La deliciosa sencillez de «Club Sandwich»

club sandwich

Paulina Reynaga
@poli_semia

Club Sandwich es una película que nos muestra a Héctor (Lucio Giménez Cacho) y a su madre, Paloma (María Renée Prudencio), mientras pasan sus vacaciones en un desolado hotel. El equilibrio de su relación se ve amenazado con la llegada de Jazmín (Danae Reynaud): oportuna para Héctor, incómoda para Paloma. A medida que aumenta la atracción entre Héctor y Jazmín, Paloma tendrá que aceptar que no es a su hijo, sino a ella a quien le ha llegado el momento de crecer.

La cinta es del director mexicano Fernando Eimbcke, reconocido por sus largometrajes Temporada de Patos (2004) y Lake Tahoe (2008). A finales de 2013, en el marco del Festival Internacional de Cine de Morelia, Eimbcke entabló una charla con varios cineastas que promovían cintas mexicanas ese año, entre los cuales se encontraban Gary Alazraki, Rita Basulto, Eugenio Derbez, Michel Franco y José Luis Valle. Uno de los temas que debatieron fue una cualidad dicotómica del cine mexicano contemporáneo. Pareciera que todas las películas que se han producido en los últimos años o se festivalean o se exhiben en las grandes pantallas de las franquicias de cine. La distinción no se queda en los modelos de difusión y distribución, sino que los contenidos de una y otra alternativa tienden a percibirse como diametralmente opuestos en el imaginario colectivo. Uno es cine de arte, cultivado, casi- elitista, no siempre lo entendemos pero casi siempre arrasa con los premios europeos. El otro es comercial, efectista, accesible y se ve con palomitas, de preferencia en domingo.

En lugar de seguir adscribiéndonos a estas categorías tan desesperanzadoras, algunos de los directores enfatizaron la urgencia de olvidar estas etiquetas y cambiarlas por unas nuevas: cine bueno y cine malo. Esta idea invita a adentrarnos en el cine mexicano contemporáneo con mayor justicia, puesto que ya no puede generalizare como en otros momentos de su historia. Ni es la época de oro, ni es la decadencia previa la instauración de la Ley Federal de Cinematografía, y los contextos de su producción  ya no son un factor que uniforme la calidad de las cintas.

Hoy el cine mexicano lo protagoniza una nueva generación de directores, directoras y guionistas que son como los hijos de una gran familia que tras pasar por su adolescencia han madurado y encontrado sus propias formas de ver el mundo. Aún cuando las voces con las que lo cuentan sean todas distintas y poco o nada dialoguen con aquellas que les antecedieron, conviene escuchar lo que tienen que decir.

Una de ellas es la de Eimbcke, quien además ha logrado que el minimalismo y una forma fresca de contar lo cotidiano caractericen sus largometrajes. El estilo del director se perfila para cine de autor, mientras que no deja de lado temas de todos los días como la adolescencia, la atracción humana, el aislamiento y hasta el hastío. En Club Sandwich son los detalles más discretos los que nos revelan la profundidad de los acontecimientos que se están desarrollando. Son tan sutiles pero tan íntimas las atenciones entre Paloma y Héctor y sus conversaciones gozan de tal franqueza, que no es hasta que pasan varios minutos que descubrimos que efectivamente son madre e hijo –pese a que por momentos parecieran hermanos, amigos de toda la vida-.

Eimbcke nos cuenta la historia con cámara fija y sin música ni sonidos ajenos al ambiente en el que ésta se desarrolla –excepto por las canciones que acompañan los créditos de principio y fin-. Con ello logra una atmósfera hiperrealista en la cual casi, casi, somos intrusos en la vida de los personajes y justamente por eso es que se gesta una fuerte empatía con los tres. Porque sabemos que lo que vemos es algo que pasa, o que podría pasar. Porque no necesitamos obligarnos a creer que lo que está ocurriendo podría ser, sino que tenemos la certeza de que son asuntos que se viven a diario.

Los encuadres, que a simple vista parecen sencillos, son un recurso metafórico que con insistencia nos recuerda los ingredientes del sándwich. De extremo a extremo Paloma y Jazmín, y a apretujado entre ambas encontramos a Héctor. Aunque no se manifiesta gran experimentación en su configuración, la pulcritud de la composición fotográfica no sólo se va concretando como la huella personal del director sino que también es una muestra de la forma operando en función del fondo. Aunque para algunos podría ser un recurso de cierta pretensión, el resultado en esta cinta es más bien templado.

Los encuentros entre los jóvenes y los obstáculos con los que Paloma busca limitarlos son representados con naturalidad, la cual más allá de ser un acierto en términos narrativos es también una manera casi revolucionaria de demoler varios estereotipos que abundan en y sobre el cine mexicano. En Club Sandwich la sexualidad es algo intrínseco de la vida y su ejercicio no es un suceso escandaloso, sino una forma de descubrirse y descubrir. Además, encontramos que las distinciones de clase no son la única manera de introducir conflictos románticos, que hay más de una definición de lo que constituye una familia y que el fin de una relación no tiene que ir sellado con sangre.

Es en el uso de los detalles casi insignificantes de la vida cotidiana como vía para conocer las grandes transformaciones de cada personaje que Club Sandwich logra destacarse entre la oferta histórica y contemporánea de cine nacional. En su humildad, reside su importancia.

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Club Sandwich
2013| 82 minutos| Idioma original: Español | País: México, Francia
Dirección: Fernando Eimbcke | Guión: Fernando Eimbcke
Productor: Jaime Bernardo Ramos y Christian Valdelièvre | Casa productora: CinePantera
Reparto: María Renée Prudencio, Lucio Giménez Cacho, Danae Reynaud
Fotografía: María Secco | Supervisor de música: Camilo Lara | Edición: Mariana Rodríguez


 

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