuentan y los discursos que validan. Esa es una de las razones por las que se involucró con la producción de Los años azules: «Creo que sí estamos haciendo otra cosa y estamos contando una historia muy fresca tanto para nosotros como para el público».

Pero no ha sido fácil. El mayor obstáculo para hacer cine en México, a decir de Marán, es conseguir el dinero. A pesar de ello, se han sobrepuesto: «Estamos haciendo esta peli porque creemos en esta historia y queremos que se cuente junto con ese universo que busca retratar. Aunque quisiéramos que esta fuera nuestra forma de vida, no estamos apostando a que de esto vamos a comer. Es duro aceptar que no vas a vivir de lo que quisieras, más bien vas a hacer lo que quieras en la medida que puedas».

Mientras el equipo creativo de Los años azules estaba en etapa de preproducción, miles salían a las calles a exigir justicia por el caso de los normalistas desaparecidos de Ayotzinapa: se cumplía un año de ausencia de los 43. Marán está consciente de ello: «Estamos en un contexto económico, político y social terrible, tan complejo y tan violento, y nosotros haciendo una película encerrados en una casa y poniéndole pintura a las paredes y vistiendo gente para que actúe de otra forma que no es. O sea, estamos jugando. También creo que el juego y la fiesta son una forma de resistencia. Lo son porque el sistema quiere deprimirnos, quiere que sintamos que no podemos hacer las cosas, quiere que creamos que no podemos ser de otra manera. Es muy importante pero también es un privilegio estar jugando con la imagen, haciendo historias. ¿Cuántos jóvenes de nuestra edad pueden? Hay una gran responsabilidad de los que tenemos el privilegio de dedicarnos a la creación de contar historias que es necesario que sean contadas».

Su infancia en Guelatao, su adolescencia en Oaxaca —sus orígenes—, su años de juventud y de formación profesional —sus años azules— en Guadalajara, sus experiencias en el CAI… todo parece converger en las palabras de Luna: «Hacer cine es un acto de resistencia; es totalmente político. El atrevernos a contar ciertas historias, no necesariamente amarillistas. No es que tengamos todos que contar la historia de las tragedias. Tenemos mucha chamba en construir un imaginario colectivo donde exista una diversidad de historias. Es importante que se puedan retratar las condiciones para que 43 jóvenes hayan desaparecido y nadie nos diga qué pedo, como también es importante que hablemos de los otros jóvenes. La posibilidad de construir entre todos ese imaginario diverso es una responsabilidad. Por eso estoy aquí».

Actividades del Campamento Audiovisual Itinerante del 2015. Foto: CAI.

Actividades del Campamento Audiovisual Itinerante del 2015. Foto: CAI.

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