«Choose nostalgia»: «T2 Trainspotting»

Por Kenji Kishi | @KenjiCosme

 

En 1996, cuando se estrenó la primera parte de Trainspotting, yo tenía aproximadamente 10 años, por lo que probablemente no la vi ese mismo año. Si acaso, recuerdo, la vi en videocasete dos años después. Recuerdo también que quedé impactado. La película, sobre las aventuras y desventuras de unos adictos a la heroína, junto con otros filmes similares de la época (Pulp Fiction (1994) de Tarantino y, quizás, Natural Born Killers (1994) de Oliver Stone), motivaron mi gusto por el cine. Para mí, estas películas y otras de similar factura (algunas tan fallidas que ya no recuerdo el nombre) representaban al cine «cool», ese tan noventero, tan lleno de colores vivos, un ritmo de edición acelerado (la de Tarantino menos, obviamente) y una historia que echaba mano de recursos narrativos diferentes.

Trainspotting era un caso especial, simple y llanamente por tratarse de un lugar lejos de mi imaginario como lo era Edimburgo. Más en específico, en aquel entonces poco conocía de los jóvenes «euro trash» y el cine que se estaba confeccionando en el viejo continente. Fue a partir de esta película que comencé a seguir la carrera de Dany Boyle, en aquel entonces un director prometedor luego de su debut en 1994 con Shallow Grave.

La vida en el abismo, como le pusieron en español, fue todo un éxito y no sólo catapultó la carrera de Boyle, también la de su colaborador y amigo, el actor Ewan McGregor, quien comenzó una exitosa trayectoria que lo convertiría en uno de los actores europeos más reconocidos de su generación.

¿Qué había en ese cóctel cinematográfico que se ha convertido en un clásico de finales del siglo XX? En principio, personajes carismáticos y bien delineados, con los que se sentía una extraña afinidad. Todos eran unos perdedores encantadores o unos hijos de puta carismáticos; de hecho, las dos cosas al mismo tiempo. El casting obviamente funcionaba: Renton, Begbie, Sick Boy y Spud podían ser un poco como nuestros amigos o compañeros, los más ojetes, los más gandallas.

En segundo lugar: la dirección. Trainspotting es la quintaesencia del sello Dany Boyle. Muchos cortes, muchísimos planos muy diversos para contar las acciones, varios de ellos de plano invasivos a los personajes. Esto da como resultado una gran agilidad en el ritmo; aunque los personajes estén atorados en su vida, la sensación es que la acción siempre avanza.

En tercer lugar: la historia. La novela de Irvine Welsh en la que se basa la película conectaba completamente con el humor de la Europa de los años noventa. No hace muchos años había caído el muro de Berlín; era evidente que había triunfado el capitalismo y, con él, un tufo hedonista y consumista. Al mismo tiempo, la generación joven (conocida como X) se hundía en el nihilismo. Ante un mundo sobrexcitado todo el tiempo, la droga se convertía en el combustible para seguir existiendo. Welsh, un agudo observador de la realidad, daba cuenta de una serie de personajes sin perspectiva de futuro que encontraban en las adicciones su válvula de escape. El triunfo de la historia de Welsh, quien escribiría también la secuela y una serie de relatos y novelas en el mismo ambiente, demuestra que toda época y espacio geográfico necesitan de su cronista.

Por último y no menos importante: el soundtrack. Estoy seguro que no fui la única persona que descubrió a Iggy Pop a través de «Lust for Life». La música de la película no fue un compendio al azar influenciado por los posibles éxitos radiables del verano (si bien «Born Slippy» de Underworld fue todo un hit) sino que funciona como un hilo conductor que se relaciona con la realidad de los personajes (Iggy Pop y Lou Reed se convierten en héroes e inspiración de vida), además de ser parte fundamental en la estética de Boyle.

Todos estos ingredientes generaron uno de los clásicos de final de siglo que pervive como una referencia cinematográfica muy reconocible. Basta pensar en cómo resignificaron el «Chose life», eslogan en contra de las adicciones, ahora como un lema del conformismo.

 

I (still) got lust for life

Han pasado 20 años. En la cabeza de Mark Renton aparece la imagen borrosa de lo que fue, cae y decide regresar a Edimburgo. Sick boy chantajea a clientes de una prostituta y «administra» el viejo bar de su tía. A Spud todo le salió mal y, tras una serie de eventos desafortunados, vuelve a la heroína. Mientras tanto, Frank Begbie sigue purgando una condena muy larga en prisión.

En esas dos década la vida continuó de una forma extraña para todos. Renton, quien parecía haber resuelto su vida, ahora regresa sin nada en concreto. Los demás están igual o peor. Nada ha mejorado realmente, no para ellos, quienes ahora, con más de 40 años, parecen estar atorados en una vida sin mucho sentido.

En cierta forma, T2: Trainspotting (2017) funciona como un homenaje nostálgico a la primera película, aunque a veces parece más cerca de la autoparodia. Dany Boyle y los productores (entre los que está el mismo Welsh) parecen saber que no hay nada más redituable hoy en día que el negocio de la nostalgia —de hecho la cartelera actual parece estar llenándose de secuelas, remakes y reboots—. La foto de una cartelera que anuncia La Bella y la Bestia (2017), Power Rangers (2017) y (King) Kong: la isla calavera (2017), y un comentario que dice «What the fuck is this year?» (¿cuál es este pinche año?) parece resumir nuestro sentir de la oferta en cines (en este ensayo Bryan Guevara aborda dicha situación).

A pesar de que la secuela de Transpoitting parece haberse subido a la misma ola de refritos, se diferencía y se salva porque parece ser consciente de este hecho, y sobre todo por la congruencia en el desarrollo de los personajes. Renton lo resume en su monólogo 2017 del «Choose life»: «Choose looking up old flames, wishing you’d done it all differently. And choose watching history repeat itself. Choose your future (Escoge buscar las viejas llamas, deseando haber hecho todo de manera diferente. Escoge ver la historia repetirse a sí misma. Escoge tu futuro)».

De esta manera, la nueva entrega de Transpoitting se construye a través de la autorreferencia: los mismo encuadres de los tres perdedores a un costado de las vías del tren, la misma sonrisa socarrona de Renton, la amistad y la traición, así como las historias que cuenta Spud, son algunas que ya vimos los espectadores en el pasado. Y sin embargo volvemos a esas imágenes con el gusto con el que las vimos por primera vez. Luego nos vemos en el espejo de la pantalla: por nosotros también han pasado ya 20 años y no nos queda más que volver a bailar esa vieja canción. A pesar de todo, en el oscuro túnel del tren del presente, seguimos teniendo pasión por vivir.


Trainspotting | Trainspotting: la vida en el abismo [título en español]
1996 | 94 minutos | Inglés | Reino Unido
Dirección: Dany Boyle
Guión: John  Hodge basado en Trainspotting de Irvine Welsh
Producción: Andrew McDonald
Casas productoras: Channel Four Films, Figment Films y The Noel Gay Motion Picture Company
Reparto: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller…
Fotografía: Bryan Trufano
Edición: Masahiro Hirakubo

T2 Trainspotting
2017 | 117 minutos | Inglés | Reino Unido
Dirección: Dany Boyle
Guión: John  Hodge basado en Porno de Irvine Welsh
Producción: Bernard Bellew y Dany Boyle
Casas productoras: DNA Films, Film4, TriStar Pictures…
Reparto: Ewan McGregor, Ewen Bremner, Robert Carlyle, Jonny Lee Miller…
Fotografía: Anthony Dod Mantle
Edición musical: Allan Jenkins
Edición: Jon Harris


 

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