Cannes, Netflix, cine indie y los dilemas de la experiencia cinematográfica

Por Oscar Chavira | @Oscar_Chavira

 

«Me parece una enorme paradoja premiar un filme que no pueda verse en una sala»
Pedro Almodóvar

 

En un escueto comunicado, dado a conocer un día antes del comienzo del evento, el comité organizador del Festival de Cannes estableció que a partir del 2018 no podrán competir por la Palma de Oro cintas que no tengan asegurado su estreno en salas de cine de Francia.

El comunicado tenía un remitente: Netflix.

Este año, en el Festival de Cannes, Netflix pasó de ser uno más de los buscadores y compradores de derechos de cintas en exhibición, a usar el festival como pasarela de sus propias realizaciones. Las cintas Okja (Bong Joon-ho, 2017) y The Meyerowitz Stories: New and Selected (Noah Baumbach, 2017), ambas financiadas por Netflix, consiguieron estar en competencia en la Sección Oficial del festival.

Dicha presencia desató reclamos de varios representantes de cadenas de exhibición de cine franceses, presentes en el comité de organización y patrocinio del Festival de Cannes. Los distribuidores y exhibidores franceses ven en Netflix  una amenaza que los elimina cuando de producciones propias se habla. La compañía produce, distribuye y exhibe por sí sola series y películas gracias a su modelo de negocio.

Pero Netflix no sólo atenta contra intereses privados en Francia, también incumple lo establecido en la normatividad sobre películas.

La estricta regulación cultural francesa obliga a que todas las películas que se distribuyan en el país estrenen en salas de cine primeramente, y establece que la disponibilidad de dichas cintas en portales de video on demand se de 36 meses después del estreno convencional.

Esta regulación francesa choca contra la premisa corporativa de Netflix de estrenar todas sus producciones primero en su portal y, posteriormente, conseguir estreno en salas solo para las películas que así convenga —con el fin de cumplir las reglas de inscripción a algunos premios—.

Esa amenaza que Netflix representa para el modelo convencional de producción, distribución y exhibición de cine también atenta contra los impuestos establecidos a dichas actividades, los cuales se usan como fondos públicos para financiar proyectos culturales o al propio cine nacional. Si Netflix evade el estreno en salas de cine, dichos impuestos no se cobran y no se integran al fondo. De ahí también la preocupación del gobierno francés frente al modelo comercial de Netflix.

Exhibidores y representantes culturales del gobierno francés presionaron al comité del Festival de Cannes para que obligara a Netflix a cambiar su política con respecto a las dos cintas presentes en el evento. Netflix ofreció un estreno limitado en el país galo antes de que las cintas estuvieran disponibles en su portal.

Al final no hubo acuerdo, y al comité organizador del Festival de Cannes no le quedó más que ceder a lo establecido en la legislación francesa y emitir el comunicado a raja tabla.

En contraste con el escueto comunicado del comité, el presidente del jurado, Pedro Almodóvar, no ha tenido la misma diplomacia y ha ido más allá en sus declaraciones al respecto de la polémica con Netflix: «Me parece una enorme paradoja premiar un filme que no pueda verse en una sala», dijo.

Ese es en realidad el trasfondo del conflicto: el statu quo del cine contra Netflix.

Dustin Hoffman (izquierda) y Noah Baumbach (derecha) en «The Meyerowitz Stories: New and Selected». Foto: Mediateca Cannes Film Festival.

 

Netflix y el cine independiente

 

 «Me gustó trabajar con Netflix y que me apoyaran, pues es un filme de presupuesto importante. Además, tuve completa libertad tanto en el rodaje como en el montaje»
Bong Joon-ho

 

Sorprenden las declaraciones de Pedro Almodóvar, que en sus inicios como realizador conoció de primera mano las dificultades para obtener financiamiento, distribución y exhibición para sus películas.

Ahora, por supuesto, Almodóvar ya es parte del statu quo del cine de «élite» y sus declaraciones se entienden como una defensa de dicho establishment.

Y en ese statu quo no sólo están productores, distribuidores y exhibidores de cine. También están los festivales.

Todos ellos le han fallado al cine de autor, al cine independiente.

Hollywood se rinde al culto del dios franquicia, hasta el grado de sabotear sus propias cintas que optan por reconocimientos en la temporada de premios. Poco a poco los grandes estudios cierran sus divisiones que realizaban o apoyaban cine de autor o independiente.

Los distribuidores no quieren correr los riesgos que implica comprar los derechos de una película de contenido para luego exhibirla en cines y que compita contra la andanada de cine comercial. Otros compran los derechos pero no saben cómo crearle una buena promoción, focalizada en la audiencia adecuada a la película.

Los exhibidores han cerrado las salas de arte. La exhibición de cine independiente se centraliza en las escasas salas que las cadenas comerciales relegan a estas cintas. La mayoría de este cine se exhibe de manera limitada en cinetecas o salas de instituciones culturales o educativas.

Ni siquiera el objetivo principal de los festivales de cine se cumple ya. Más allá del glamur y la frivolidad de las alfombras rojas, los festivales servían como puntos de convergencia entre productores y distribuidores para propiciar el estreno de las películas en salas. Hoy día ganar la Palma de Oro de Cannes no asegura la distribución ni el estreno mundial de la cinta.

El cineasta Cary Joji Fukunaga en el set de «Sin nombre» (2009), su primer largometraje. Foto: Eniac Martinez.

Eso lo tienen muy presente los nuevos realizadores de cine independiente —Bong Joon-ho, director de Okja, y Noah Baumbach, director de The Meyerowitz Stories: New and Selected, entre otros—.

Desde que Netflix compró los derechos de distribución de Beasts of No Nation (Cary Fukunaga, 2015) en el Festival de Venecia, la empresa y los realizadores independientes encontraron una forma de hacer negocio en donde ambas partes ganaban, en apariencia.

La historia de Fukunaga y su cinta es el típico drama del realizador independiente en ascenso que no encuentra apoyo para su segundo filme.

Fukunaga había sido premiado en el Festival de Sundance por un cortometraje que había realizado en su etapa universitaria. Posteriormente, el mismo festival lo premió por su primer largometraje. Pero los blasones obtenidos en el principal festival de cine independiente norteamericano no fueron suficientes para que los grandes estudios pusieran sus miras en él.

Fukunaga tuvo entonces que hacer televisión. El éxito de la miniserie True Detective salvó la carrera, finanzas y esperanzas del director en filmar su guión sobre un niño convertido en guerrillero dentro de un país africano en guerra civil.

Beasts of No Nation fue financiada por el propio Fukunaga junto con otros inversionistas privados. Terminada la cinta, Fukunaga se la mostró a un par de estudios hollywoodenses. La respuesta fue contundente: el tema era demasiado controvertido como para que los estudios se atrevieran a distribuirla.

Es entonces cuando Netflix le ofreció a Fukunaga 12 millones de dólares por los derechos de la cinta, estreno en el Festival de Venecia del 2015 y disponibilidad mundial del largometraje, en su portal, un día después.

En una entrevista, Cary Fukunaga reconoció el dilema que representó el acuerdo con Netflix. Las condiciones ventajosas que le ofrecía la empresa implicaban sacrificar la exhibición de su cinta en pantalla grande, en salas de cine. Fukunaga no resolvió solo ese dilema. El statu quo del cine ya le había cerrado las puertas a su película. En cierto sentido el director no tuvo otra opción y la alternativa que le presentó Netflix era muy buena.

El 16 de octubre del 2015 Beasts of No Nation fue estrenada en el Festival de Venecia. Al día siguiente se pudo ver en el portal de la empresa. El certamen le concedió dos premios a la cinta. La buena acogida de la crítica que vio la cinta en el portal hizo que Netflix arreglara un estreno en cines de Los Ángeles para cumplir las reglas y estar en condiciones de ser inscrita en los Premios Oscar.

Netflix había debutado como productor en los festivales de cine con el pie derecho.

Una parte de los realizadores de cine independiente vieron en Netflix la tabla de salvación ante el rechazo del statu quo.

El director Bong Joon-ho. Foto: Mediateca Festival de Cannes.

Ahora Netflix está en el Festival de Cannes con dos películas compitiendo por la Palma de Oro.

El día de la presentación de Okja en el Festival de Cannes el abucheo de la sala fue generalizado en el momento que el logotipo de Netflix se mostró en pantalla. Era un repudio total del gremio de cine presente a las políticas de la empresa.

Pero para el director Bong Joon-ho el dilema de las políticas de Netflix ya estaba resuelto: «Me gustó trabajar con Netflix y que me apoyaran, pues es un filme de presupuesto importante. Además, tuve completa libertad tanto en el rodaje como en el montaje».

El abucheo inicial pasó a ser cosa menor tras la buena recepción de la cinta.

Okja quizá no vaya a ganar ningún premio en Cannes —a pesar de que Pedro Almodóvar tuvo que matizar sus comentarios iniciales sobre premiar cintas que no estrenen en cines—. Pero consiguió su objetivo: usar los reflectores del festival para promocionar el estreno en el portal de Netflix.

 

Impulsores del cine de autor: American Zoetrope, Miramax y ¿Netflix?

 

«Hay centenares de películas en Cannes que la gente no verá en salas»
Tilda Swinton

 

Es muy probable que las primeras ganadoras del Festival de Cannes 2017 hayan sido Okja y The Meyerowitz Stories: New and Selected. Ambas han tenido buenos comentarios de la crítica y los reflectores del festival más importante de cine. Todo ello le servirá a Netflix como promoción previo al estreno de las cintas en su portal.

Netflix está siguiendo los pasos que otras productoras de cine de autor dieron en su momento. Destaco dos ejemplos de ello: American Zoetrope y Miramax.

American Zoetrope fue fundada en diciembre de 1969 por los amigos Francis Ford Coppola y George Lucas. Coppola ya era un elemento destacado dentro de la industria hollywoodense con varios premios en su haber. Lucas había ganado una beca para estudiar cine gracias a su cortometraje Electronic Labyrinth THX 1138 4EB (1967), pero no había debutado en cines.

American Zoetrope había sido creada inicialmente para exhibir cine oriental y europeo en Estados Unidos, el cual tenía dificultades para encontrar distribución. Tras capitalizarse, la empresa comenzó a apoyar financieramente a varios realizadores de cine de autor, entre ellos Akira Kurosawa, Win Wenders, Barbet Schroeder y Jean Luc- Godard. Amerian Zoetrope se estrenó como productora con el primer largometraje de George Lucas, precisamente THX 1138 (1971).

Miramax, de Harvey y Bob Weinstein, tuvo una historia similar que comenzó en 1979. Los Weinstein comenzaron financiando proyectos de cine independiente y comprando derechos de distribución de cine de autor en festivales. La buena selección de cintas los hizo una empresa exitosa. La fama mundial le vino cuando tuvieron la visión de apoyar directores ascendentes que se volverían importantes en la industria. El boom del cine independiente de los años 90 no se entendería sin la presencia de Miramax. La trayectoria de Quentin Tarantino, Steven Soderbergh, Terrence Malick, Giusseppe Tornatore, entre otros, no habría sido la misma sin el apoyo de Miramax.

Mayo 10, 1979. American Zoetrope se estrena como productora en el Festival de Cannes con Apocalypse Now (Francis Ford Coppola).  La cinta gana la Palma de Oro. Tres meses después tiene un estreno reducido en Estados Unidos, el cual luego se amplía. Cuando la cinta es nominada a seis Premios Oscar ya tenía un culto cinéfilo en formación.

Mayo 2, 1994. Miramax se estrena como productora en el Festival de Cannes con Pulp Fiction (Quentin Tarantino). La cinta gana la Palma de Oro. Seis meses después, tras varias exhibiciones particulares, tuvo un estreno nacional en Estados Unidos y fue una sensación. Llegó a la ceremonia del Oscar del año siguiente con siete nominaciones y la consolidación de un culto cinéfilo para su director.

American Zoetrope y Miramax habían sido creadas para realizar un mecenazgo al cine independiente y de autor. Su éxito comercial se basa en cubrir la necesidad de un mercado cinéfilo ávido de cine no comercial. Pero aún con toda la visión que se les pudiera atribuir, ambas jugaron siguiendo las reglas del statu quo. Produjeron y distribuyeron por sí mismos, pero dentro de las reglas establecidas; estrenaron en salas de cadenas de exhibición ya establecidas; posteriormente, explotaron la opción del cine en casa con el formato físico de las empresas establecidas para ello.

Netflix parece estar retomando ese mecenazgo sobre el cine independiente y de autor, pero su concepto de negocio rompe en mucho las reglas y las cadenas establecidas de la industria cinematográfica. En ese sentido, la empresa está siendo un catalizador del cambio que está sucediendo en el statu quo del cine.

Mayo 19, 2017. Netflix se estrena como productora en el Festival de Cannes con el estreno de Okja.

«Still» de «Okja». Foto: Mediateca del Festival de Cannes.

En la rueda de prensa previa ha habido muchas preguntas al director y actores protagónicos sobre lo dicho por el presidente del jurado, Pedro Almodóvar. Tilda Swinton puso el dedo en la llaga con una declaración: «hay centenares de películas en Cannes que la gente no verá en salas».

Netflix pone el dinero, la distribución y el canal de exhibición. Parece la solución perfecta. En apariencia todos salen ganando. Pero no siempre es así. Aunque la firma está zanjando muchos dilemas de la problemática del cine indie y de autor, la propia empresa tiene aún dilemas propios por resolver.

Entre el estreno de Beasts of No Nation, hace dos años, y el próximo estreno de Okja, en junio, la empresa ha comprado varias buenas películas en otros festivales y las ha puesto a disposición de sus suscriptores. 

¿Conoce usted estas películas? ¿Sabe cómo buscarlas en el portal? ¿Qué tan exitosas han sido? ¿Han logrado crear culto?

Apocalypse Now y Pulp Fiction estrenaron en cines convencionales y en su momento compitieron en taquilla contra decenas de cintas. Las dinámica del statu quo les permitió incubar un culto cinéfilo hacia ellas.

Hoy pocos recuerdan Beasts of No Nation.

¿Contra cuántas películas competirá Okja por la audiencia de Netflix?

El dilema de Netflix es el mismo que ocurre en las grandes bibliotecas del mundo. A pesar de contar con un gran y actualizado acervo, el grueso de los lectores sigue prefiriendo lo conocido, lo clásico, lo comercial. Las nuevas buenas historias ahí están en el catálogo, en su estante, teniendo pocas posibilidades de convertirse en un nuevo clásico.

Netflix no está acabando con las salas de cine. El concepto de cine en casa comenzó mucho antes y fueron los propios estudios hollywoodenses quienes lo popularizaron vía el formato VHS. Netflix lo único que hizo es despojar a las películas del formato físico y poner un catálogo en la web.

Netflix no está evadiendo la dinámica de la industria y su regulación. Está evidenciando que todo ello ya es obsoleto en un mundo globalizado y de admiración viral y fugaz.

Netflix no está peleando contra el statu quo del cine mundial. Ese statu quo es el que está peleado con evolucionar la forma de vender y hacer cine para que éste llegue de forma más rápida y fácil a más público.

Netflix no es la salvación del cine independiente o de autor. Aún tiene que resolver cómo congregar en su portal a la audiencia del cine no comercial y darle la promoción que merece para que no sea olvidado dentro de su amplio catálogo. Pero, sobre todo, ¿cómo gestará los nuevos clásicos de culto cinematográfico dentro del video on demand?


Oscar Chavira. Ingeniero Químico, lector y cinéfilo.


 

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