Buscando el amor en año bisiesto

Jardiel Legaspi Gutiérrez

¿En qué punto una persona puede dejar de sentir? O quizás, lo mejor sería preguntar qué es eso que se quiere sentir y de qué manera. El conocimiento del cuerpo y su conexión con la mente y los deseos más primitivos, esos que nunca se esfuman y llevan a tomar decisiones a veces arriesgadas, no es fácil de lograr. Tener mucho tiempo sólo para uno mismo puede convertirse en el peor de los aprendizajes, el más doloroso, pero también, el que más satisfacciones deja.

Llevar las sensaciones -y el cuerpo- al extremo es una cosa, eso se decide, se desea, se trabaja y, si hay suerte, se logra alcanzar un estadio de éxtasis. Pero el verdadero motor de todo esto es el anhelo de algo más, de un sentimiento que no deja de ser agradable y corrosivo para el humano.

La vida de Laura López (Mónica del Carmen) no tiene nada de excepcional. De hecho, es tan aburrida que resulta fastidiosa hasta para ella misma. Alejada de su familia en Oaxaca, Laura trabaja desde su apartamento como reportera de una revista en la Ciudad de México. La comunicación con su madre y su hermano Raúl la hace a través de llamadas telefónicas, que revelan no sólo sus problemas personales, sino también la angustia que siente al no estar con ellos y la desesperación por no poder de decidir sobre asuntos importantes.

Estas llamadas funcionan para que el espectador conozca la verdadera frustración y personalidad de nuestra protagonista; de esta manera podemos conocer sus mentiras, deseos e ilusiones. Además, aunque nunca vemos a su madre y su hermano apenas aparece en algunas escenas, ambos se convierten en personajes importantes; son (casi) los únicos con los que Laura puede hablar libremente y son, también, quienes desatan en ella reacciones y abren  el camino hacia su verdadera personalidad.

Mientras los días de febrero pasan, cada uno tachado a la vez en su calendario, Laura continúa mirando por la ventana a sus vecinos (y deseando algo como lo que ellos tienen), al tiempo que se masturba; pierde su trabajo y sale de noche en busca de hombres con los cuales romper la monotonía de la soledad. Uno de ellos, Arturo (interpretado por Gustavo Sánchez Parra), y a diferencia de los otros, se convierte en un asiduo visitante que no sólo mantiene relaciones sexuales con Laura, sino que la lleva a explorar su cuerpo de maneras que antes eran impensables para ella.

Fotograma "Año bisiesto"

Fotograma “Año bisiesto”

La relación entre ambos se va volviendo más personal y complicada. Las caricias y golpes se intercalan hacia ella de un momento a otro, llegando a un punto en el que el éxtasis, de los dos, es posible mediante la sumisión y el control.

Ahora, las llamadas son reemplazadas por las charlas posteriores a los actos sexuales. Mientras Arturo increpa a Laura sobre vida, ella, con dificultad, comienza a abrirse más y contar sus más íntimos deseos, aunque sigue reticente a hablar acerca de temas más personales, a pesar de la insistencia de Arturo.

Ambos llegan al extremo de la excitación carnal y psicológica. Ambos están a punto de lograr su máxima fantasía. Pero el calendario sigue marcando un día nuevo.

El cuerpo no sólo se posiciona como el recipiente del deseo, es, además, el vehículo que deja que Laura comprenda sus sentimientos, sus pasiones, y que también revele sus deseos más profundos y oscuros. Mediante la carne podemos encontrar a una mujer que sueña con la maternidad, que tiene ilusiones y miedos tan escondidos que sólo a través de la experimentación, el dolor, sufrimiento y placer pudo reconocer.

A primera vista, pareciera que no sucede nada, y es cierto que la película resultará tediosa para más de uno; sin embargo, es importante poner atención a detalles que, aunque parecen irrelevantes, van desarrollándose poco a poco y permiten conocer más detalles de la protagonista.

La imagen es oscura y en muchas ocasiones la visión que tenemos es a contraluz, lo cual mantiene la penumbra de la película. Este recurso, más que un error de selección de planos, adquiere la característica de mostrar sólo lo que es necesario y contornear a los diferentes personajes –secundarios- que aparecen, mientras que en otras escenas el enfoque está en Laura, nuestra heroína decadente, en su rostro y su cuerpo desnudo.

Con un ritmo pausado, que no lento, el desarrollo de la historia se da de manera casi natural. No hay prisa por dejar ver las intenciones de Arturo ni de Laura, como tampoco la hay por tomar sus decisiones finales.

En el fondo, la cinta deja ver a una persona que no sólo desea sino que anhela un amor que nunca llegará, pero esto no es obstáculo para dejar de lado el sentir y el gozo de la carne, a pesar de que esta sea la única forma en la cual se puede acercar a eso que tanto desea. La producción deja también en claro el poder que algunas personas llegan a tener mediante la dominación y la sumisión mental y física, en este caso a una mujer que, si bien sabe lo que quiere, no tiene idea de cómo conseguirlo.

La protagonista Laura, interpretada por Mónica del Carmen

Laura, interpretada por Mónica del Carmen

Los personajes son tan reales incluso desde su color de piel. Como el mismo director, de origen australiano, lo mencionó en una nota:

“Desde el principio quise que la protagonista retratara la belleza de la mujer mexicana. Algunas cintas nacionales muestran a actrices rubias y de ojos azules que no concuerdan con la estética de México y el encanto de sus mujeres. Quería que Laura tuviera la piel morena, el cabello negro, fuera de estatura media y con grandes caderas, una mujer envuelta en soledad y necesitada de cariño en medio de una gran cultura”[1].

La película muestra una realidad cercana, convencional y deja entrever también la migración que se da en nuestro país y la adaptación, no tan sencilla, que se presenta también en estos casos.

Es importante resaltar que no es película que todas las personas van a poder tolerar. Contiene escenas que pueden ser consideradas desagradables y fuertes en sus diálogos.

Es, en suma, una cinta en donde el amor y el deseo se encarnan y dejan al descubierto que el cuerpo, en ocasiones, es sólo el vehículo de las emociones más profundas que tiene el ser humano.

Tráiler:


Año bisiesto
2010 | 94 min | Español | México
Dirección: Michael Rowe | Guión: Lucía Carreras y Michael Rowe | Productor: Edher Campos, Luis Salinas y Rodrigo Bello | Casa productora: Machete Producciones, Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) | Reparto: Mónica del Carmen, Gustavo Sánchez Parra, Armando Hernández | Fotografía: Juan Manuel Sepúlveda |Música: Karin Burnett e Immanuel Miranda |
Edición: Óscar Figueroa


Para ver la película en línea da click en el siguiente enlace.

[1]http://www.cultura.gob.mx/noticias/cine-y-artes-audiovisuales/4518-la-cinta-mexicana-&quot%3Bano-bisiesto&quot%3B-una-exploracion-por-el-masoquismo-y-la-necesidad-de-afecto-estara-en-cannes.html

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