Aaron Swartz, el chico (político) de internet

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Adrián Carrera Ahumada
@acarrahu

El animal político creó internet. Los canales de comunicación se ampliaron, se diversificaron, se modificaron y, entonces, nació una nueva época. Aaron Swartz creció en ella. Murió en ella. Se convirtió en un héroe.

The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz —o El chico de internet: la historia de Aaron Swartz— es un documental del 2014 escrito y dirigido por Brian Knappenberguer. Usando una narrativa ágil y segmentos contados con solvencia, el filme presenta algunos de los momentos clave en la vida de Swartz, desde su temprana incursión en el mundo de los programadores informáticos hasta el activismo y el giro político que dio en sus últimos años. Con esta pieza, el cineasta dio continuidad a su interés por los hackers, que había dejado patente en We Are Legion: The Story of the Hacktivists (2012), donde trata el caso de Anonymous.

El documentalista Brian Knappenberguer.

El documentalista Brian Knappenberguer.

La atinada realización del filme le valió a Knappenbenguer ser nominado en la edición pasada de los Premios Óscar en la categoría de documental. Sin embargo, la estatuilla fue para Citizenfour (Laura Pitras, 2015), que aborda el caso de otro rebelde de internet: Edward Snowden, quien es admirado por muchos y repudiado por otros más. Tanto Swartz como Snowden —célebre por filtrar documentos que evidenciaban el espionaje masivo por parte del gobierno estadounidense— forman parte de una camada de personajes surgidos en un contexto de hiperconectividad y múltiples narrativas, elementos que les fueron de utilidad para hacer lo que hicieron y ser lo que ahora son.

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Existe una tendencia contemporánea en la ficción audiovisual mainstream que apunta hacia el desvanecimiento de la figura del héroe y la emergencia, triunfante, del antihéroe, una figura que no se apega a la moral dominante y no está ahí para salvar a nadie, ni a sí mismo. Tenemos, por ejemplo, los casos de Tyler Durden en Fight Club (cinta abordada en este blog) y Walther White, de Breaking Bad. La ficción es donde nos atrevemos a mirar(nos) sin que nos asuste ver a un monstruo. Quizá, precisamente por eso, sea el mejor espejo para la naturaleza humana. Caso contrario es el de la narrativa de no-ficción, donde pareciera que aún prevalece el afán por construír figuras intachables, referentes morales, héroes, mitos.

Los mitos se construyen con base en la repetición, a través del tiempo, de una serie de historias, de características. Antes era solo mediante la oralidad; ahora tenemos, además, al multimedia y a la red para circular y transformar los mensajes: internet es el lienzo de las narrativas contemporáneas.

La no-ficción pretende reflejar con cierta fidelidad a lo real, pero no por ello deja de crear personajes. Desde la historia hasta el periodismo —esa, muchas veces, atropellada narración del presente—, pasando por los documentales, la producción de héroes «reales» pareciera ser inherente a la sociedad. José Mujica y el Papa Francisco, por citar un par de ejemplos, son personas antes que personajes, pero los medios de comunicación masiva recortan su complejidad y se valen de unos cuantos aspectos para pintar su versión, ya sea en prensa escrita, videorreportajes, caricaturas y documentales —la narrativa del mito es transmedia.

Plantear una mirada sobre un suceso, personaje o fenómeno determinado es válido y hasta recomendable para hacer un documental. Toda narración implica un recorte y una mirada. Ya nos decía la documentalista Caro Platt que, sin mirada propia, un documental es aséptico, estéril, como de Discovery Channel. Para capturar la «realidad» están las cámaras de seguridad, los circuitos cerrados; para narrarla están los documentales.

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Con bellas tomas de paisajes urbanos y una excelente selección de entrevistados —periodistas especializados, familia, parejas, compañeros de proyectos—, The Internet’s Own Boy… se posiciona sutilmente y construye a un Swartz entrañable.

En un punto del documental, Quinn Norton —periodista y exnovia de Aaron— relata que tuvo que revisar la fecha de muerte de Swartz en su entrada de Wikipedia y entonces, solo entonces, aceptó que había sucedido. La fecha final en una página de Wikipedia cumpliendo la función de ataúd y funeral. Cuando alguien usa un moño negro como foto de perfil en su Facebook, no tardan en aparecer las preguntas de los más despitados y las condolencias del resto en el área de comentarios. Vivimos la era de los funerales virtuales y el luto 2.0.

Pero seguimos siendo, fundamentalmente, cuerpo. Piel, huesos, entrañas. Pensamos y sentimos con el cuerpo que, siguiendo una analogía informática, es nuestro hardware. El cuerpo es la unidad física mediante la cual estamos en el mundo. El software son las ideas. Un hardware, por más potencial que guarde, requiere del software adecuado para explotar sus capacidades. Por eso la información, y las ideas que transporta, es tan importante. Swartz entendió eso. Fue un hacker de sí mismo (hackear algo es reconfigurarlo, reinventarlo, quizá una forma de deconstrucción). Pasó de ser un niño programador que diseñó una protowikipedia en su casa a alguien cuyo talento lo llevó Stanford y luego a Hardvard. Le dio la espalda a su «destino» cuando abandonó su trabajo en una prometedora empresa. Ahí es cuando quedó patente que Swartz no solo era un genio de la programación, sino que era capaz de cuestionar las reglas, los códigos de los sistemas a los que iba accediendo. Cuestionó el sistema educativo, el laboral-empresarial y, finalmente, el de las bases de datos.

Aaron Swartz y Richard Stallman —pionero del software libre— en 2006. Foto: Jacob Rus.

Aaron Swartz (izquierda) y Richard Stallman (derecha) —pionero del software libre— en 2006. Foto: Jacob Rus.

«La información es poder. Pero como con todo poder, hay quienes lo quieren mantener para sí mismos», dicen las primeras lineas del manifiesto de la guerrila del acceso abierto, atribuído a Swartz. A diferencia de otros personajes relacionados al mundo de la informática, como Mark Zuckerberg, Bill Gates o Steve Jobs, Aaron parecía regirse por la constante búsqueda de la justicia y no del bien propio o de una compañía. Pieza central en la campaña que detuvo la ley SOPA, colaborador en la creación de las licencias Creative Commons y partícipe en un esfuerzo colectivo para liberar documentos legales «públicos», Swartz fue consecuente con su pensamiento político.

En el citado manifiesto se lee: «No hay justicia alguna en obedecer leyes injustas. Es tiempo de salir a la luz y en la gran tradición de la desobediencia civil, declarar nuestra oposición a este robo privado de la cultura pública». Con firmes convicciones políticas, el genio de Chicago representó una molestia para algunos poderosos. Su mayor pesadilla fue, precisamente, un fiscal: Stephen Heyman, quien se ensañó con el joven hacker hasta que logró que pesara sobre éste una condena de décadas de cárcel por haber descargado una gran cantidad de artículos científicos. Swartz murió en enero de 2013.

El documental de Knappenberguer presenta la muerte de Swartz alineada a la versión mayoritaria de los medios de comunicacicón, que reportaron su deceso como un suicidio. Aunque no la da por buena explícitamente, la obra de Knappenbenguer apunta a una posible depresión y agotamiento psicológico de Swartz como causas del suicidio. ¿De verdad se quitó la vida Aaron Swartz?, ¿valdría la pena hacer este cuestionamiento en un documental biográfico? The Internet’s Own Boy no se detiene mucho en ello y prefiere abonar a la figura de Swartz, al personaje.

El animal político creó internet, que trajo consigo nuevos formatos, nuevas posbilidades y nuevos mitos. Swartz no usaba una capa roja, pero escribió un manifiesto; no se pegaba en las paredes ni lanzaba telarañas, pero sabía programar y era crítico. La historia del chico de internet es la historia de cómo un niño prodigio se convirtió en un héroe contemporáneo.

The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz está disponible en Internet Archive (clic aquí) y en You Tube (clic acá).


The Internet’s Own Boy: The Story of Aaron Swartz | El chico de internet: la historia de Aaron Swartz [título en español]
2014 | Duración | 105 minutos | Estados Unidos
Dirección: Brian Knappenbenguer | Guión: Brian Knappenbenguer
Productor: Brian Knappenbenguer | Casa productora: FilmBuff y Participant Media
Reparto: Aaron Sawrtz, Tim Berners-Lee, Cindy Cohn…
Fotografía: Lincoln Else, Brian Knappenbenguer y Scott Sinkler |Música: John Dragonetti
Edición: Jason Decker, Brian Knappenbenguer, Andy Robertson, Bryan Storkel y Michelle M. Witten


 

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