Cinéfilo antes que cineasta. Charla con Samuel Kishi

Por Adrián Carrera y Jardiel Legaspi
Fotografías de Miriam Jiménez

Un par de morrillos toman una cámara de video que su padre dejó abandonada en casa. Comienzan a grabarse a sí mismos, a los vecinos, a sus compitas actuando… Editan con videocasetera. Uno de los morrillos se llama Samuel. Cuando entra a la adolescencia, se interesa más por «chichis, colas y todo ese tipo de cosas que le interesan a un adolescente». La cámara quedó en el olvido.

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En la preparatoria, Samuel comienza a presentar todas las tareas que puede en formato audiovisual. Luego graba bodas, chingos de bodas. Afina el ojo, gana dinero. Entra a un curso de realización cinematográfica con Boris Goldenblank.

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Samuel Kishi en entrevista. Foto: Miriam Jiménez.

Samuel Kishi en entrevista. Foto: Miriam Jiménez.

Hoy, Samuel Kishi Leopo es egresado del Departamento de Imagen y Sonido (DIS) de la Universidad de Guadalajara (UdeG) y tiene ya varias producciones tanto en el rol de editor como en el de director. Su trabajo Mari Pepa, ganó el Ariel de plata en 2012 y también en la vigésimo séptima edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), ambos reconocimientos como mejor cortometraje.

Amablemente, Samuel aceptó charlar con Cine qua non. La cita es en un café sobre Paseo Chapultepec, esa calle jacarandosa donde ya caen los rayos del sol primaveral. Kishi viste playera lisa, pantalón de mezclilla, anteojos y un par de tenis. Tiene astigmatismo, pero una visión muy clara de lo que para él es el cine: «es mi pasión, es mi norte, es mi todo».

El maestro Boris

Apenas han pasado un par de minutos de iniciado el diálogo cuando, sin que se lo preguntemos de manera directa, Samuel menciona al recientemente fallecido (10 de enero) Boris Goldenblank, cineasta ruso que fundó y dirigió el DIS:

Boris Goldenblank. Foto: Álvaro Argüelles.

Boris Goldenblank.
Foto: Álvaro Argüelles.

«Goldenblank fue alguien con calidad moral, ética y profesional. Gracias a él, el DIS tiene una personalidad, un discurso social como pocas escuelas en el mundo.»

«Estaba platicando con unos chicos de una escuela de Austria, alumnos de Michael Haneke, y se quejaban muchísimo de él, porque no tenía ese interés de enseñar, ese amor para la enseñanza.»

«Boris se acordaba de tu nombre, de quién chingados eras, de qué problemas tenías y en qué proyectos andabas. Era meramente humano su trabajo. Boris nos transmitía una responsabilidad social, no era nada más hacer cine para ti y tus chaquetas mentales. Nos hacía preguntarnos: ¿qué clase de cine tenemos que hacer?»

«Tenemos que continuar las nuevas generaciones con el legado de Boris, con ese discurso social.»

Samuel ha dirigido cuatro cortometrajes, pero como editor tiene en su haber no solo cortos de ficción, sino incluso un par de trabajos documentales para Maná. En Somos Mari Pepa, su primer largometraje como director, Samuel también participó del proceso de edición.

«Editar es dirigir. Dicen que para aprender a contar una historia, edites un documental. A mí la edición me acercó a la dirección. Yo en realidad quería ser fotógrafo, pero luego me di cuenta que estaba ciego. Últimamente me ha gustado mucho más dirigir. Me gusta mucho el proceso.»

Las dificultades para hacer cine

Mari Pepa costó alrededor de 45 mil pesos. Para financiarlo, Samuel contó con el apoyo del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (CECA). El dinero, dice Kishi, es una de las grandes dificultades al momento de realizar un proyecto audiovisual, pero también nombra otras:

«El gran pedo es la disciplina. La bronca es toda esta parte de estar peleando contra uno mismo, estar peleando contra tu ego; tienes que priorizar la historia, lo que quieres hacer sentir, todo lo demás vale madre.»

«Hay que soñar cine, mamar cine, y que nuestra familia sepa que está con un pinche loco que no va a quitar el dedo del renglón. Si no te abismas en eso, no vas a ser realizador.»

Hacer oficio

Otro aspecto que Samuel resalta es el de la comunidad que, comenta, se generó en gran medida gracias a la escuela de la cual viene:

«Con todas las adversidades, lo que hemos logrado sacar es por la comunidad que se ha generado, gracias a la educación que tuvimos. Estoy bien agradecido con eso. Lo que necesitamos es hacer comunidad, deshacernos de los pinches egos y apoyarnos.»

«Lo interesante que creo que se está generando con esta comunidad es que atrás se quedó la figura del director plantado en un pedestal, el director semidiós. A mí lo que me gusta es trabajar mucho en cooperativa, alimentando nuestras películas con un pensamiento común.»

«Finalmente lo que queremos es generar oficio, es lo primordial, no las pinches alfombras rojas.»

El cine mexicano actual

«El cine mexicano está rompiendo madres ahorita. Ya no nada más son historias del narco o pornografía de la miseria. Poco a poco hemos ido encontrando un lenguaje, una idiosincrasia que nos pertenece a los mexicanos. Hay una oferta cada vez más interesante y más plural. Es un gran avance.»

Sin embargo, advierte Samuel:

«Tenemos que estar en constante preparación, estar desarrollando todo el tiempo el lenguaje, ser propositivos.»

Hay momentos de la entrevista en los cuales Kishi se entusiasma. Este es uno de ellos.

Samuel Kishi. Foto: Miriam Jiménez.

Samuel Kishi.
Foto: Miriam Jiménez.

«Me honra vivir esta nueva sangre del cine mexicano. Cuando vino Guillermo del Toro dijo “no mames yo quiero trabajar con más mexicanos” está buscando cómo vincularse.»

«Que nos den chance, eso es lo que necesitamos, que nos den chance.»

Exhibición, la piedra angular

Durante 2014 se produjeron 130 películas mexicanas, pero únicamente se estrenaron 68. De los 240 millones de asistentes a salas de cine, el 90% vio películas extrajeras. Samuel está consciente de ello:

«La producción sí es un problema pero no el gran problema. El gran problema de aquí es ya la distribución y la exhibición. Para generar una industria sana tienes que cuidar todos los ámbitos. El cine no es nada más de artistas.»

«Ahorita hay un chingo de oferta, pero, ¿dónde están los escaparates? Esa es la bronca del cine mexicano: ¿quién nos ve?»

Por ello, Samuel plantea la necesidad de políticas proteccionistas, ya que las cadenas exhibidoras son empresas y lo que buscan es tener ganancias monetarias. Da el ejemplo de Corea del Sur, que cerró sus puertas al cine estadounidense por alrededor de cuatro años y con ello provocó que su industria creciera.

«Tenemos que buscar una estructura para que el cine mexicano tenga esas grandes ventanas, ese acercamiento con el público. La exhibición es la piedra angular.»

(Somos) Mari Pepa

Un día, años después de encontrarse la cámara que su papá abandonó, esos dos hermanos —que ya no están morrillos— van cotorreando. Mientras regresan de pistear, recuerdan anécdotas de la fallida banda de Punk rock que tenían con los vecinos.

Dos semanas después, su abuela sufre un derrame cerebral.

Inspirado en esas dos experiencias y con 10 mil pesos que tenía ahorrados de las bodas que grababa, Samuel se lanzó a realizar el cortometraje que más tarde los llevaría a Berlín, a Cannes y a otros sitios más: Mari Pepa.

El corto se filmó en el barrio de Atemajac, en Zapopan, Jalisco. Samuel fue a convivir y trabajar con los chicos del barrio tres meses antes de grabar Mari Pepa. Se generó comunidad y grabó con ellos.

A pesar de que, sorpresivamente, Samuel consiguió un apoyo del CECA, al momento de lanzar el cortometraje las expectativas no eran altas. Mari Pepa ganó en el Festival de Cine en Morelia, en el FICG, el premio Ariel, fue a la semana de la crítica en Cannes…

«Yo pensaba, no mames, es un corto que hicimos acá en el barrio de Atemajac, ¿a quién chingados le va a importar?, ¿quién nos va a pelar?»

Parte del «crew» de «Somos Mari Pepa». Foto: giff.mx

Parte del «crew» de «Somos Mari Pepa». Foto: giff.mx

El éxito de Mari Pepa ayudó a la producción del primer largometraje de Samuel: Somos Mari Pepa, que es una especie de versión extendida del cortometraje.

«Habían quedado muchas anécdotas fuera. Sentíamos que (Mari Pepa) era un fragmento de algo más grande.»

Desde el cortometraje hasta el largometraje, Samuel siguió frecuentando a los no-actores protagonistas de Mari Pepa. Cuando los llamó para el largometraje, ya se desenvolvían mucho mejor frente a cámara.

Tras un largo circuito por más de 50 festivales entre nacionales e internacionales, Somos Mari Pepa se estrenará en salas comerciales en el último trimestre del año. Los agentes de la película en México son personas de Proyector, a quienes Samuel contactó por recomendación de FiGa Films, sus agentes internacionales.

En la actualidad, Kishi continúa viendo a parte del crew de Somos Mari Pepa. De la película, más allá de si es buena o mala («eso lo decidirá el espectador», dice), rescata el proceso:

«Generamos una familia, se generó una comunidad. Los procesos y la comunidad que se creó es algo muy valioso… es lo más gratificante, desde la preproducción hasta estos momentos que vamos a estrenar en cine.»

Proyectos actuales y futuros

Actualmente Samuel tiene una idea de documental y algunos cortos, está dirigiendo una obra de teatro y ya trabaja en Los vientos de Santana, su próximo largometraje.

«Está inspirada en una anécdota familiar. Es una madre joven que migra a Santana, California, con sus dos hijos. Se trata de una familia fragmentada volviéndose a unir. Será una comedia dramática que juega un poquito con la docuficción.»

La pieza teatral se llama Lanzar los dados y forma parte de una serie de obras en una casa que suceden al mismo tiempo. En cada habitación hay una obra de 15 minutos y cuando mucho caben 15 espectadores. Microteatro es el nombre del proyecto.

Sobre el financiamiento para seguir haciendo cine, Samuel comenta:

«Sabemos que no nos podemos quedar nada más en estirar la mano a papá gobierno. El artista, en este mundo que vivimos ahora, tiene que ser empresario.»

Comunicar con cine

Foto: Miriam Jiménez.

Foto: Miriam Jiménez.

Algunas personas usan palabras; otras, melodías; Samuel usa planos.

«La manera más auténtica de hacer sentir lo que pienso, de comunicar una idea, una emoción, un pinche sentimiento, es con el lenguaje audiovisual, es la manera más coherente, la más honesta. Con el cine no se me traba la lengua.»

Cuando le preguntamos qué es lo que más le gusta de hacer cine, Samuel hace una pausa. Titubea un poco, pero dice:

«Esos procesos, la cooperatividad… pero también esa comunicación. Uno de los alicientes siempre es esa comunicación con el espectador, cuando tú dejas un eslabón y el espectador pone el siguiente eslabón para generar la cadena; eso, tanto como creador y como espectador, porque antes de ser cineasta soy cinéfilo.»

«Cuando vas a ver una película y apagan la sala de cine, se pone todo a oscuras, prenden la pantalla y te das cuenta de que “uta’ yo también me sentí así”, “eso también me pasó”, ”no mames pensé que estaba solo en este pinche universo, pero no, alguien me entendió”; y eso es un momento mágico y cuando se crea eso tanto como espectador y como creador, es lo más bonito del mundo. Pues eso, por eso te levantas todas las mañanas.»

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  • Las chicas también sentimos la punzada: Excítame, ¡maldición! :

    […] La cinta tiene muchos otros aciertos. Uno muy grande es la complementariedad entre la ambientación musical (¿Kings Of Convenience les dice algo?) y los hermosos paisajes nórdicos, los cuales contextualizan tanto los sueños como las ambiciones que mueven las jóvenes historias del filme. Otro punto a favor son las interpretaciones de los no-actores que genuinamente encarnan a los protagonistas, especialmente la carismática Helene Bergsholm, quien interpreta a Alma. (Por cierto, otro trabajo actoral excepcionalmente logrado con adolescentes de la vida cotidiana es Somos Mari Pepa del director Samuel Kishi. Pueden leer la entrevista que le hicimos aquí). […]

  • Nosotros los Nobles: ¡Y pum, papá!... :

    […] Nosotros los Nobles no impulsó una industria nacional sino a dos o tres personas, que parecen poco preocupadas por «hacer industria» o «generar oficio», que no piensan en colectivo (como sí lo hacen otros realizadores, por ejemplo Samuel Kishi). […]

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